Recordar es vivir. Y vivir es abrazar para transmitir mensajes de afecto.
Hay historias llenas de violencia y se pasan en televisión, se muestran en la prensa o las emiten en radio. También, hay historias «light» llenas de artistas de la farándula.
Pero hay unas historias que tienen vida, son ejemplo y transmiten fuerza, energÃa y son aquellas que no se muestran, porque no tienen lo que «desean» los lectores, televidentes o quienes escuchan radio.
Fui maestro, docente, profesor en algunos colegios de Armenia, entre ellos el Colegio de Nuestra Señora del Rosario.
Sin embargo y como algo curioso, tengo los mejores recuerdos del Colegio de Nuestra Señora del Rosario, entidad que desapareció, lamentablemente.
Un encuentro obligatorio. Era necesario estar allÃ, pues ellas despedÃan a una compañera y yo habÃa sido su profesor. No fue el año anterior, ni hace poco. Fue hace muchos años, cuando el colegio de Nuestra Señora del Rosario existÃa en Armenia. Las religiosas dominicas eran las que regentaban esa institución al norte de la ciudad y la hermana Fabiola era la rectora.
Con el paso de los años, no terminó esa bella amistad entre las estudiantes. Un grupo que siguió adelante, encontrándose y reencontrándose. Ya han despedido a varias compañeras. Y en esta ocasión volvÃan a reunirse para una despedida llena de emoción y tristeza. Porque hacÃa pocos meses se habÃan reunido para celebrar un año más de su bachillerato. Para recordar, rememorar épocas pasadas y contar anécdotas repetidas de momentos juveniles y llenos de alegrÃa.

Llegué a la sala de velación y encontré a algunas de ellas, sentadas, conversando y contando cómo habÃan sido los instantes que pasaron juntas. Saludé y los abrazos llegaron. ¿Te acuerdas de mi? ¿La reconoces? Y ahora, vienen más.
Cierto, porque más tarde aparecieron otras de las compañeras. Nuevamente, las veÃa reunidas y las imaginé en el salón de clase en el segundo piso del colegio o en el recreo, sentadas conversando.
En el salón de clase, locas, dicharacheras, tercas. Asà eran ellas. Se salvaban dos o tres, pero el resto, convertÃa en manicomio cualquier sitio donde estuvieran juntas.
Porque los grupos de bachillerato siempre fueron importantes, estos encuentros, asà sea con la tristeza regada por toda el alma, dejan un gran mensaje a todos aquellos que todavÃa creen en los valores como fundamentales en un mundo que prefiere el odio, el rencor, la intransigencia, la intolerancia.
Las compañeras se reunieron a despedir a su amiga del alma, a sentir que se iba parte de su vida e historia, pero continuaban unidas más que antes para seguir dando ejemplo al mundo de que la amistad es más fuerte y se estrecharon más los lazos entre todas. Un gran recuerdo y un dÃa donde la tristeza, las lágrimas y sollozos imperaron para dar paso a abrazos y momentos únicos en la vida de un grupo lleno de amor.
Que muchos bachilleres de diferentes colegios se reencuentren, se abracen, vivan momentos de reminiscencia y muchas alegrÃas. Que renazcan el afecto y los abrazos para que desaparezcan los odios y rencores. ¡Qué viva la vida!
Manuel Gómez Sabogal