12 pequeñas reglas para una vida más feliz que ojalá hubiera aprendido antes



He dedicado más de 12 años al estudio de la felicidad y la naturaleza humana. A lo largo del camino, he recopilado lo que llamo «Secretos de la Adultez»: las lecciones que he aprendido, con el tiempo y la experiencia, sobre cómo crear vidas más felices, significativas y llenas de confianza.

Muchos de mis descubrimientos más importantes se pueden resumir en una sola frase. Como dice el viejo refrán: «Cuando el alumno está listo, aparece el maestro», y a veces leer una sola frase puede despertar una visión transformadora.

Para ser más feliz, busca la autocompasión y reconoce los límites naturales de tu naturaleza; también busca crecer, superarte y superarte fuera de tu zona de confort.

    En mi caso, la procrastinaciĂłn laboral a menudo se manifiesta en investigaciĂłn innecesaria. Puede parecer trabajo, pero si no me ayuda a alcanzar mis objetivos laborales, estoy perdiendo el tiempo.

    Si caminamos 20 minutos casi todos los dĂ­as del mes, no pasa nada si nos saltamos algunos dĂ­as; si caminamos una hora solo un dĂ­a al mes, no lograremos mucho.

      Como escritor, a menudo me recuerdo esta verdad. Si intento ser tan suave que nadie pueda discrepar con mis conclusiones ni objetar mi estilo, mi trabajo será monótono y aburrido.

        Si te sientes acosado por el perfeccionismo, no te preocupes por bajar tus estándares; más bien, trabaja para abordar tus ansiedades.

          Muchas personas se desconciertan cuando no se reconocen sus esfuerzos; el problema es que nadie sabe lo que hacen.

          Al intentar evitar el fracaso, también evitamos los riesgos y desafíos que conducen al logro y la oportunidad.

            En cambio, considere: La escritura fue denunciada por temor a que la dependencia de la palabra escrita debilitara la memoria. Los viajes en tren fueron denunciados por temor a que causaran daño cerebral. Las postales fueron denunciadas por temor a que fomentaran la divulgación descuidada y frívola.

              ¡Todos hemos experimentado este fenómeno!

              Me he sentido abrumado durante una semana porque retrasé la redacción de un correo electrónico que, al final, me llevó 20 segundos redactar.

              En lugar de intentar convertirte en una persona madrugadora, haz tu trabajo más exigente al final del día. En lugar de intentar convertirte en un maratonista que trabaja despacio y con constancia para cumplir una fecha límite, acepta tu naturaleza de velocista y el hecho de que rindes mejor cuando corres para cumplirla.

                ¡Nada es igual para todos! Usa el enfoque y las herramientas que mejor te funcionen.


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