Solo por la gracia de Dios vivimos otra Navidad


Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya C


El año escolar en aquellos tiempos gozosos, gloriosos y dolorosos, era de 180 días, iniciábamos clases el 1º de Febrero hasta el domingo de Ramos, que eran las vacaciones de Semana Santa. Un largo periodo de estudio hasta mediados de junio, y a disfrutar de las vacaciones de mitad de año, más o menos un mes larguito. Volvíamos en Julio y seguido hasta noviembre, que salíamos a vacaciones de fin de año, con el curso aprobado, habilitando o reprobado. En el primer semestre había muchos festivos, el día que correspondía, hasta 1983, cuando los trasladaron al lunes siguiente, creando los puentes festivos para fomentar el turismo. Estamos hablando de la ley 51 del 6 de diciembre de 1983, conocida como la “ley Emiliani”. En el segundo semestre muy pocos festivos, solo en octubre, el día de la raza que coincidía con las fiestas de Armenia, y en noviembre, el día de los difuntos y la independencia de Cartagena, que, si caían un sábado o domingo, no había vacaciones.

El fin de año era esperado, anhelado, o temido, según como nos fue en el periodo escolar, y así serían los regalos o premios, o las privaciones y sanciones. Perder el año, un estigma difícil de superar, ganarlo, significaba ascender un escalón más en la superación personal y hasta orgullo familiar. Después nos enteramos que esa era nuestra obligación perentoria y misión existencial.

Empezaba el mejor mes del año, que siempre ha tenido un encanto benignísimo, porque dispone nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en nosotros su cuna y more eternamente. Oficialmente la navidad empezaba el 16 cuando se rezaban las novenas y se jugaba a los aguinaldos, no como ahora, que, desde septiembre, se vive diciembre.

Para nosotros los habitantes del octavo piso y siguientes, en el último mes del año, reconocemos que el presente, derrota por nocaut al pasado, nos volvemos niños y recordamos las palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente “todo lo que quieras pedir pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”, y seguro, estamos llenos de confianza en el Divino Niño. Y con el alumbrado empiezan las festividades. Es imposible no ir a ver la festividad de las velitas en Quimbaya, este año los municipios del Quindio están fantásticamente alumbrados. Nos renovamos con los elegantes y automatizados pesebres, los centros comerciales son insuficientes para albergar tanta y tanta gente. Todos estrenamos sonrisas, la alegría es la nota. El alumbrado del edificio de la gobernación y la plaza de Bolivar, muy elegantes, sencillamente fabulosos. O sea, para José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús, este año tampoco va a encontrar posada disponible y les tocó otra vez, vivir la maternidad en un pesebre. Porque la ocupación, este año, de visitantes supero el 90%, sin contar los informales, y unos familiares que nos visitaron este año e intercambiamos los apartamentos. Ellos se vinieron a disfrutar del eje cafetero y nosotros nos fuimos para la increíble Medellin.

Solo por la gracia de Dios estamos viviendo una nueva temporada navideña con su espíritu, y el realismo mágico en acción. Cambiamos la expresión, “para las motiladas que me faltan”, por Señor, “permíteme vivir muchas navidades más”. Será que nos volvimos más sentimentales, sensibles, emotivos, pero estos tiempos son extraordinarios, no sé si es fe o novelería, pero es mucha la gente que se ve en estos días. Antes solíamos escuchar, vamos donde los abuelitos, que puede ser la última navidad, hoy son ellos los primeros que salen, los mayorcitos no nos quedamos en la casa, ni de fundas, la vida empieza afuera, en esta época nos comemos la natilla de la existencia, sin dejar nada, ignorando los índices de colesterol, viajamos, compramos los regalos para los nietos, hermanos, sobrinos, que felicidad tan grande es poder dar algo y más todavía, recibir un regalo, en nombre del niño Dios, eso es sanador, reconforta y revive el amor. Bailamos, bebemos, total, mire, no fue la última, aquí seguimos, gracias al Señor.

La cereza que adorna el pastel, es la música decembrina. Llevo mas de setenta pesebres oyendo lo mismo, el año viejo siempre me deja lo mismo, faltan cinco pa´ las doce, y donde estarán los regalos que no me trajo el niño Dios. Los doce cañonazos vigentes, en compañía de los cincuenta de Joselito, como será que Gustavo Quintero esta más loco, Agustin y Joaquin Bedoya le siguen dando aguardiente al chofer, afortunadamente ya se enriqueció el arruinao de Gildardo Montoya, no le devolvieron la mujer a José, y todavía hay cupos en el manicomio de Vargasvil. Mejor dicho, aquí me coge el año nuevo mencionado esa música tan buena, y es la única que persiste, resiste y no desiste ante los embates del reguetón.

Gracias señor por esta navidad que ya pasó y el año viejo que estamos por despedir, que continue la misma tónica de alegría en el amor, la paz y la unidad familiar. Felices pascuas.  


Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.