Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya C
Es lugar común escuchar que los niños de hoy, vienen con un chip muy avanzado, con la tecnología debajo del brazo, en lugar del pan como nosotros. Un niño, o un menor de edad, en la actualidad, nos lleva una ventaja enorme, y gozan de privilegios especiales. Ser joven es muy exigente, para un hombre o mujer maduros resulta difícil adaptarse y comportarse acorde, con los dictámenes del aquí y el ahora, y ser viejo, hoy, es un milagro, resultamos anticuados y relegados a los contemporáneos.
Como será que lo único valioso, en este momento, es el presente. Nosotros eso lo oíamos desde hace ochenta y pico de años, pero pensábamos que era invento de los poetas, pero ahora que lo vivimos en carne propia, en vivo y en directo, tenemos que aceptar que esa es la realidad verdadera. Porque el pasado ya se fue y nada ni nadie lo puede regresar, es historia, final, final, no va más, como dice el locutor deportivo. Y el futuro no ha llegado todavía, no podemos contar con él. Nosotros, los entrados en años somos felices cuando decimos, mañana nos vemos, o la cita es dentro de tres meses, o el próximo partido de la selección es en octubre. Es como una autorización para prolongar la vida, tener muchos meses más de existencia, con esta tienda terrena, que es nuestro cuerpo.
El solo por hoy es una filosofía, un estilo de vida.
Pero sin llevarlo a los extremos como lo hacen los muchachos de hoy, y uno que otro adulto mayor, todo lo realizan como si no hubiera un mañana. A la carrera, no importa el proceso, solo los resultados, cuénteme el desenlace, no la historia, es que se demora mucho ese cuento, que pasó al final y adelantan la película. Cuando lo encantador para nosotros, es la narración, toda esa prosa hecha realidad, en la voz de un patriarca. Claro sin repetir varias veces el mismo cuento y ante la misma audiencia. Entonces el pasado empieza a cobrar vida e importa, pero solo un ratico, lo volvemos a guardar en el baúl de su mamita, y hasta luego.
Nosotros, los muchachos de antes, lo único que teníamos era futuro. Todo gravitaba alrededor del mañana. Coma bien para que crezca, pórtese bien para que el niño Dios le traiga regalos y estábamos en febrero. Esto es para su cumpleaños, era en octubre y apenas era febrero, el día de la quema se ve el humo para decir que en los exámenes finales nos veíamos, y apenas empezamos el año. Tenemos un amplio portafolio de expresiones para significar que desde que se levantaba estábamos pensando en acostarnos, desde el lunes se hablaba del domingo, desde marzo de la Semana Santa, de las vacaciones de mitad de año, y desde “septiembre la música de diciembre”, para pagar con la prima de junio.
Eso es como un estigma para nosotros, que le vamos a hacer, si nos enseñaron a creer que, si Dios nos presta la vida y la salud, podemos disfrutar de ese mañana. Porque son muchos los que no saludaron este nuevo día, nuestros padres, un hijo, todos mis tíos paternos y maternos, algunos primos hermanos. Muchos compañeros de estudio, de trabajo, niños, niñas, jóvenes, menores o mayores que nosotros, eso es mucho decir.
Ya lo que hay en estos días, es como un fanatismo por el solo por hoy, adictos al presentismo. Bueno es revueltico, traer del pasado recuerdos agradables, esas tardes pasadas en tu compañía, cuando solíamos pasear por el parque, vivir el presente claro, con todas las aristas que nos trae, toda vez que la realidad actual hace rato supero la ficción, empaparnos de noticias, así sean toneladas de lechonas, y algo más, de cada día.
Pero no cercenemos el futuro, como no pensar en esa cita de mi EPS, para el 5 de noviembre del 2025, los exámenes de laboratorio para, lo tengo anotado en el tablero donde están todas las citas, el pago de la cuota del predial en octubre, la cuota extraordinaria del condominio, el giro mensual para el sobrino es cada diez, la cuota de administración, el pago de la tarjeta. Será que a eso quedó reducido nuestro futuro.
Bueno también aparece un encuentro de ex alumnos, este año cumplimos 60 años de haber salido bachilleres, un viaje a visitar el hijo en Canadá, los ochenta años de un hermano, empieza a tener otro sentido el porvenir, el mundial de futbol, los sesenta años de casados de un vecino, que lo ha anunciado con bombos y platillos. El regreso de otro vecino que ya se viene a vivir del todo en el país, el matrimonio, al fin, de un primo hermano, la llegada de otro bisnieto de una hermana.
El pasado es muy personal y el futuro también, nos pertenecen, porque el presente se volvió colectivo, terminamos todos hablando igual, hay uniformidad en el pensar, sentir y actuar, o polarización absoluta. Todo está regulado y estandarizado, hace rato se acabó la privacidad, todo lo sabemos, y si algo desconocemos, para eso está la inteligencia artificial. Ya tenemos en el sistema, cuándo se te acaba el mercado, para nosotros volver a surtirte, tienes algo nuevo que agregar.
Dime que quieres saber de ti que hayas olvidado, que nosotros lo tenemos. Y quienes somos nosotros, el bendito celular, allí está todo de ti, no existe dato que se nos escape. Y ese es el presente nuestro, actual, tirano, amo y señor. Estamos seguros que, si seguimos creyendo en nuestras mañanas, vamos a vamos a tener un pasado, para contarle a los nietos.