Una vida con propósito sin importar la edad

Una vida con propósito sin importar la edad


Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya C


Cuando se terminó la reunión de nuestro grupo de adultos mayores, el jueves pasado, salimos alegres, optimistas, deseosos de vivir, con la moral en alto, y muy convencidos de que “si se puede”. Conversamos sobre el edadismo, para describir el conjunto de estereotipos y actitudes que se presupone que todas las personas de una determinada edad presentan, se comportan de igual manera y tienen las mismas necesidades o intereses. Esto es válido para cualquier edad, porque lo primero que se le pregunta a un niño, de esos actuales tan hermosos y avispados que se ven, es cuántos meses o años tiene.

La edad se ha convertido en la identidad personal, es un referente, significa mucho ser menor de edad, es importante ser adulto joven y todavía más un adulto mayor. La biografía personal se confunde con su biología, después del nombre siempre se escribe la edad.  

Y aterrizando en nuestro estadio existencial y que llegamos hasta los tiros desde el punto penal, las personas de la tercera edad estamos en el curubito, somos objeto de análisis, hay estudios de los estudios, sobre el envejecimiento. Y nos movemos en extremos desde excluirnos, invisibilizarnos, infantilizarnos, seres mantenidos, dignos de conmiseración, menos capaces, a ser modelos, paradigmas, ejemplo, o terminar recluidos en un centro de atención básica para adultos mayores. También nos creen que somos manejables, moldeables, adocenados, regalados, disponibles, fáciles, pero después de esta charla salimos transformados, listos para demostrarle al mundo, lo mucho que tenemos por hacer, los muchachos de antes.

Desde el punto de vista normativo, nosotros estamos muy protegidos por varias leyes vigentes a la fecha. La ley 1850 de 2017 tipifica y penaliza el abandono físico, psicológico o económico, estableciendo penas de cárcel para quienes descuiden a los adultos mayores. Ley 1251 del 2008, busca garantizar una vejez, digna, activa y saludable, la ley 2055 del 2020, blinda los derechos a la salud, seguridad social y vida libre de violencia. La ley 1315 de2009 regula condiciones mínimas de estadía y atención que deben cumplir los centros de protección, centros día e instituciones de cuidado, la ley 1171 de 2007 otorga beneficios directos como descuentos en espectáculos, tarifas diferenciales en transporte público, atención médica, y trato preferencial en entidades públicas. La ley 2040 del 2020 fomenta la inclusión laboral y la autonomía económica de las personas mayores que no cuentan con pensión. Además, existe el programa de asistencia Colombia Mayor, gestionado por Prosperidad Social que otorga un subsidio mensual de $230.000 para mujeres mayores de 60 años y hombres mayores de 65 años y cumplir entre otros requisitos el de pertenecer a los grupos del Sisben categorizados entre A y C1. O sea que tenemos disposiciones legales que amparan a los viejitos, para seguir siendo ciudadanos útiles y productivo para la sociedad.

Para el efecto distribuimos la temática a tratar, en tres grandes estadios, el primer grupo está integrado por el buen estado físico, mental, emocional y espiritual. El segundo, lo comprende las características de seres sociables que somos y el tercero, es tener y llevar una vida con propósito, sin importar los cuentos del edadismo.

Y lanzamos ideas para desarrollar los temas relacionados con el primer grupo, porque estamos seguros y convencidos que la vida, como los partidos de futbol, solo se acaba cuando se termina. Vamos a recopilar una lista de alimentos sanadores y liberadores de toxinas, medicamentos naturales y de fácil acceso, a tener un activismo moderado y un merecido descanso, sin llegar al “no tiempo”, tan en boga hoy en día. Cultivar la atención como buril de la memoria con hábitos transformadores, a pensar, leer y escribir para no olvidar y así actualizar la dieta mental. Teniendo como base de partida a la gratitud, el amor propio, a tener conciencia de la realidad que vivimos, a pensionar al piloto automático que no ha acompañado hasta hoy y vamos a gestionar las emociones. El estadio trascendente fue el que presentó el mayor número de ideas para su análisis, porque se convino que la espiritualidad es un estilo de vida y no un conjunto de normas o creencias, es sanación, liberación y restauración, empleando la dimensión cuántica del perdón. La paz interior es calma y sincronía y el amar es una decisión cargada de valor, caminado desde la verdad y con Dios, toda vez que, en este entre tiempo, somos administradores de bendiciones que prodiga un Ser Superior.

El segundo grupo lo conforma las manifestaciones de seres sociables que somos, personas que disfrutamos de la compañía de los demás, sostenemos una conversación, estamos rodeados de amigos, escuchamos, proponemos, tenemos el arte de dirimir conflictos, preferimos la paz a tener la razón, mi energía sexual guía mi vida social, amigos del silencio, devotos de la palabra oportuna, sabemos que solo tú lo puedes hacer, pero no lo puedes hacer solo.  Y cuando voy por la calle y me acuerdo de ti, me lleno de alegría de saber que tú estás conmigo.

Y llegamos a la pausa de hidratación que todos esperábamos, el tercer punto, tener un propósito en la vida, y sólo el Árbitro Supremo sabe cuánto tiempo queda. Pero no importa la edad, hay que tener una “razón de vivir, mi vida” como dice Víctor Heredia, canta autor de la trova cubana. Ubicarnos en que parte de la vida estamos, sin necesidad de recompensas inmediatas, mejor son metas cortas que generan grandes victorias, toda vez que somos seres en proyecto, con vocación de presente, porque también pensionamos al pasado parásito. Cada día es un nuevo amanecer y con un propósito definido, es una invitación a renovarse, a ser nueva persona en el servicio a los demás, los días no tienen fotocopia, valorando la grandeza del solo por hoy.

Tenemos planteado un excelente menú para este resto de vida, para que cuando enfrentemos los tiros desde el punto penal, pasemos a la final, satisfechos de la labor cumplida, dando siempre gracias a Dios.   


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