Oportunidad para cambiar, que lo único viejo que quede, seamos nosotros


Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya Cadena


En la sesión pasada un compañero del grupo dijo que, se quería salir de la asociación porque y esbozó una serie de razones que al final, el mismo concluyó que no eran nada satisfactorias, ni justificaban decirle adiós a un grupo de veteranos que lo único que esperamos de la vida, es compañía. Está bien de salud, económicamente mejor, buen caminante, juega futbol recreativo, asiste a las actividades programadas, vive solo, es separado en segundas nupcias, muy sociable, tiene muchos amigos y un grupo, con el cual juega billar tres veces a la semana, solo toma cerveza y muy pocas, después de haber sido un buen exponente del consumo de licor. Su vida parece muy normal, en el barrio es apreciado, pero desde hace algún tiempo se alejó de todo, de nosotros, sale más bien poco, y no asistió a la asamblea ordinaria.

Esta situación nos llevó a hacernos serias reflexiones sobre la Asociación y lo que algún tallerista un día nos habló, de la “fatiga del metal”, para asimilarlo al cansancio, la monotonía, la falta de actividades innovadoras, en las cuales caen algunos grupos de adultos mayores. Y es que la edad es una variable intermediaria, que no se manipula, ni se mide, pero infiere en todos los resultados, es determinante. Luz María, las más antigua de los funcionarios activos, cuando se jubiló, ingresó al grupo y era la más joven, pero hoy diez años después, se pierde en el marasmo de los calendarios trasegados, parecemos todos tan iguales, que causa es risa. Algo es común, somos especialistas en sensibilidad humana y eso nos ayuda a conservar la vida en comunidad.

Nos preguntamos entonces, ante tanta literatura para los adultos mayores, cuales son realmente nuestros intereses, qué nos mueve a vivir bien, pero sin eufemismos ditirambos ni arabescos. Y por muchas vueltas que le demos, por más que se quiera adornar, eludir, inventar términos o conceptos, lo importante para nosotros los veteranísimos, los mayores de 75 años, es la salud. No hay Santa Lucia que valga.

De joven era pobre, empezó a contarnos Luis Miguel, que siempre habla con chistes, y después de muchos esfuerzos, trabajos, superación, deje de ser joven.

En el Quindío hay muchos grupos de adultos mayores que cuentan con numerosos afiliados y cuyos objetivos son procurar el bienestar, la integración social y defensa de los derechos de los adultos mayores jubilados y pensionados de la región, mediante la realización de conversatorios, tertulias, paseos, integración recreativa. Realmente ofrecen gran variedad de programas y desde hace unos años la preocupación mayor, ha sido la salud mental tan deteriorada que presentan muchos de los afiliados, esto es nuevo para todos. Fatiga, cansancio, stress, depresión, aislamiento, son los más notorios síntomas de un problema en crecimiento acelerado. Y Luis Miguel intervino para contarnos que a él le pasó un caso muy impresionante, porque estaba en un local tomándose un cafecito y llegó una mujer desnuda y los atracó, pero no pudimos denunciarla porque nadie le vio la cara.

A este compañero le sucedió algo que nadie se explica que le pueda pasar a un hombre tan curtido en la vida. “Sucede y acontece”, como dicen los muchachos, que lo llamaron, con nombre propio y le propusieron un préstamo sin más requisitos que su cédula, “fácil, muy fácil”, los pagos eran diario, semanal, quincenal o hasta mensual, como le quedara fácil, mi señor. La entrega era inmediata. Y aceptó, pactó las cuotas semanales, a espaldas de su esposa, nada raro, era infiel en la parte económica, todo el tiempo. La pensión de Luis Miguel es modesta y no tiene adicciones conocidas. Pero sigue contando chistes, un cliente le pide al cantinero otra copa, señor, no, ya ha bebido suficiente, no, pero deme una copa de suficiente, a ver a que sabe. Y para abreviar bien el cuento, se atrasó en las cuotas que las pactó semanales, hizo abonos, la cuenta creció de manera exponencial, pagaba o pagaba, y la cuenta ascendió, pocos nos enteramos de esta situación. Apareció otro que le ayudó, en las mismas condiciones, aceptó, se puso al día con el primero, pignoró la prima, abonó, pago al primero. Se liberó de ese, pero le quedó otro, se reventó, se derrumbó, no pudo más, la cooperativa de la entidad, le dio la mano, pudo cancelar todo y aprendió con mucho dolor.

Salió adelante, hoy nos enteramos de esto que sucedió hace cinco años y lo matiza con chistes, como este que dice, a mi pasó todo eso, me arrepiento enormemente, por no escuchar el consejo que me dio mi padre, y cual fue, pues no sé, no ve que no lo escuché.

Si, oyendo la historia y entre chiste y chiste nos olvidamos del tremendo problema que está significando nuestra salud mental, la de los mayores de 80 recetas, agravado con el terremoto. Estamos vivos y es mucha ganancia. En el pasado sismo fueron las estructuras las que sufrieron, en este fue el envoltorio, los muros, técnicamente la mampostería. Pero igual tenemos que evacuar, mudarnos, cambiar de residencia por, mínimo, seis semanas, hacer un trasteo temporal, o como mínimo, pasar unos muebles, enseres, ropas, trebejos, papeles, infinidad de “chécheres” almacenados por 35 años que hace que vivimos en ese apartamento, a otro sitio, a la sala, y al comedor, mientras organizan las piezas y después volverlas al sitio, mejor dicho, algo que supera la mente cansada de este sedentario octogenario.

Y lo peor, convenza a la doña, que es oportunidad para botar muchas cosas inútiles, para estrenar muebles, que lo único viejo que quede, sea este ilustre amigo y servidor, si es que sobrevive, anotó Luis Miguel.


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