Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya Cadena
Nuestra historia personal, que ya consta de 81 capítulos e incontables versículos, se ha visto adornada con sucesos trascendentes, superfluos, mejor dicho, dígame estimado Guillermo, de qué tipo de experiencia quiere hablar y con seguridad, “se le tiene”. Es de cada uno, claro, pero conforman un colectivo social con hechos que cual lastre, permanecen en nuestras vidas. Como los sucedidos con la violencia partidista, la bonanza cafetera, el matrimonio, la vida laboral, el sismo del 1999, la pandemia, y el terremoto del 10 de agosto del 2026, que, parodiando al carnaval de Barranquilla, “solo lo padece quien lo vive”. Y todavía quedan vestigios de ese gran suceso del 99, historias que no hemos terminado de contar, para tener que abrir un campo grande en nuestro anecdotario, a este tremendo acontecimiento del 10, 08, 2026.
La gran ventaja que nos acompañó en esta jornada, es que aprendimos las lecciones del primer suceso, y ahora solo fueron daños de mampostería y muy poco estructural. Esos daños son muy notorios, alarmantes y en muchos edificios hay un aviso que advierte “ocupación de uso restringido, puedes ingresar con recomendaciones de especialistas”, emanado por la Alcaldía Municipal. Entonces en nuestro condominio, de 64 apartamentos y dos casas, ya se evacuaron casi todos los bloques y las dos casas, quedan exactamente viviendo 5 personas y ya dos empezaron a reparar lo daños y se estima que se demoran entre 6 y ocho semanas, la parte interna, porque de las áreas comunes todavía no sabemos nada, solo rumores, pero también están muy averiadas.
Y a pocos meses del terremoto ya empezamos a tejer historias sobre lo acontecido, como esta que, con fotos a mano, nos narró Orlando esta tarde, sentados en un muro, al frente del deteriorado Coinca1.Una corporación asociada en registros del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para programas de atención.Y a pocos meses del terremoto ya empezamos a tejer historias sobre lo acontecido, como esta que, con fotos a mano, nos narró Orlando esta tarde, sentados en un muro, al frente del deteriorado Coinca1.Una corporación asociada en registros del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para programas de atención.Y a pocos meses del terremoto ya empezamos a tejer historias sobre lo acontecido, como esta que, con fotos a mano, nos narró Orlando esta tarde, sentados en un muro, al frente del deteriorado Coinca1.Una corporación asociada en registros del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para programas de atención.Y a pocos meses del terremoto ya empezamos a tejer historias sobre lo acontecido, como esta que, con fotos a mano, nos narró Orlando esta tarde, sentados en un muro, al frente del deteriorado Coinca4.
En una esquina de mi barrio, un vecino conocido por todos, construyó un local, lo amobló, despacio, con escasos recursos y logró organizar un asadero de pollos. Todos lo apoyamos, prosperó, vendía mucho, no solo para el barrio, sino que se volvió popular en otros sectores y ese sitio fue muy concurrido y afamado en la comuna. También con despacio y con la ayuda de un maestro de obra, y unos ayudantes jóvenes de procedencia extranjera, a los cuales les pagaba con comida, dormida y algo para los gastos, levantó un segundo piso. Nunca le vimos avisos de la curaduría local. Sacó cuatro habitaciones muy buenas, las alquiló, construyó un garaje para su camioneta último modelo, y para abreviar, sin reparos y ningún aviso, construyó un tercer piso. Allí se fue a vivir con la familia, su señora y tres hijos, todos estudiantes de bachillerato. Y también construyó una terraza, donde vivían los dos ayudantes jóvenes y que fungían como celadores nocturnos.
En el barrio le hicimos el reclamo, le preguntamos por los permisos, pero don Alfredo era muy buena gente, amable, servicial, generoso, dicharachero, para todo tenía un chiste, y la respuesta era, “tengo el respaldo del concejal Jairo, que es pariente de mi señora”, todo está en regla, “nada de nervios”. Pero es que la pregunta, se refería no solo a lo legal, sino a qué bases estructurales sustentan ese edificio construido por usted y su recua de muchachos, qué columnas, vigas, tiene, o son sólo muros de amarre. Solo el primer piso tiene algo de consistencia, pero los demás, nada Y la respuesta era o un chiste o como también venda licor por las noches, “sígase y se toma algo, para este calor que está haciendo”. Y seguía muy campante ante la mirada preocupada de propios y extraños, menos de las autoridades pertinentes.
El lunes 10 de agosto de los corrientes, a las siete de la mañana todos los residentes del edificio de Alfredo como lo llamaban los vecinos, estaban afuera de la edificación, se habían ido para los trabajos y otros se preparaban para desayunar en el restaurante, “la sazón de Alfredo”. La señora llevó a los niños al colegio y guardó la camioneta en el garaje del primer piso. Y ese mismo día, a las ocho de la mañana, todos los vecinos del tradicional barrio, vimos cómo se vinieron abajo los tres pisos del flamante edificio, producto del terremoto sucedido hacía unos minutos, muy fuerte, 7,4 grados. Solo hubo un herido, la señora que se volvió a recoger el perrito y le cayó un poste en la cadera y la tiene hospitalizada, parece que se le fracturo una pierna y la cadera. El pronóstico es grave y reservado. Como tantas veces, los vecinos después que se llevaron la señora para el hospital acompañada de uno de los jóvenes celadores, están reunidos alrededor de Alfredo y lo que quedó del edificio de cuatro pisos, todavía no ha llegado Jairo el concejal familiar, quien le tramitó todos los permisos para la construcción de los tres pisos.
Queda la foto del arrume de ladrillos, de lo que fue un edificio de tres pisos y una terraza, la camioneta último modelo totalmente aplastada, fue dada por pérdida total, pero oh milagro, el primer piso está intacto, no se quebró una botella, tiene que protegerlo de los vándalos ladrones, afortunadamente el Cai5 queda a dos cuadras y ya vinieron de ronda los policías.
Ya pasó un mes del terremoto, y en una esquina de mi barrio, un vecino conocido por todos, logró reorganizar su asadero de pollos, botó los escombros, limpió muy bien el sitio y reabrió el local. Quien pase por la esquina y no sepa esta historia, allí nunca pasó nada, solo queda la señora muy delicada, parece que le tienen que hacer trasplante de cadena y una rodilla. Todo está como hace 23 años, que empezó Alfredito en su asadero de pollos.
- Una corporación asociada en registros del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para programas de atención. ↩︎
- Los Comandos de Atención Inmediata (CAI) en Colombia son unidades policiales urbanas de la Policía Nacional de Colombia diseñadas para garantizar la seguridad y la convivencia ciudadana.
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