Colocarle un calificativo a una persona es un asunto serio, ya que se debe convivir con éste para indicar cuál es el que más se apega a sus acciones, y cuando se refiere a un gerente o al que por “suerte o amiguismo” y no por su experiencia, le dan tan hermosa función es mucho más complicado el asunto.
El tĂ©rmino dĂ©spota ha tenido diferentes significados, desde padre, dueño, señor, amo, entre otros, hoy se pudiera decir que es como especie de un padre malvado por asĂ decirlo; uno de los más grandes dĂ©spotas de la humanidad fue Ricardo III de Inglaterra, el cual a pesar de que estuvo muy poco tiempo en el trono, dejĂł tras de sĂ un sinfĂn de tramas palaciegas y acciones crueles simplemente por mantener el poder. Sencillamente en este caso, dĂ©spota viene a emplearse para describir a toda aquella persona que no sĂłlo abusa de la autoridad que tiene, sino que además, trata con mucha dureza a sus subordinados.
Dentro de la FilosofĂa se puede citar a Montesquieu quien, no la considera una desviaciĂłn de la monarquĂa, sino un gobierno “sui generis” que constituye el mal polĂtico absoluto «monstruoso» y «contra-natura», en la medida en que no se apoya en leyes fundamentales. El dĂ©spota es «un hombre a quien sus cinco sentidos dicen continuamente que Ă©l lo es todo y que los otros no son nada». Se pudiera decir ahora que el dĂ©spota, es considerado como un violentador emocional, más que fĂsico, sin embargo, sus secuelas son brutales en el ser humano y que sus efectos son más profundas, porque su blanco es el espĂritu y la psiquis de la vĂctima.
Uno de los factores mas nocivos para el clima organizacional es cuando el gerente dĂ©spota, se ha incrustado en una organizaciĂłn, Ă©sto será muy difĂcil de erradicar, (a menos que el conglomerado se llene de valor y sabidurĂa y pueda enfrentar con argumentos y acciones al amo y señor); a pesar de que los márgenes de cambio en algunas organizaciones son muy limitadas, pues, la misma naturaleza despĂłtica no le permite abrirse a las sugerencias; por el contrario, las opiniones que asimila, generalmente son opiniones de los de su entorno y, el dĂ©spota se nutre del servilismo y no de la capacidad. ÂżCĂłmo se traduce esto?, en menos eficiencia y eficacia.
El gerente déspota crea un ambiente de hostilidad, es decir, que incentiva el chisme, la burocracia, la falta de impulso y, desestima al talento humano a desarrollar su creatividad. Por el contrario, si el empleado hace una sugerencia que beneficie a todos, automáticamente se le comunica que no fue contratado para dar sugerencia.
Si las organizaciones y en especial, las acadĂ©micas midieran su rendimiento conforme las actitudes de sus jefes y coordinadores, de seguro su porcentaje de rendimiento serĂa de un 100 por ciento, de aquĂ que una instituciĂłn exitosa y que sirva de ejemplo social, depende del personal que la dirija, tantos los de alta direcciĂłn como los intermedios.
ÂżPero cuáles son las caracterĂsticas que sobresalen en un gerente dĂ©spota?
1- El autoritarismo; es una de las caracterĂstica principales en el gerente dĂ©spota. Él no permite márgenes para la concertaciĂłn. Las decisiones se toman verticalmente, de arriba hacia abajo o egocĂ©ntricamente. No le da márgenes para discernir a sus empleados o a cualquier tipo de asamblea. Éste crea una atmĂłsfera de tensiĂłn fuera de lo normal y, por ende, a cada instante desencadena una circunstancia anárquica, con consecuencias fatales. Cuando me refiero a fatales, es a la pĂ©rdida de tiempo que se crea, que pudiera ser considerada como una estrategia (un vulgar caballo de Troya), como para que no se llegue a la mĂ©dula de su pĂ©sima gestiĂłn.
2- Servilismo; el gerente dĂ©spota se alimenta del servilismo, lo disfruta y lo incentiva. Es, se podrĂa decir, su modo de vida organizacional. Su gestiĂłn narcisista, se acrecienta a su máximo esplendor cuando uno de sus dependientes se le arrastra como una serpiente hipnotizada, en total sumisiĂłn a contarle algĂşn chisme o para halagarlo por alguna decisiĂłn de Ă©ste. Es tanto asĂ, que en muchas ocasiones se llega al ridĂculo.
