Los largos silencios


Por Manuel Gómez S


A veces, los largos silencios son preocupantes. Hay amigos a quienes les escribo por WhatsApp y les envío mis textos lunes, martes o jueves o canciones al final del día, pero no todos los días. Así mismo, salgo de WhatsApp los fines de semana, pues no quiero ser esclavo de las redes.

Cuando alguno de mis amigos no me responde en dos semanas, vuelvo y le escribo directamente para preguntarle qué le pasa. Lamentablemente, en muchas ocasiones, no hay respuesta.

La semana anterior, más exactamente el miércoles 11 de marzo, recibí lo siguiente, después de haberle enviado un mensaje a María del Socorro Rojas Tascón:

“Don Manuel, Soy María del Mar la hija. Mamá murió el 26 de enero”

Mis mensajes a María del Socorro Rojas Tascón eran casi diarios. A ella, la conocí una tarde en la vía Buga – Tuluá. Todo, debido a que me había varado antes de llegar a Tuluá. Estaba con mi familia, pues regresaba de Cali.

Ella detuvo su carro, se bajó y preguntó qué había pasado. Le respondí que parecía tener problemas con el agua del radiador. Gentilmente, viajó a Tuluá y regresó con agua. Al rato, quedamos listos para continuar el viaje.

María del Socorro Rojas Táscón tenía un Instituto Politécnico en Buga. El Politécnico San Mateo. Nos hicimos amigos y en una ocasión me invitó a dictar una charla al Politécnico. Allá fui y estuve muy bien atendido por ella y su grupo de compañeros directivos.

Yo la llamaba o ella lo hacía, nos escribíamos y era casi constante con sus mensajes. El año pasado, desde octubre, un largo silencio. Yo le escribí varias veces, llamé y nunca tuve respuesta.

Este año, le envié varios mensajes y ese silencio ya era preocupante, hasta cuando recibí ese mensaje de la hija, María del Mar, el miércoles 11 de marzo.

Pasó demasiado tiempo hasta darme cuenta que María del Socorro Rojas Tascón había fallecido en enero 26 de este año.  

Era devota de la Virgen de Guadalupe y siempre tenía una medalla con una imagen de la Virgen.

Esos largos silencios y sin despedida, duelen y mucho. Yo escribo a mis contactos en WhatsApp, porque quiero saludarlos y desear que estén bien. Cuando no tengo respuestas, luego de dos o tres mensajes, creo que no desean que les escriba más y a ellos los dejo tranquilos.

Yo no entro a esa red los fines de semana para que todos descansen de mis impertinencias. Sin embargo, estoy atento a alguna noticia de mis amigos más frecuentes.

Mi invitación a que si estás en una red y tienes amigos, al menos una vez, les escribas, no te alejes.

¿Por qué el celular nos aleja en lugar de acercarnos? ¿Para qué las redes con los amigos, si nos alejamos?

En mi celular tengo WhatsApp para mis amigos. Si alguno no quiere estar, no hay problema.

Tengo Facebook donde pongo canciones, textos, mensajes, fotos. Nada de política o religión.

En X, pongo mis textos y leo los que hay

Tengo Instagram y allí entro de mes en cuando.

En LinkedIn pongo mis artículos.


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