Por Laureano Márquez
Desde el 3 de enero estoy como casi todos los venezolanos tratando de entender, en una extraña mezcla de alegría y depresión. Leo todo, veo todo y entrego mi vida al teléfono celular indagando, escuchando a periodistas serios, evaluando fakes y pensando mucho en los presos y su destino en esta dura hora. Ni siquiera puedo contar con el recurso el humor, porque ¿cómo se parodia lo que ya viene parodiado?: veo videos hechos con IA que me parecen creíbles y veo imágenes y discursos reales que se me antojan hechos con inteligencia artificial de tan inverosímiles. Con Venezuela se me escoñetó en sistema de categorías que me permite distinguir realidad de ficción, verdad de mentira.
Guzmán [Antonio Guzmán Blanco] dijo alguna vez que Venezuela se le parecía a un cuero seco, que si lo pisaba por un lado, se levantaba por otro. A mí me parece hoy una de esas fotos que se tomaban antes, cuando existían cámaras y al revelarla decía uno: «¡qué lástima, salió movida!». El panorama cambia tan aceleradamente de un minuto a otro, que es imposible hacer algún análisis racional, porque cuando crees que terminas de entender te das cuenta que no has entendido nada.
Como el replicante de “Blade Runner”, he visto cosas que no creeríais: naves bombardeando mi ciudad, lo que no resulta nada agradable. He visto algo que se acerca a la justicia cuando el responsable de tanto sufrimiento se sienta a escuchar de la boca de un juez la lectura derechos que él no concedió a nadie. He visto gente pasar de su tesis a su antítesis sin siquiera parpadear. He visto ninguneado un proceso electoral en el que la voluntad popular se expresó, a pesar de todas los obstáculos que se colocaron en el camino y temo que ahora todos esos momentos de heroísmo se pierdan como lágrimas bajo la lluvia.
En fin, trato de entender, de procesar y sobre todo de no caer en el desaliento, que es el alma preferida del Diablo, pero me sale una foto movida en la que no distingo ya los rostros ni el paisaje. Hay momentos en la historia en los que solo cabe esperar y exigir lo que uno siempre anhela: democracia, libertad y justicia.
Que Dios bendiga a Venezuela.
Laureano Olegario Márquez Pérez es un humorista y politólogo venezolano nacido en España.