Cuando aprendimos a montar en bicicleta


Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya


Una verdadera y sincera alegría juvenil, fue cuando aprendimos a montar en bicicleta, tenía todos los rasgos de una hazaña, una proeza. Un paso firme en el camino de hacernos hombres. El que montaba en bicicleta era avispado, quien no, era un entumido. Claro que había etapas que quemar, primero era los triciclos, con dos ruedas centrales y dos pequeñas laterales, las cuales se quitaban a medida que aumentaba la pericia del principiante. Pero la gran mayoría aprendimos de una, a montar en cicla.

Cuando dimos ese trascendental paso, era porque teníamos la habilidad de controlar y equilibrar este aparato de dos ruedas y desplazarnos sobre ella de manera autónoma. Implicaba coordinación motriz, estabilidad, y la confianza en sí mismo necesarias para pedalear, dirigir, y frenar. Era libertad, independencia y mucha diversión, coordinación ojos y manos, desarrollo de habilidades motoras finas y gruesas. Aumentaba la confianza, la autoestima, y en términos nuestros la verraquera del joven, nos permitía ir donde quisiéramos y solos. Significaba existencia, conciencia y dicha.

Había bicicletas de todos los estilos, marcas, para hombre y para mujer, las masculinas tenían barra en el marco y las de mujer era onduladas, se parecían a la figura femenina. Y no solo era un medio de transporte, fue deporte, con las famosas vueltas a Colombia, y aparecieron las bicicletas profesionales o de carreras y las llamaron “caballitos de acero”. Además, era una ventaja para conseguir trabajo, eran muchos los letreros que aparecían en los almacenes, “se necesitan domicilios con bicicleta.” Las de los graneros eran diferentes, grandes y con parrillas adelante y atrás, en las cuales se cargaban mercados y hasta canastas con huevos. Después aparecieron unos triciclos más cómodos para este oficio.

Este medio de transporte se tomó las carreteras de entonces, tuvo su auge con los aparatos llamadas de “turismo”, después aparecieron las profesionales, y ocupó lugares importantes en el panorama deportivo nacional e internacional. Total, eran pocos los carros y camiones menos, entonces se podía andar en bicicleta. Los aparatos de ese entonces se comparaban a los primeros celulares, grandes y pesados, las bicis de hoy son como los celulares de alta gama.

Pero un día no muy lejano, aparecieron las motos y ahí sí, se nos dañó el caminao. Fue la solución más extraordinaria que se presentó para mejorar el transporte terrestre. Era ágil, rápido, pequeño, versátil, precio cómodo, bajo consumo de combustible, transitaba a moderadas velocidades, sólo se necesitaba saber montar en bicicleta, e inicialmente era para dos personas.

Estoy diciendo verdad, solo que me refiero a los años 60 al 70 de nuestra era. Porque después del 90, ya es la historia de un señor montado sobre un ruido fenomenal.

Entonces la bicicleta ha tenido que luchar por su supervivencia. La han menospreciado, violentado, atropellada, indeseada, reducida a unos pocos adictos al deporte de las bielas. Porque las motos se tomaron las carreteras del país, departamento, ciudades, pueblos. Dicen los entendidos que por cada carro hay 20 motos, y según estadísticas recientes en Colombia circulan 12 millones de motos registradas. Mejor, hacen cabriolas, se meten por todos los rincones de la vía, en contravía, en una sola rueda, a toda velocidad, sin exhosto, con cuatro personas. Hacen piques, se cometen delitos, desaparecen. Pero al lado de estos personajes hay otros que han hecho de la moto su medio de transporte familiar, al trabajo, o prestan servicios como domiciliarios ya reconocidos legal y laboralmente.

También es cierto que el número de accidentes en o por las motos, crece exponencialmente. Dicen los entendidos que significan el 59.5% de los accidentes de tránsito, y durante el año 2021 se registraron más de 8.000 muertes por accidentes en motos.

Sin embargo, creo que la bicicleta se resiste a ceder su espacio bien ganado, como transporte, trabajo, recreación, y deporte. Nosotros vemos por televisión o en vivo y en directo, como en otros países la bicicleta es medio esencial para desplazarse al trabajo o estudio. Y en nuestro medio como recreación y deporte somos muchos los practicantes, ya con menos frecuencia, uno que otro día, entre semana o los sábados y domingos, sino está lloviendo, pero significa un riesgo muy grande. No solo el irrespeto de los automotores, sino por los atracadores, además que las bicicletas que usan algunos practicantes, son muy costosas y llamativas.

Hablar del ciclismo, diferente al competitivo y profesional, es un acto nostálgico. Parta de la base que reemplazó al caballo, recuerdo que mi compañero de estudio Gerardo Rubio, iba en bicicleta a la escuela, ayer por la tarde, pero de 1953, y otros en caballo, y era más atractivo Gerardo que los Castaño y sus finos caballos. Ese aparato daba distinción, o cómo le parece hacerle visita a la novia montado en una bicicleta Monark, Phillips, Bianchi, o Humber.

No, ese vehículo no puede desaparecer de nuestra vida diaria.  


Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.