Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya C
En días pasados, con ocasión de las fiestas aniversarias, aparecieron por el centro comercial vecino, unas ilustres visitantes, un par de hermosas y bien vestidas gitanas, autenticas, extranjeras, mochila wayúu, finos accesorios, celulares de alta gama, con porte, figura distinguida y tuvieron con nosotros la deferencia de leernos la palma de la mano, por solo $50.000.
Y se nos vinieron a la mente, mientras veíamos la cola para acceder a sus servicios, recuerdos de cuando a hurtadillas y a escondidas de padres y maestros, conversábamos sobre esoterismo, masonería, de espiritismo y brujería, con el tio Libardo quien sabía mucho y tenía libros relacionados con esos temas. Conocimos y frecuentamos damas que leían la mano, el tabaco, el cuncho del café, los tres huevos debajo de la cama, interpretaban los sueños, el significado de la letra, las cartas, el tarot, las runas.
Las señoras que adivinaban la suerte eran verdaderas instituciones en los pueblos y en Armenia también. Aquí las teníamos en el barrio Rincón Santo, en los Quindos, en el Popular, en las sesenta casas, y las más famosa, fue la llamada “Maria Cenizas” en la antigua salida para Calarcá, cerca de la estación de servicio la Vuelta, usted la visitó, doña Miriam, cierto. Tuvimos todo un varón que adivinaba la suerte, el popular Miguel Ángel Cubillos, “Milcubillos”, tenía su “consultorio”, en la carrera 15 con calle 23, donde nació la Ventanilla Verde. Estas damas eran muy acertadas, atinadas, pero todo era subrepticio, como sería su aceptación que mi mamá, que era una santa, fue una vez a su consulta, solo por curiosidad, mijo.
Caemos en un llanito encantador que eran las predicciones, adivinar la suerte. Ese era nuestro deporte favorito. Nuestros mayores no hacían nada sino consultaban con su “brujita” de confianza, o con los astros, en especial con la luna, después con el almanaque Bristol. En su carriel tenían amuletos, un retrato, el primer billete, una moneda, una carta, hasta un cabello de esa niña querida, y eso daba fuerza para enfrentar el presente y allanar el futuro.
Y entre ese amplio portafolio de oportunidades para predecir el futuro, aparecieron en el escenario las gitanas que, en mi natal Montenegro parecían que brotaban de la tierra, hasta un campamento tenían en la vereda Pueblo Rico. Bajaban al pueblo a adivinarle la suerte a los pueblerinos, y a vender vasijas muy bonitas en cobre y otras artesanías, y a “llevarse niños y niñas para su tierra”. Tuve contacto con una gitana llamada María del Carmen, hermosa para mí edad, de ojos carmelita, hablar pausado, cariñosa, amable, cautivadora, coqueta, me embelesaba mirándola, oyéndola, me derretía con su contacto cuando me cogía la mano para leerme el destino, que me interesaba muy poquito, me importaba verla y sentirla cerca.
Recuerdo eso sí, que me habló de la longitud y profundidad en la línea de la vida, y que la mía indicaba mucha vitalidad y buena salud, y sobre todo no aparecían enfermedades heredadas de mis padres y abuelos. Que era continua y sin interrupciones o divisiones, que tenía cuatro sectores bien definidos. La primera etapa de la vida está muy clara, tranquila, definida, profunda, gruesa, un ser en formación. El segundo sector ya tiene escisiones, ramificaciones, sombras alternas que indican penumbras en el carácter, debilidades, decepciones, frustraciones, ambiciones desmedidas, malas compañías, pero también sobresalientes que indican grandes éxitos y triunfos. En el tercer periodo vas a sufrir grandes pérdidas, rupturas irreparables, pero tienes un poder mental ilimitado y, sobre todo, mucha fortaleza de espíritu, que te ayuda a sobrellevar todas las dificultades presentes, eso te va salvar. Y me preocupa, observa, este último tramo de tu línea, parece un nudo gordiano, se convierte en un ocho, muy opaca, entreverada, confusa, desértica, con muy poca luminosidad, pero termina, mira esto, amplia, en un gran arco iris, es la luz de tu espíritu.
Mi escasa apertura mental no me daba para entender la magnitud de su predicción, y cómo hacía para ver y leer tantas cosas en donde solo se veía una línea, muy larga y tenue, en mi mano pequeña e infantil. Hoy viendo esta versión moderna de gitana y con la mente ya cansada de tantas lecturas, entiendo que es un don sobrenatural, esotérico, y fuera de lo común. Y todo lo que aquella gitana leyó en la palma de mi mano, se ha cumplido a cabalidad.
Esa distinguida y elegante gitana, era una mujer muy hermosa, para mi edad, distante, lejana, profesional, seria, olía bien, me volvió a leer, no el futuro, el presente y me repitió como una fotocopia sonora, la presencia de ese nudo gordiano en la última etapa de esta vuelta al mundo en ochenta años. Pero muy excitada y alegre me recalcó, mira el arco iris como nace en el atardecer de los años, muy esplendido, tienes mucho para recibir, pero mucho más para dar. No te preocupes por el futuro todo lo tienes resuelto, hoy.
Porque es tan poderosa la influencia del presente que parece que el futuro, si llega está bien, es ganancia como dice Gabriel. Entonces para qué predecirlo, con solo ver cómo es tu presente sin necesidad de leerte la mano, las cartas, el tarot, el tabaco, o el cuncho del café, se cómo es tu futuro. Me cuesta trabajo creer esto que estoy diciendo, como se estará revolcando en la tumba, don Ramón Mesa que fue el más grande futurólogo del Quindío oyendo esta diatriba, me diría, “escupa esa herejía”, joven.
Genial
Gracias Francha.