Desde el séptimo piso, por Don Faber Bedoya C
TenĂamos un mes de casados cuando tocĂł a la puerta Leonardo, un familiar mĂo, era un sábado, temprano en la mañana, nos pidiĂł posada, y además que le tuviĂ©ramos este tarro de “Saltinas la Rosa”, lleno de billetes de la Ă©poca, 1970. DurmiĂł poco, sacĂł del tarro unos billetes y se fue. Ese dĂa supimos que era un jugador empedernido, de juegos de naipes, pĂłquer, rummy, tele, y dados. TodavĂa no habĂa la proliferaciĂłn de casinos, al menos en Armenia, existĂan sitios “semiclandestinos” donde se reunĂan los señores a jugar y fuertes sumas de dinero. El más famoso, “la cueva” de don Luis Eduardo Giraldo, situado en la carrera 16 entre calles 23 y 24.
Al caer la tarde volviĂł Leonardo, nos pidiĂł el tarro y sacĂł muchos billetes más, nos ofreciĂł un licor fino, que le regaláramos un tinto, y como vino saliĂł. Pero por la noche volviĂł y se llevĂł el tarro con los billetes que quedaban y nos dejĂł un pollo asado que traĂa, de recuerdo. Supimos despuĂ©s que era un tahĂşr profesional y se lo llevaban los grandes apostadores, para Buenaventura, a participar en jugarretas de varios dĂas, con el más grande comerciante de pescado en Armenia, siempre nos trĂa regalos y que le guardáramos baldes llenos de plata. Los cuales nos iba pidiendo, a medida que se le acababa “la menuda”, como el decĂa, todavĂa tenemos por ahĂ un balde de esos, bien sellado.
Los juegos de azar hacen parte de nuestro ADN, de nuestra idiosincrasia, del ser colombianos, eso lo llevamos en la sangre. Claro hay excepciones, doña Ayda, mi madre y doña Olga mi esposa, nunca en la vida, jugaron. Y conocemos de muchos más, pero el resto de los quindianos jugamos, aunque sea parquĂ©s o dominĂł. La loterĂa, el chance, son aficiones, para otros, adicciones, preferidas por nosotros, siguen los casinos, que son palabras mayores, las maquinitas, los video juegos, el bingo, las rifas municipales, y lo que está de moda hoy, las apuestas deportivas.
En el QuindĂo hay más de 500 puntos de venta de chance oficial de la loterĂa del QuindĂo en concesiĂłn, y cada uno tiene una vendedora, hay puntos con dos, y hasta tres, o sea que genera mucho empleo. Diariamente se juegan dos loterĂas, llamadas principales con excepciĂłn del miĂ©rcoles y viernes que se juegan tres, y 21 apuestas diarias, en la mañana, medio dĂa, en la tarde, en la noche, y dos astros, sol, en la tarde y luna, en la noche. Se pueden apostar a las cuatro cifras, la tres, las dos es la “pata”, y a una cifra, llamada “uña”. Se hace pleno, o combinado, y la apuesta va desde cien pesos, y la hoja vale 600 pesos, como mĂnimo. Este juego oficial le aporta a la seccional de salud varios miles de millones de pesos anualmente. Los bingos y los casinos son establecimientos muy concurridos, existe en un centro comercial un enorme casino, con 105 maquinitas y 20 mesas de juego. En Armenia hay, oficialmente reconocidos, cerca de diez casinos y sabemos que en todos los pueblos del QuindĂo hay como mĂnimo un casino. En cada pueblo hay “rifas municipales”, en las cuales rifan, muebles para la casa, para el mercado de una semana, motos, viajes y nos aprestamos para la famosa “lechonada, rifa navideña, o el desenguayabe,” que se rifa en diciembre, incluye de todo, un marrano vivo, aguardiente, y todo lo necesario para hacer una fiesta decembrina, se rumora que este año va a incluir una señora que ayude en los oficios domĂ©sticos.
Precisamente, estábamos nosotros dos jugando parquĂ©s, cuando nos llegĂł un marconi a la casa, vivĂamos en la calle 17 entre carreras 13 y 14, invitándonos al matrimonio de Leonardo, mi familiar, con Graciela su compañera de juego, quienes se habĂan comprometido en una noche fabulosa de ganancias, y Ă©l le dijo ”casĂ©monos” y ella le dijo si, “y el sábado, Âżle parece?”, si”. Los esperamos el sábado a las siete de la mañana, en la iglesia del Carmen, nos va a casar el padre Enrique Gonzales, ustedes son los padrinos, los espero, es verdad, no es caña.”. Fue verdad y completan 48 años de casados, no fue un bluff. Y desaparecieron del mapa, sabĂamos de vez en cuando de sus hazañas de jugador profesional, con muchos Ă©xitos, fracasos, caĂdas, hasta quiebras ruidosas, huidas, regresos exitosos. Nos enteramos, porque nos invitĂł, a la inauguraciĂłn del “Bingo casino Armenia”, situado en el quinto piso de un edificio en la carrera 17 con calle 23, frente al “cafĂ© destapao”, en donde era administrador y codueño. De verdad. En el terremoto este edifico se vino completo al suelo y ellos quedaron en la fĂsica ruina. TenĂan sus ahorros y sobrevivieron.
Si bien hemos sido ajenos al juego, en esas altas expresiones, como el casino o los de mesa en garitos, no nos hemos escapado al fabuloso juego del billar. Lo practicamos desde jovencitos, jugamos billar de carambola libre, al cuadro, regadera, plato. Billar pool, y su amiga la “ficha”. Muchas veces nos sorprendiĂł el dĂa jugando en el cafĂ© BolĂvar, Niágara, Ben Hur, Pacifico, Continental, el Caucayá o viendo jugar en el máximo templo, donde solo jugaban los profesionales, que era el cafĂ© Piel Roja. Viendo jugar al señor Restrepo, haciendo tacadas de 100 carambolas, o las fantasĂas del “oso Bernal”, o al campeĂłn de billar al cuadro, Mario Criales. Ya apareciĂł el billar a tres bandas y seleccionĂł el personal, salimos “de taquito” muchos jugadores de billar aficionados.
TenĂamos 20 años de casados cuando tocĂł a la puerta Leonardo, un familiar mĂo, era un sábado, temprano en la mañana, nos pidiĂł posada, venia solo, acabada de llevar la señora y al hijo donde su suegra. “cĂłmo le parece, ustedes sabĂan que yo era codueño de un gran casino y esferĂłdromo en Pereira, eso era muy grande. Y para abreviarles el cuento, nos allanaron, a mĂ me avisaron y me pude volar antes que llegara la policĂa, no sĂ© en quĂ© parĂł el asunto, lo perdĂ todo, mi hermano, valgo lo que tengo puesto”. Usted se acuerda, le dije, de una vez que vino de Buenaventura y me dejĂł un balde para que se lo guardara, ahĂ está, tal cual usted lo dejĂł. Lo cogiĂł estaba lleno de plata, me abrazaba, me daba las gracias, dejĂł unos billetes y se fue. Nos enteramos despuĂ©s que se habĂa ido para los Estados Unidos.  Â