Veee ¿y esta cosa qué hace aqu�
Cuando me dijo asĂ, entendĂ que me habĂa reconocido. Mucho tiempo sin ver a mi amigo. HabĂa estado hospitalizado y aislado durante casi tres meses. Ahora, está en una casa donde lo atienden, lo miman y le llevan la corriente.
A sus tres hijos los admiro, aunque no lo crean. El mayor, tiene la misma profesión del papá y es exitoso como él. El otro, también siguió la misma carrera, es muy bueno no solamente en ella, sino en que es capaz de desbaratar, organizar, quitar, poner, inventar, desenredar.. Y la pequeña terremoto a quien siempre quise colgar cada vez que pasaba por mi lado, empezó a estudiar lo mismo, pero prefirió irse y ahora, tiene otra profesión. Ya no quiero colgarla, porque ha demostrado que es una gran mujer. Lo que hizo, cuando su papá enfermó gravemente, fue un regalo que Dios le hizo a su padre.
Para ir a visitar a mi amigo, la condiciĂłn fue siempre que luego de saludar, descansar un poco, lo primero que harĂa, serĂa ir a verlo. Al llegar donde tenĂa que ir, me recibieron con abrazos, almorcĂ© y luego descansĂ© un poco. Luego, me dieron algunas indicaciones al respecto y me pidieron que estuviese atento, porque me podrĂa gritar, desconocer y de pronto,  salĂ hacia donde mi amigo. Me dieron la direcciĂłn, pero casi perdido, le preguntĂ© a un celador por la direcciĂłn y me enviĂł a otro sitio.
AllĂ, me abrieron con mucha afabilidad y me ofrecieron cafĂ©. El señor de la recepciĂłn me pidiĂł mis datos, pero, antes de decirle algo al respecto, le preguntĂ© que si mi amigo estaba allĂ. Me pidiĂł el nombre y me dijo que el doctor no habĂa llegado.
Luego de casi quince minutos, el señor de la recepciĂłn me dijo que allĂ no estaba mi amigo, porque ese era un consultorio, pero que podĂa averiguar cuatro casas más adelante.
Preciso. AllĂ era. Vi cuando una enfermera lo estaba llevando en silla de ruedas. Me acerquĂ© un poco y le preguntĂ© a otra enfermera que si estaba mejor, que si podĂa hablar y que si me reconocerĂa. Ella me dijo que tranquilo.
Le toqué el hombro, me miró asombrado y me dijo:
–         Veeeee ÂżY esta cosa quĂ© hace aquĂ?
Cuando me dijo asĂ, entendĂ, inmediatamente, que me habĂa reconocido
–         Hola Manuel, quĂ© sorpresa. Cuándo vino, a quĂ© vino….
–Â Â Â Â Â Â Â Â Â Vine a visitarlo
–         Gracias hombre…y ÂżPaulita?
Se referĂa a Paula Andrea, mi hija. Eso me tocĂł el alma. Seguimos charlando un buen rato. Me hablĂł de todas sus operaciones, y me contĂł que habĂa venido la hija y que lo habĂa regañado mucho. Me hizo reĂr con todo lo que me contĂł. Sobre su hijo menor, el cajero, el que le guarda el dinero, me dijo que el no se habĂa imaginado que su hijo fura tan tacaño con Ă©l. Y mil cosas más.
–Â Â Â Â Â Â Â Â Â ÂżY la comida?
–Â Â Â Â Â Â Â Â Â ÂżComida? Me toca comprar jamĂłn y otras cositas, porque esto aquĂ es muy pobre.
Me despedĂ como quien no quiere irse, pero le prometĂ que volverĂa pronto. Y le voy a llevar jamĂłn….
Un amigo es un tesoro vivo. Un regalo que la vida nos hace y muchas veces no sabemos agradecer o, ni siquiera reconocer. La amistad se siente y se percibe más allá de la presencia fĂsica. Es una compañĂa silenciosa que se recuesta en el alma y duerme con uno.
Manuel GĂłmez | Imagen tomada de Pixabay