Ahora, debemos de detenernos y hacer un paréntesis para diferenciar el servilismo del empleado leal. Como se dijo con anterioridad, el servilismo se arrastra, se humilla; no tiene independencia y no es leal. Muy por el contrario del empleado leal, éste mantiene sus convicciones, su postura ante su jefe, procura el bienestar de la organización y el bienestar de cada uno sus compañeros. No anda con maquinaciones perniciosas de sus compañeros para ganar estatus dentro de la empresa, por el contrario, trabaja en base a su capacidad. De aquà que se mantiene en una constante capacitación, desde luego, que ésto en muchas ocasiones le crea situaciones, pues, el gerente déspota lo ve con desdén.
Entonces, el empleado leal es visto con malos ojos por el gerente dĂ©spota, Ă©ste cuestiona constantemente su labor, sus planteamientos e inclusive hasta su vida personal. Se transforma en el Yago de Shakespeare, o como dirĂa Erich Fromm en su libro el corazĂłn del hombre, en un necrĂłfilo puro.
Este tipo de persona tiene una actitud insoportable, generalmente solo tiene un origen, su frustración personal y profesional derivada de una insuficiencia de actitudes. Su sensación de no tener el control de las cosas le obliga a decir y hacer todo eso que la gente aborrece y si llegan a dirigir una corporación, sus demandas son exageradas y sus reprimendas humillantes, se considera a si mismo una persona de resultados (pero nunca se ven), y algunos de sus más allegados (tal vez, tartufos de moda) pueden subir de puesto al recurrir a estratagemas poco éticas para conseguirlo; cuando ve mermada su influencia, comienza a articular planes para desestabilizar el desenvolvimiento de ésta. Reduce o cambia al talento humano en los departamentos (¿será para qué colapse y todo lo hagan mal?). Entonces, se puede deducir que el gerente déspota es un ególatra, que conforme se ve a si mismo, ve a la institución, por ende, si ve su influencia caer en decadencia, asà mismo ve caer a la organización.
LeĂ no se donde, acerca del anuncio y la denuncia, es decir una acciĂłn conlleva a la otra, y por eso me pregunto ÂżquĂ© hacer ante un gerente dĂ©spota? Creo que la respuesta más espiritual la conseguĂ en la Sagrada Escritura, en el evangelio de Marco, capitulo 18, versĂculo del 15 al 17, en el cual recomienda que se hable con la persona a sola y hazle reconocer su falta, si no te hace caso, llama a dos personas más; si tampoco hace caso, entonces se le comunicará a la comunidad y si a Ă©stos tampoco lo hace reflexionar y cambiar de actitud personal, habrá que considerarlo un pagano o renegado; que es un termino más deplorable que dĂ©spota hoy dĂa.
Tomando en consideraciĂłn la enseñanza bĂblica y aplicándola en una organizaciĂłn con una gerencia tĂłxica, se pueden hacer ciertas recomendaciones:
- Deje de ser sumiso.
- Unirse como personas adultas y compañeros de labores.
- Informar detalladamente a su inmediato de la realidad laboral que él mismo ha creado.
- EnfĂłquese no en la persona sino en su conducta
- No caiga en su juego maquiavélico.
- Trate de romper su monologo a travĂ©s de una comunicaciĂłn de altura y sin epĂtetos.
- Mantenga y entregue su trabajo al dĂa.
- Respete los canales de supervisiĂłn.
- Escriba e informe todo a su supervisor inmediato.
- No demuestre miedo.
- Exija su evaluaciĂłn (por aquello del aumento de rotaciĂłn de personal)
- Trabaje en equipo.
 Finalmente tenemos, que si luego de aplicar estrategias, no contamos con un cambio de actitud, entonces nos encontraremos ante una situación de incompatibilidad, es decir que las competencias del jefe, asà como su estilo directivo no se adecuan a las competencias (entendemos que estamos incluyendo las competencias de liderazgo) que requiere la organización. Si ya estamos seguros que proporcionamos todas las oportunidades que estuvieron a nuestro alcance y que respaldamos el proceso de cambio, sin obtener los resultados que esperábamos, entonces es el momento de pensar en una estrategia de cambio en el puesto, para lo que podemos optar por promover a un subalterno que destaque por su desempeño o reclutar y seleccionar a un profesional de fuera de la empresa. Reitero que antes de llegar a esta etapa es necesario haber comunicado clara y frontalmente el problema (retroalimentación) y luego haber respaldado la búsqueda de una solución.
 Dedicado a los que hoy somos subalternos espirituales, mañana tal vez gerentes despóticos.
 Nerio J. RamĂrez Almarza
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