Por Manuel Gómez S
Daniel nació en San Agustín, Huila. Allí, desde pequeño soñaba con ser fotógrafo. Por ello, siempre tenía su celular y luego su cámara, listos para captar momentos decisivos y hermosos. Era lo que siempre deseaba.
En la adolescencia sufrió una enfermedad que creyó incurable. Sin embargo, su fe inquebrantable le permitió salir adelante. Por eso, escribió:
Reencuentro
La luz del gigante proyector del día, de la vida,
se ha colado entre mis párpados;
su imponente resplandor se lleva entre su abrigo las amargas tinieblas
a las que al poeta del amor no despertaron su sentir;
a su vez me nutre de energía y a ojos del infinito,
de efímera vitalidad.
Parece ser un día normal, pero, aquello que denominan destino,
decidió por encima de lo comprensible que no será así;
un desaforado encuentro con quién creí fallecer
entre el olvido de mi selectivo juicio se avecina.
Los múltiples dolores físicos, morales e intelectuales
que en su yugo provocó a mi ser,
hacen de mi generoso espíritu altruista,
a causa suya, un don para consigo,
difícil de alcanzar;
aunque no es rencor precisamente lo que en mi habita,
porque… entendiendo que la realidad,
como seres con la capacidad de elegir aquella experimentamos,
¿Quién decide odiar?
Me limito a no averiguarlo,
pues entiendo que a esta pregunta pudieran surgir en variedad respuestas demoníacas no válidas para quien busca la luz.
De quién hablo no es un ser malicioso;
quién soy yo para juzgar, estando a su merced,
lo que el gran artesano me ha brindado.
Su transitar por mi vida provocó el desorden vivencial que como incauto de mis capacidades,
necesitaba para aprender a indagarme un poco más de lo establecido por el todo,
y sin elevar mis capacidades para irónicamente querer predecir el futuro,
como normalmente lo haría, con gran seguridad
y pasos a los que cualquier gigante podría envidiar,
me dirijo a nuestro encuentro.
Una silla, un café y un retrato de profundidad vertiginosa esperan por mi.
-Querido yo, es un placer encontrarnos de nuevo.
Y salió adelante. Logró vencer la enfermedad. Renació y con él los sueños volvieron a tejerse como siempre. Volvió a leer mucho más, a tomar fotografías, a editar vídeos, a ser Daniel.
Iba a los colegios cuando lo llamaban a tomar fotos en diferentes eventos. Sin embargo, él quería algo más. Ser el mejor. No había estudiado fotografía, era totalmente autodidacta. Se dedicó a leer mucho sobre fotografía y a ver tutoriales.
Una mañana, faltó una modelo para fotografías que le habían solicitado en una empresa. Tenía todo planeado y le falló a última hora. Daniel siempre le había pedido a Dios una señal para encontrar no solamente una modelo, sino su modelo. La persona que lo acompañara siempre.
Y apareció Johanna. También de San Agustín, Huila. Auxiliar de enfermería, pero deseosa de ser modelo. Ese mismo día, esa tarde, luego de la sesión de fotos, se entrecruzaron sus miradas y algo interior llevó a Daniel a besar a Johanna. Fue un beso sorpresivo, pero después, ella aceptó ese beso y muchos más, gracias ese magnetismo de Daniel. A esa energía increíble de un hombre que ella también había soñado.


Johanna también realiza más actividades. Aprendió mucho no solo en su casa sino, gracias a la vida. Es feliz, porque a su lado tiene un joven que cree en ella y sabe que ella es importante.
Iniciaron desde ese momento su vida juntos. Viajaron a Bogotá, donde permanecieron escasos seis meses, pues la situación no fue la mejor. Lo llamó el propietario de Villa Las Guacamayas, cerca de Jericó, Antioquia. Miraron, revisaron y se quedaron allí.
Actualmente, Daniel y Johanna disfrutan la Villa. Utilizo ese término, porque están felices haciendo su trabajo. Entusiasmo, cariño y amor han hecho que en el escaso tiempo que llevan allí sea nada comparado con lo que han realizado para que Villa las Guacamayas sea un lugar espectacular para los visitantes.
Cuidan el lugar como si fuese de ellos. Saben que Dios los acompaña y no los desampara, porque cada día les da más sorpresas. Son jóvenes con mucha energía, alegres, dinámicos, responsables, amables. Son jóvenes que buscan lo mejor cada día.
“Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”
Nietzsche


Espectacular historia. Divinos DANIEL y JOHANNA, condenados a disfrutar sus vidas hasta la eternidad. Unidos por el lazo más fuerte que existe, LA ESPIRITUALIDAD, de la mano de nuestro amado Padre Celestial todo es posible, si Dios está con ellos , quién contra ellos?, son invencibles. Que Dios los siga bendiciendo, protegiendo, prosperando y guiando por senderos de luz y les haga realidad los sueños de sus corazones. Mil abrazos y mil bendiciones…
Gracias por tu comentario y visita, Alicia.