Por Manuel Gómez S
Raúl Benoit fue un escritor y periodista colombiano-estadounidense. En su trayectoria profesional fue reportero de periódicos, radio y televisión y columnista de diarios de habla hispana del mundo y conferencista sobre temas de libertad de prensa, seguridad y narcotráfico.
Nació el 12 de agosto de 1960, en Cali y falleció el 30 de enero de 2026, en Miami.
Su hija, Carolina Benoit Lalinde dijo: “Nuestro padre fue un periodista extraordinario. Su mayor orgullo y su alegría más profunda fueron su trabajo como corresponsal de guerra. Cuando la vida le arrebató esa vocación, le resultó difícil encontrar un propósito más allá de ella”
Recuerdo que hace unos años, el 27 de febrero de 2001, hubo un accidente en Cali. El periodista Raúl Benoit y un policía fueron los accidentados. Sin embargo, el periodista aseguró que se trataba de un atentado en su contra.
“La primera interpretación de los hechos salió de la boca del propio periodista, quien, frente a las cámaras de televisión, aseguró sin ninguna duda, que el policía lo había mirado fijamente, mientras le apuntaba con el cañón de su pistola. «Vio el arma del agresor y casi por instinto se tiró al piso» (EL TIEMPO).
Unas horas después del incidente, el policía concedió sus primeras declaraciones desde su lecho de enfermo. Había sido baleado por los escoltas de Benoit y se declaraba inocente frente al país. Con voz entrecortada por las heridas, un lápiz en la mano y una hoja cuadriculada, el policía explicó todo lo sucedido. Se trataba – en su opinión – de un desafortunado accidente, pero nunca de un atentado criminal.”
Seguí la noticia durante varios días. Y decidí escribir a El Tiempo. Recuerdo que mi corta nota apareció en Cartas del lector y decía:
Era más fácil creerle al periodista. Había sido amenazado y, según lo escuchado o leído, ya habían atentado dos veces contra su vida. Había qué protegerlo. Así fuese el periodista que destaca siempre los informes más desastrosos sobre Colombia.
Pero a lo dicho por el policía no había que darle crédito alguno. Era un simple policía. Así fuese en una moto con muy poco cilindraje, era el sicario señalado por los escoltas y el periodista. Era un desconocido, aun para la alta jerarquía de la Policía Nacional. Ni sus superiores creyeron en él. Era uno más entre el grupo de policías que hay en Colombia. Así de sencillo. Pero el detalle más importante era que había que abrir una investigación.
Después de hechos todos los análisis y las investigaciones y de haber comprobado las diversas suposiciones, se concluye que no fue un intento de asesinato, sino un accidente. Un extraño accidente para el periodista y un triste y dramático suceso para el policía.
¿Hasta cuándo tendremos las famosas “chivas” y seguiremos creyendo en los mismos errores? ¿Por qué el protagonismo? Eso es lo que están aprendiendo los futuros periodistas de este país.
El daño ya está hecho. ¡Qué tristeza y qué vergüenza! Así pasa en muchas partes. Ya nos acostumbramos a juzgar sin escuchar a los demás.
Germán Rey de El Tiempo, en aquella época, destacó: “No tardaron en llegar las cartas de los lectores. En una de ellas, un profesor de la Universidad del Quindío calificó el caso, como una combinación de tristeza y de vergüenza. De tristeza, porque inicialmente, nadie le creyó al policía y en cambio le dieron la razón al periodista. Y de vergüenza, porque nos acostumbramos a juzgar sin escuchar a los demás……. hasta cuando tendremos las famosas chivas y seguiremos cayendo en los mismos errores? ¿Porqué el protagonismo? Eso es lo que están aprendiendo los futuros periodistas del país.”
“Además de un hombre inocente que fue abaleado y señalado injustamente, pierde el periodismo. Porque se aumentan las dudas de la gente sobre un oficio necesario y se resquebraja el patrimonio que sostiene a la información: la confianza”.
Aunque este hecho sucedió hace ya muchos años, vale la pena traerlo de vuelta, porque somos un país sin memoria y olvidamos momentos que han sido importantes.
Las de esa bella profesión del PERIODISMO, ha caido su prestigio a los lugares más bajos, ya nadie les cree porque se especializaron en venderse al mejor postor, la famosa frase «Sin confirmar, no lo decimos» es desueta, ya no se usa. Por eso el boom de otros medios que han ido ganandole espacio a las grandes cadenas, mentirosas.. propiedad de los mismos defraudadores del Estado Colombiano… qué tristeza se profesión…
Gracias por su visita y comentario, doña Alicia.