Por Manuel Gómez S
En estos días, falleció el docente jubilado de la Universidad del Quindío, Pablo Emilio Torres. Fue un excelente ser humano y un gran docente en su área. Me escribieron y me dijeron:
“Hola Manuel, buenas noches. ¿Supiste que murió Pablo Emilio Torres? Ayer fue el funeral. ¿Y la U? ..como siempre: ausente… Ni un saludo de condolencia para la familia”.
Lo supe, me di cuenta y no se me hizo extraño.

Todo, porque ya nos jubilamos, ya desaparecimos, ya no somos, ya no estamos. Si en vida no hubo algún homenaje para docentes que fueron especiales en muchos sentidos, para qué exigir o pedir que haya una nota hipócrita cuando hay funeral.
Quienes conocimos a Pablo Emilio Torres, sabemos quién fue. Sus alumnos lo respetaron y lo valoraron. Igual, quienes trabajaron con él en el programa. Estoy seguro que lo recuerdan con mucho cariño.
Los docentes, personal administrativo y directivos que quedan hoy en la Universidad del Quindío, son diferentes, no son los mismos de nuestra época. Porque la Universidad del Quindío es otra.
Hicimos historia, dejamos bases, trabajamos por la Universidad del Quindío, pero eso poco o nada les importa. La historia de la Universidad del Quindío no incluye a los jubilados. No creo que tengan siquiera una base de datos de los jubilados, porque la memoria histórica no existe para ellos.
Es más, ya nos fuimos, ya no importamos sino una vez al año, cuando invitan a una reunión de jubilados y pensionados, pero me he dado cuenta que preguntan si alguien sabe quiénes son los jubilados para tenerlos en cuenta e invitarlos. No los conocen, no saben quiénes son esos viejitos que pasan de los 65 años, casi todos con caminar lento, pausado e intentando no caerse, algunos apoyados en un bastón, otros con enfermedades y llenos de medicamentos.
Los animan con música, teatro, títeres, refrigerio, de pronto un escudito y hasta el próximo año, cuando asistirán menos, porque no todos llegarán al año siguiente.
Recuerdo que Mario Ramírez Monard, jubilado y además, egresado, propuso que hubiese una tertulia musical mensualmente para que se tuviese en cuenta a los jubilados. Para mostrar a la comunidad universitaria que los jubilados hacían parte de la institución. Pues bien, se hizo una sola vez y pare de contar…
Participaron Angi Lucumí, egresada de la Universidad del Quindío y una gran artista. Estuvo con su guitarrista de cabecera. Álvaro Bolívar, jubilado de la Universidad del Quindío y cantante de tangos y boleros, quien deleitó a la concurrencia con sus canciones. Así mismo, el creador del Centro Audiovisual, docente jubilado Ermanno Parodi, quien interpretó canciones en italiano, inglés y español.
Además, estuvo el grupo de cuerdas de la Universidad del Quindío, bajo la dirección de Carlos Candamil, grupo que se encargó de realizar un mini concierto de 30 minutos.
Mucho público asistente. Sí. Personas mayores de 65 años, quienes se deleitaron con la programación realizada.
El público salió animado y con ganas de asistir a la segunda tertulia musical del año, esperando nuevas estrellas de la canción. Dicha tertulia se programaría para abril.
Sin embargo, pasaron abril, mayo y junio. Se llegó a mitad de semestre y vacaciones. Lo que se creyó que iba a ser una tertulia musical mensual, gracias a ese ánimo e impulso que desde Gestión Humana de la Universidad del Quindío, se promovió con los jubilados, volvió a convertirse en lo mismo de siempre y terminó como la canción aquella: “palabras, palabras, palabras…”
¿Qué pasó después? Nada. Los jubilados ya nos fuimos, ya no importamos.
Ya nos fuimos, ya no importamos, porque lo que hicimos, hasta lo borraron para que no quedara huella alguna de lo hecho en el transcurso de 30, 35 o 40 años al servicio de la Universidad. Suele suceder.
Y seguirán falleciendo jubilados y no hay problema, porque ya nos fuimos, ya no importamos.
En la Universidad del Quindío ya los jubilados pasaron, estuvieron, trabajaron, hicieron. Ya no importa.
En la Universidad del Quindío interesan los que están. Los directivos, administrativos, docentes, estudiantes.
Es más, ni los egresados exitosos son tenidos en cuenta, porque también terminaron, se graduaron y ya no están.
Pero se les olvida que. en muchos casos, esos egresados exitosos o jubilados pueden dictar conferencias, hacer charlas y mostrar que son excelentes en lo que hacen, si son egresados o en lo que hicieron, si son jubilados. Además, todavía participar en actividades como tertulias musicales u otros eventos.
El problema es que, como la Universidad del Qindío cada día se renueva y traza nuevas metas, en esas no están incluidos los jubilados, porque ya nos fuimos, ya no importamos. No debemos olvidar eso.
Ya nos fuimos…

Manuel buenos días hay un dicho popular que reza no le pidas peras al olmo.
Compañeros hay miles de actividades por hacer desde nuestro espacio: visitar un enfermo, hacer una obra social, compartir con un amigo, hacer deporte en compañía de amigos, participar como ciudadano del control social…. éstas no generan pesos pero dan vida, abrazo fraternal, Edgar Salazar Ríos pensionado
Qué bueno Manuel que escribiste esta columna. Yo he sostenido hace muchos años que la Universidad del Quindío no tiene memoria, que cuando nos pensionamos somos unos extraños que de pronto aparecemos en un mosaico pero nadie nos reconoce, que solo tenemos como compañía la sombra porque para el entorno solo somos «el olvido que seremos», se olvidan que tuvimos grandes dotes nl solo en la materia sino en otras aptitudes, nos tenemos que encontrar en otros espacios para recordar mo.entos vividos, no nos expidieron un simple carné o un escudo que nos identifique como alguien que dedicó gran parte de la vida a dar un poco de brillo a la institución
Mantener viva la memoria de los jubilados no es un gesto simbólico, sino un acto de justicia y gratitud, e integrarlos en la vida académica y cultural de la institución significa reconocer que su experiencia y legado siguen siendo un recurso invaluable para estudiantes y docentes.
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