Traducido por Luis R Castellanos, de HappyOnPurpose
Disfruto enormemente del proceso de superación personal. ¡Elaborar y revisar listas de lecciones aprendidas y metas ambiciosas —tanto personales como profesionales— es una de mis aficiones favoritas!
Sin embargo, la lista que consulto con mayor frecuencia es la que aparece a continuación.
La llamo mi «Lista de verificación de la felicidad» y en ella figuran esas prácticas diarias —sencillas, gratuitas y, en su mayoría, fáciles de realizar— que me ayudan a sentirme querida, respaldada, plena, sana y en paz conmigo misma y con el lugar que ocupo en el mundo.
Llevo esta lista en el teléfono. Siempre que me siento desanimada o irritable, reviso cada punto para ver qué he descuidado o pasado por alto. A menudo, basta con un pequeño ajuste —como tomarme un respiro, hablar con una amiga o simplemente dejar que el sol me dé en la cara— para sentirme mejor.
Es un buen recordatorio de que, si bien no puedo controlar lo que el mundo me depara, sí hay muchas cosas que puedo gestionar.
Porque, al fin y al cabo, mi mayor anhelo y objetivo —aunque nunca llegue a figurar en ninguna de mis listas— es ser feliz…
- Dormir. Seguir la rutina que me funciona: acostarme a las 9 p. m., leer un buen libro hasta que me entre sueño y despertarme entre las 5 y las 6 a. m.
- Soledad. Me siento más tranquila y a gusto cuando protejo la primera hora del día para estar a solas practicando meditación en silencio (10-12 minutos al despertar), gratitud (simplemente escribir «gracias»), afirmaciones («soy amada» es mi favorita) y escritura en el diario (tres páginas a mano).
- Sol. Poner la cara al sol cada mañana y durante la gloriosa «hora dorada» de cada tarde. ¡Especialmente en la penumbra del invierno!
- Personas. No pasar ni un día sin ver e interactuar con otro adulto. Esto puede ocurrir cuando me aíslo para escribir. Las reuniones por Zoom, los mensajes de texto y las llamadas telefónicas cuentan, al igual que saludar a la gente en la oficina de correos, en el supermercado o en la calle. Numerosos estudios, incluido el estudio sobre la felicidad humana más longevo del mundo, han demostrado que las relaciones sólidas y cercanas son la clave de la felicidad y la buena salud.
- Movimiento. Mover el cuerpo de alguna manera todos los días. Una caminata o un paseo en bicicleta de veinte minutos está bien, aunque jugar con otras personas es lo ideal. Cuando el tiempo escasea, cinco minutos cuentan… ¡y nunca saltarse las sentadillas en la ducha!
- ¡Diversión! Las responsabilidades de los adultos a menudo chocan con las tonterías y la diversión, y la risa puede volverse esquiva. Hacer de pasar tiempo con amigos una prioridad y buscar distracciones y alegría. Ideas: ver clips de SNL, una comedia de televisión o una película divertida; cantar un clásico de los 80, leer la sección de humor de The New Yorker, organizar un partido de tenis, llamar a un amigo para charlar y pedirles a los niños que me cuenten un chiste.
- Trabajo gratificante. No dejar de lado el trabajo que disfruto por tareas rutinarias o cosas que siento que «debería» hacer. Me encanta escribir, investigar, organizar y analizar. Hacer al menos una de estas cosas cada día.
- Ordenar. Dedicar cinco minutos a despejar la encimera de la cocina u ordenar una habitación me ayuda al instante a relajarme, pensar con mayor claridad y respirar mejor.
- Ocio de calidad. Desplazarme sin rumbo por las pantallas me hace sentir mal y perezosa. Ver una serie o película excelente, leer un libro absorbente, visitar un museo, asistir a una obra de teatro, recorrer una tienda con una selección cuidada o dedicar tiempo a una afición —como el tenis, los rompecabezas, la acuarela o el mahjong— resulta revitalizante e inspirador.
- Comer (y beber) bien. ¡Esforzarme por planificar tres comidas deliciosas que me ilusionen es un secreto de mi felicidad! Y, aunque me encanta una copa de Sancerre bien fresca, duermo, me siento y me veo mucho mejor cuando no consumo alcohol.
- Limitar las noticias. Mantengo las notificaciones desactivadas y evito caer en la dinámica de consumir demasiadas noticias: todo es negativo. Mi límite para informarme es de una hora al día; más tiempo que eso me deja inquieta y ansiosa.
- Descansar. ¡La voz en mi cabeza que dice que debo trabajar sin parar se equivoca! Trabajo mucho mejor cuando me tomo descansos frecuentes, especialmente para hacer algo divertido.
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