Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya Cadena
Cuántas veces en la vida escuchamos decir “se lo advertí, se lo dije en mil formas, pero no entendió, nunca me hace caso, parece una vaca topa que no pone cuidado pa´ donde va”, y usted y yo sabemos de muchas otras peroratas que nos dijeron nuestros padres, amigos, el cura, el profesor. De niño todos nos regañaban, mandaban y a pocos acatábamos, pero aprendimos a decir, si señor, claro que sí, ya voy. Cierto obedecíamos, pero no cumplíamos, hasta que nos pillaban y la reprimenda era segura, por desobedientes.
De jóvenes todos nos aconsejaban, nos sugerían, íbamos a retiros espirituales, el colegio tenía consejeros, psicólogos, el director de grupo, los compañeros de grupos superiores, la vecina del lado, la aspirante a novia y su respectiva mamá. Los que nos criamos en el barrio la Pola de Armenia, y me imagino que en otros barrios también, tuvimos un ramillete de buenas personas metidas en nuestra vida, tanto que una vecina le decía a mi mamá, “déjelo que salga a la calle, para que el municipio le ayude a criarlo.” Todos los valiosos y acertados consejos o sermones que nos daban nuestros mayores, de vez en cuando los escuchábamos, porque generalmente “nos entraban por un oído y salían por el otro”, esas advertencias, para piedra nuestra, siempre acertaban, “esa muchacha no me gusta, ese joven me da muy mala espina, aquel, la carita le hace el sumario, y es que usted no conoce la familia de donde viene ese amiguito suyo”, y fijo, todo resultaba como ellos decían, y el totazo quedaba como experiencia dolorosa.
Cuando fui un adulto joven y bello, en pleno uso de mis facultades físicas y mentales, recorrí todos los caminos que predecían el porvenir. Fui lector y seguidor de Nostradamus, el Rosacrucismo, de la santería criolla, de Lompsan Rampa, del Kybalion, la Nueva Era, los ángeles, del libro de Urantia, del Curso de Milagros, se me escapan muchos, cuestión de espacio, o será de edad. Estudié cartomancia, quiromancia, me leyeron y llegué a leer las cartas y la mano, sabía interpretar los sueños, asiduo visitante de la brujita Margarita, eso fue una herencia que me dejó mi papá, lo mismo que las visitas donde don Ramon y los doce apóstoles. Llegué a escribir horóscopos, pagados, lector de Linda Goodman, “los signos del zodiaco y su carácter”, las runas, los espejos, la meditación profunda, el Feng Shui. Como nunca fumé, no aprendí a leer el tabaco, de malas.
Después estudié Psicología y tengo un científico portafolio de tests de personalidad, capacidades e intereses, soy Magister en Orientación y Consejería Escolar, de la UPN, Bogotá, 1972, con énfasis en orientación vocacional y profesional, sugiriendo qué carrera, de acuerdo con las capacidades e intereses, debería seguir el bachiller. Fue un trabajo de largos años y tengo muchos testimonios de esa labor, cierto doctor Rafael. O sea que, durante ese largo periodo, el predictor con bases metafísicas se tomó un respiro, archivó todos esos libros y me dediqué al estudio profundo del comportamiento humano, desde la psicología cognitiva, de la forma, transicional y sus derivaciones actuales para tratar ciertas desviaciones de conducta. En el fondo, como dice una profesora, “si quiere saber cómo será tu futuro, mira tu presente”, y la verdad es que la juventud de hoy es muy predecible, temporal, solo por hoy, de recompensa inmediata, y percibe el futuro con incertidumbre sobre todo económica, y esperanza activa marcado por la tecnología y el cambio social.
Existen en la actualidad estudios sobre los estudios de las visiones futuristas de los jóvenes de hoy. Sobre su inestabilidad, dependencia, el trabajo del mañana, la ansiedad generada por la presión de tener éxito, las crisis de identidad ante un mundo que cambia muy rápido, posponiendo decisiones tradicionales como la de formar una familia, actitud frente al cambio climático y ya con nombre propio y sin tapujos, la influencia de la Inteligencia artificial, que ya está metida en todo.
Entonces se necesita de mucha autoridad para hablar con un niño, peor con un joven, sobre “qué quiere ser cuando sea grande”, las respuestas que uno escucha son descrestadoras, autosuficientes, innovadoras, satisfactorias para ellos, pero que nos dejan en el aire a los mayores que las escuchamos. Quiero estudiar Ingeniería aeroespacial en Estados Unidos, yo quiero ser “Influencer”, una carrera técnica corta, para vincularme pronto al trabajo, “el estudio universitario no es necesario, le oímos decir a un dirigente político”. Menos decirle las frases que nos decían nuestras madres, “esa muchacha no me gusta, ese joven me da muy mala espina, aquel, la carita le hace el sumario, y es que usted no conoce la familia de donde viene ese amiguito suyo”, A qué horas podemos hablar con nuestros nietos, están muy ocupados con los cantantes de moda, o los coreanos excelentes que nos visitan.
Será que también la bola de cristal, el tabaco, las cartas, las runas, el tarot, los tenemos que archivar, o a la mejor hace rato están en desuso y nosotros no nos habíamos dado cuenta.
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