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Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya
Nosotros también tuvimos veinte años y nuestras vidas florecieron. Y aunque no éramos mayores de edad, podíamos hacer muchas cosas de los adultos. Para la época, una persona de veinte años, era “hecho y derecho”, podía entrar a muchas partes, y había muchos casados y con hijos. O estudiábamos en la universidad. Mi compañero Fabio, salió Agrónomo, a los 24 años. Pero había compañeros o vecinos que hicieron más rápido las tareas de la vida, se casaron a los 18 años, fueron padres ese mismo año, abuelos a los 38, y bisabuelos a los 60 abriles. Nos cogieron mucha ventaja, y faltan datos de otros municipios.
De niños nuestro mundo era sensorial, era lo que apreciaran nuestros sentidos, en gran parte audiovisual, el tacto también era muy importante. Con el olfato y el gusto nos encontramos ya grandecitos, y con los sentidos propioceptivos, ya adultos, como son el equilibrio, la cenestesia, el sentido del humor. Pero un día, un gran día, sentimos algo extraordinario, una fuerza interna que nos impulsaba a hacer cosas maravillosas, era el contacto con la belleza, apreciamos la naturaleza en todo su esplendor, una mata de café era mucho más que ese arbusto.
Le encontramos sentido al canto de las aves, al ruido del agua del rio. Al verdor de las montañas, al azul del cielo, a las nubes, muchas veces vimos figuras y conversamos, o inventamos historias con ellas. Pasamos de un mundo sensorial, al universo de las emociones y se nos dio la libertad de vivir en el país de los sentimientos, y poder expresarlos. Aparecieron los poemas hechas canciones, y vivimos en tercera persona, vidas llenas de amor y pasiones.
La vida nos dio la gran oportunidad de convivir con muchos poetas y clásicos escritores, representantes de las letras caldenses. Fuimos compañeros de trabajo docente del poeta Baudilio Montoya, en la escuela de la Bella, paisanos y amigos de Bernardo Pareja de Quimbaya, de Luis Carlos Flores y Jairo Baena Quintero, “coleguita” de Montenegro, Mario Sirony Vega, Alonso de la Guardia y Oscar Piedrahita González. Me falta espacio y vida, para mencionar la pléyade de ilustres poetas, escritores y músicos que nos acompañaron en nuestros años mozos. Calarcá fue llamada “tierra de poetas”, el Quindío fue el principal representante del “grecoquimbayismo”.
La poesía hecha boleros y bambucos, nos alegraron el alma, y elevaron el espíritu a las regiones del infinito. Decían por nosotros, lo que sentíamos por aquella. De verdad, éramos enamorados y respetuosos de la vida. Porque como se decía por estos lares, “de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”. Fuimos admiradores, seguidores, compañeros de lucha de poetas y escritores clásicos, revolucionarios, románticos. Hasta “nadaistas” fuimos.
Era una época gloriosa de las letras, de la poesía y sobre todo de la música, que necesitamos mucho espacio y memoria, para poder hacerlo sin caer, en olvidos involuntarios. Era como si hubieran abierto un bazar gratuito, donde podíamos todos ir a beber la intelectualidad reciente de la vida. Claro, hablo de los años 60 al 80. O como decía el poeta modernista payanes, Guillermo Valencia, los colombianos, “sacrificábamos un mundo por pulir un verso”.
Hoy damos gracias al Altísimo, por habernos permitido vivir esa época de música, poesía y letras. Muchas presentaciones, conferencias, periódicos, revistas, talleres literarios. Nos visitaban muchos escritores, poetas, artistas y aquí encontraron refugio y vida amable, muchos de ellos. Tengo que resistirme a mencionarlos por temor en caer en olvidos imperdonables.
Vivimos al máximo, expresamos por sí mismo o a través de los poemas toda nuestra vida sentimental. Hicimos realidad, “somos seres espirituales con pocas experiencias humanas”.
Y hoy, me contaron las malas lenguas, que tu visión está muy disminuida, que tienes que utilizar audífonos por tu baja audición, que tuviste una operación de tiroides y no puedes hablar mucho y muy pasito, que perdiste el olfato, que sufres de insomnio, que no asistes a conferencias por problemas en la cadera. Que tu movilidad esta reducida, caminas lento, de canas se pobló tu cabello, te reúnes en el mismo sitio casi todos los días y con los mismos, viajas poco, tu hablar es pausado y una vez te quedaste dormido en una conferencia. Verdad qué tuviste un infarto, pero sigues caminando, ya poco, pero lo sigues haciendo, y se te ve bien. O sea que tu mundo sensorial está muy disminuido, pero te queda un universo de emociones por explotar.
También me contaron que eres una cajita de música, hablar contigo es muy rico, eres la amabilidad en pasta, dulzura hecha persona, y atiendes. No has dejado de ser maestro, siempre estás enseñando. Que a pesar de no escuchar bien y no querer usar audífonos, vas a conferencias, pones mucha atención, y te ríes cuando todos se ríen. Te preocupas por nosotros, para ti mis alegrías o preocupaciones también son tuyas. Sabemos poco de tu vida, pero lo que refleja en tu rostro es paz, tranquilidad, comprensión, sentimiento, eres un adulto mayor, en el país de los sentimientos y su capital se llama Amor responsable.