Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya C
Solo por la gracia de Dios, el calendario nos permitió llegar hasta este rascacielos de la existencia, a este cómodo pent-house de la vida, y recorrer ya el primer peldaño del octavo piso. Le tememos a los balances, preferimos las zonas de confort, la calma chicha, la tranquilidad alcanzada, la esperanza latente, los sueños siempre vivos, las ilusiones a flor de piel, la conversación inconclusa, la oración permanente, la fe como compañera, la obediencia enhiesta, y la paciencia servida en la mesa del diario vivir. Y tú qué opinas, todo es muy grave, de un suceso se hace un acontecimiento, con la seguridad de que nada pasa, todo sigue igual que antes.
Pero en nuestro menĂş cuotidiano aparecen hechos muy significativos y modestamente, nos cambiaron la rutina laboral. La llegada del computador a nuestra vida fue definitiva. Y sucediĂł en 1980, un aparato grande, necesitaba una pieza para Ă©l solito, procesaba la nĂłmina de los empleados, administrativos, y profesores de la U, y despuĂ©s se extendieron los servicios a los docentes del QuindĂo. Sus funciones en ese entonces, iguales a las actuales, pero en diferente escala, eran, entrada de datos, almacenamiento, procesamiento y salida de la informaciĂłn procesada. Esto presentado asĂ en frio y cuarenta años despuĂ©s, parece muy claro, pero en esa Ă©poca, nunca lo fue. Es más, fuimos detractores de esas máquinas, existiendo las silenciosas máquinas de escribir elĂ©ctricas, con eficientes secretarias como Marinita, para quĂ© esos aparatos.
Y terminaron imponiĂ©ndose. Todo era por computador, menos mal que tuvieron un trancĂłn muy grande, como fue el cambio de siglo y todos estos aparatos se enloquecieron, y se temĂa un colapso total, por el temor a que las computadoras no reconocieran el año 2000, pero no fue asĂ, las consecuencias incluyeron una aceleraciĂłn en la modernizaciĂłn de infraestructuras, el auge de Internet y el fortalecimiento de la seguridad informática, acelerando la transiciĂłn hacia sistemas más modernos y seguros, reescribir cĂłdigos, lo que evitĂł desastres graves. se implantĂł la conectividad global, se iniciaron los conceptos de almacenamiento en la nube, cambiando drásticamente la forma en que se gestiona la informaciĂłn.
Las computadoras se volvieron más rápidas, pequeñas y eficientes, impulsadas por microprocesadores más potentes, se consolidó el uso del computador como centro de la oficina, transformando el manejo de documentos y la comunicación, y apareció como parte de nuestro vivir la dependencia tecnológica, lo cual tuvo su estallido social cuando nos sacudió la pandemia. Todo el mundo se volvió una aldea global interconectada y fuimos digitales en y para todo.
El computador era el rey, pero no por mucho tiempo porque en 1991, apareció su majestad el celular y rápidamente todo se hace desde el móvil. Lo que en principio era para hacer llamadas, terminó haciéndolo casi todo. Aparecieron varias compañeras sentimentales del aparato, las redes sociales y terminaron metiéndose en cuanta actividad humana existe, “Nada se nos escapa”, como dice un programa de TV.
Como lo ves, sigo empleando el computador, no leo libros en tableta o en el celular, todavĂa no empleo la inteligencia artificial para mis artĂculos, utilizo el Google para las bĂşsquedas, además soy ferviente admirador y usuario de las redes sociales, como quiera que soy Especialista en ComputaciĂłn para la docencia.
Antes nos dábamos el lujo de hacer comparaciones, de cĂłmo era la vida aC es decir antes del computador y hoy dC despuĂ©s de los computadores. Ya hoy eso es perdida absoluta de tiempo. En mi grupo de adultos mayores, hay algunos que ni se acuerdan si usaron alguna vez en la vida un aparato de esos, contestan a la mejor si, pero todos sin excepciĂłn, tienen celular y conectados a todas las redes sociales existentes. Hacen yoga en la mañana con un grupo del Ecuador, y se han hecho tan amigos, que una señora de ese paĂs, vino a Armenia a visitarlos y dos de Armenia le devolvieron la visita, son habitantes del octavo piso las dos señoras que fueron. Muchos se ufanan de haber hecho cursos gratuitos por internet, de culinaria, modisterĂa, hay uno de mecánica automotriz, otro adaptĂł el computador para hacer karaoke y a toda visita lo lleva. Todos tienen WhatsApp, Facebook, Instagram, TikTok, X, anteriormente Twitter, Telegram, Messenger y Pinterest, que nos permiten mantenernos actualizados.
Hemos hechos compras generales por internet, a través de Amazon, AliExpress, Temu, Mercado libre. Nos ha ido bien, muy bien, me tumbaron con unas chanclas que resultaron de cartón, mejor dicho, nos falta vida y espacio para contar todas las historias que hemos vivido, de viejitos entonados, a través de las redes sociales. Esas plataformas digitales y sitios web nos permiten conectarnos, interactuar, crear comunidades, relaciones sociales, compartir fotos, videos, textos, enlaces, en tiempo real, quiere decir aquà y ahora, sin barreras idiomáticas o geográficas. En la actualidad, a través de zoom se pueden hacer video conferencias con muchas personas al mismo tiempo, la variedad de opciones que tenemos para comunicarnos parece infinita, sin techo a la vista. Y eso que según los entendidos no le sacamos toda la utilidad que los aparatos de última generación pueden ofrecer para el usuario interesado, nos falta mucho por aprender, querido Guillermo.
Mejor dicho, somos adultos mayores con formaciĂłn digital aceptable.