7 hábitos sencillos que mejorarán tu vida al instante


Traducido por Luis R Castellanos de «Your Tango«


Si tuvieras una varita mágica y pudieras cambiar algo de ti mismo, ¿qué sería? Quizás haya una nueva habilidad que te gustaría aprender. Algo que te ayude a afrontar cada día con confianza y competencia. La superación personal siempre es posible.

Pero requiere esfuerzo, sin importar quién seas ni los desafíos que enfrentes. Cuando trabajo con personas para mejorar sus habilidades de función ejecutiva, comenzamos con los aspectos de la vida diaria que les resultan persistentemente difíciles. El trabajo que se sugiere aquí puede ayudar a cualquiera.

Aquí tienes 7 hábitos sencillos que mejorarán tu vida al instante:

Tómate las cosas con calma, haz una pausa antes de responder a cualquier cosa, anticipa los contratiempos y elabora un plan para recuperarte y enmendar los errores. La autodisciplina no consiste en reprimir tus emociones ni fingir que no existen.

Se trata de crear una pausa entre lo que te sucede y cómo reaccionas ante ello. Las investigaciones han demostrado que esta sencilla práctica puede transformar tus relaciones, tu toma de decisiones y tu calidad de vida en general.

Divide las tareas en componentes más pequeños. Usa aplicaciones para ayudarte, si lo necesitas. Reduce el perfeccionismo para que puedas empezar y terminar las cosas sin presión. Disminuye la procrastinación comenzando con algo fácil para ponerte en marcha.

Tu rutina de bienestar debe comenzar con el logro más sencillo, no con tu objetivo más ambicioso. Los pequeños logros generan un impulso positivo y le demuestran a tu cerebro que el cambio es posible.

Una vez que hayas establecido con éxito un pequeño hábito, habrás demostrado que eres una persona que cumple sus propósitos. Según un estudio de 2018, este cambio, de ser una persona que lucha con la constancia a ser alguien que cumple sus compromisos consigo misma, es la base del bienestar duradero.

Establece los pasos para completar las tareas. Crea rutinas diarias. Designa espacios para gestionar y almacenar materiales. La organización no se trata solo de eficiencia.

Se trata de crear un espacio para que el bienestar florezca. Cuando no estás buscando cosas constantemente, llegando tarde porque no encuentras lo que necesitas o sintiéndote abrumado por el desorden, tienes más energía para la alegría, la creatividad y la conexión. Una vida bien organizada es un regalo que te haces a ti mismo cada día.

Haz una lluvia de ideas para distinguir entre lo urgente y lo importante; divide esa lista en una lista más pequeña de 3 tareas y luego identifica sus componentes en términos de tiempo y valores.

La constante presión de las demandas contrapuestas puede hacer que incluso la persona más organizada se sienta dispersa y abrumada. El secreto no está en gestionar más… sino en gestionar mejor. La verdadera priorización no se trata solo de hacer listas, sino de crear claridad en un mundo diseñado para distraerte.

Considere los posibles obstáculos para mantener la concentración; cree un sistema de recordatorios para redirigir su atención cuando se distraiga; establezca metas realistas basadas en sus capacidades reales y programe descansos.

Un estudio reciente argumentó que la mayoría de las personas fallan en mantener la atención sostenida no por falta de fuerza de voluntad, sino porque se exponen a distracciones y al agotamiento. La forma más efectiva de recuperar la concentración suele ser a través del entorno: cambiar de posición, respirar profundamente tres veces o mirar brevemente por la ventana. Estas pequeñas pausas restablecen la atención sin interrumpir por completo la sesión de trabajo.

Anote las cosas en un lugar donde pueda encontrarlas y recordarlas; utilice alarmas, avisos y notificaciones. Tome notas durante reuniones, clases o conversaciones importantes.

Si le resulta difícil tomar notas, busque soluciones con su supervisor, profesor o pareja, como grabar las conversaciones o pedir ayuda a compañeros de trabajo o amigos de confianza para que tomen notas por usted.

Hazte preguntas que te ayuden a monitorear y evaluar tu productividad y regulación emocional, y a medir tu progreso hacia tus metas. Algunas preguntas para empezar: «¿Cómo me siento?» «¿Qué me ha funcionado antes que podría aplicar a esta situación?»

Todos los seres humanos poseemos habilidades de función ejecutiva, gestionadas por la corteza prefrontal de nuestro cerebro. Estas habilidades describen las capacidades directivas del cerebro.

Funcionan como un centro de mando: conectando, priorizando e integrando las funciones cognitivas momento a momento. Son responsables de la autorregulación, de vincular la memoria con lo que vemos y pensamos en el presente, de la autoconciencia y el juicio, y de las acciones relacionadas con la productividad y el rendimiento.



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