El tren…


Por Manuel Gómez S


Esta historia fue verdad, ocurrió, sucedió, pero hoy, ni idea…

El tren partió de Buga a las 3.30 de la tarde. Muy puntual. Más de setenta personas a bordo. Cielo sin muchas nubes, sol abrasador. Alegría desmesurada en los niños, quienes, por primera vez, subían a un tren. También había adultos que jamás habían tenido la oportunidad de estar en el tren. Tres vagones. A, B y C. Todos muy bien organizados y cómodos. Aunque no había cortinas y el sol pegaba fuerte, nada impedía que quienes estábamos a bordo sintiéramos la alegría del viaje en tren. Las juveniles azafatas estaban dispuestas a brindar información acerca de los sitios por donde pasaba el tren y a suministrar los refrigerios solicitados por los pasajeros.

A medida que avanzaba el tren, se perdían los cañaduzales, cafetales, árboles, valles, lagos, y todo el hermoso verde que se veía a lado y lado. Las montañas que se quedaban mirando el paso del tren. Una escenografía distinta, diferente a la fría, congestionada y terrible carretera.

El pito del tren sonaba. Los hilos de acero desaparecían. La locomotora se veía distante desde el tercer vagón.

El tren se detuvo un momento en Tuluá, pues cuatro pasajeros llegaban al final de su ruta. Allí, los ciclistas miraban, las señoras se levantaban de sus sillas mecedoras, los viejos añoraban.

En Zarzal no paramos. Pasamos por todo el centro del pueblo. La gente se asomaba a saludar, los niños gritaban, los viejos sonreían, el recuerdo del tren se mostraba. Llegó de nuevo.

De los ranchos que a cada lado se habían hecho, entre cada pueblo, salían niños, jóvenes y ancianos a decir adiós, levantar la mano, saludar y sonreír al paso del tren. El tren turístico Valle y Quindío.

Al final del viaje de más de tres horas, todos bajamos felices, alegres, contentos, satisfechos. Era un paseo. Un paseo por tierras del Valle del Cauca y del Quindío que culminaba en Tebaida.

¡Genial! Qué buen viaje en tren. No, no fue un viaje. fue un paseo en tren. Fue algo insospechado para muchos. ¡Algo espectacular!

El tren volvía y queríamos seguir ahí. Pero el viaje ya había llegado a su fin. 

Hasta la próxima, porque no sé si volveremos al tren. A detenernos en Zarzal, Tuluá, Buga o Palmira. A tomar refrescos y a comer en el tren. A charlar, a pasear, a buscar los viejos amigos y a contarles que el tren volvió. ¡Que hay que viajar en tren!

Que seguiremos cantando…el tren lento va partiendo sobre sus hilos de acero…. o, mejor dicho, seguiremos soñando…


Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.