Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya
El concepto de autoridad está inscrito en nuestro ADN. Es el cromosoma R, de respeto por los mayores. Obedientes con dignidad, acatábamos las ordenes, y la autoridad la ejercía el abuelo como cabeza de la familia Bedoya de la Pava, mi papá, mi mamá, los tíos, una tía que vivía en la finca, María Nieves la cocinera, unos hermanos de crianza de mi papá, los peones antiguos, el perro y el gato, todos nos mandaban, a estos chinos mocosos. Nos tocó ver cómo mi abuelito mandaba y regañaba a mi papá. Las mujeres aparecían poco, estaban destinadas a las labores domésticas, por eso se llamaban “amas de casa”.
Conocimos la autoridad policial en muy mala hora, porque fue durante la violencia partidista, en la cual los peligrosos y “pájaros” vestían de uniforme. Eso lo vimos desde nuestros escondites, porque a los niños nos protegían. Cuando pudimos ir al pueblo, el querido y bien ponderado Montenegro, conocimos las autoridades eclesiásticas, el cura que era el padre Rosendo Chica, las civiles, el alcalde don Alcibiades Ramirez Bedoya, primo hermano de mi papá, y quien se había criado en la finca con nosotros, los profesores entre ellos recuerdo a don Juan de Dios Alzate, Emilio Noreña, Ramón Mesa y al director don Antonio Montoya, y a quienes les profesábamos profundo respeto y admiración, eran mayores en edad, dignidad y gobierno.
Y conocimos otros policías, mas cívicos y encargados de mantener el orden en el pueblo, en especial con los borrachos que hacían bochinches todos los sábados. Los llevaban a la cárcel y como pena les imponía traer bultos de cemento para pavimentar la plaza de Bolívar. No sobra decir que, quien después sería nuestro padre, pavimentó varias cuadras. Al ejército, lo conocimos de niños, en 1955, porque el presidente de Colombia era el Teniente General Gustavo Rojas Pinilla y el gobernador de Caldas, el Coronel del ejército Gustavo Sierra Ochoa, quien tenía una hacienda por Quimbaya, e invitaba al presidente a visitar estas regiones, lo cual hacía con frecuencia y nos traía regalos a los niños de las escuelas.
Nosotros fuimos muy respetuosos de las autoridades familiares, cívicas, militares de policía y eclesiásticas. Ya en bachillerato a la policía le dimos mucha guerra, metiéndonos a sitios prohibidos para los menores y nos pegaban carreras hasta que se cansaban o nos metieron a la “bola” que eran las patrullas de entonces, rumbo a la inspección de policía de las galerías, o a la 42 con 18 donde el inspector era don Luis López, nos metía a un calabozo, y nos bañaban desnudos a altas horas de la noche, dizque para que aprendiéramos.
Cuando éramos niños el importante era el papá, cuando fuimos papás los importantes son los niños. Y ahora que somos abuelos, nos volvimos invisibles. Que brechas generacionales tan profundas, existen en la actualidad. Me desconozco, te miro y no creo que seas tú. Tanta sabiduría acumulada en tantos años de estudio, quedó reducida a una consulta de Google. Mi experiencia de 70 años, reducida a una frase, las canas no se respetan se tinturan, de resto estas out.
Con nuestros hijos, al fin niños normalitos, les organizamos la vida, aceptaron los “consejos”, las sugerencias de pautas de comportamiento. Los primeros años de universidad cogieron el mundo con una sola mano, después fueron aterrizando y en los últimos semestres se volvieron querendones, no salían por las noches, se quedaban en casa, conversaban con nosotros y hasta les gustaba el “sancochito” que hace doña Libia, piden permiso para coger el carro y llegan a la hora indicada. Fuimos todos tan felices.
Porque ahora con los nietos todo es a otro precio. Esa discriminación amorosa que nos hacen con sus amigos, cuando dicen, después nos vemos, y se van, ya no nos necesitan. Te espero despierto, o quieres que vaya por ti, no tranquilo, Andrei me trae en su carro. Y tiene 17 años, menor de edad. Le pregunté qué carrera iba a estudiar, me respondió voy a hacer dos carreras, titulación doble, me voy en intercambio, me desempeñaré como consultor, asesor empresarial, o realizamos un emprenderismo (sic) con mi novia, ya tenemos varios proyectos en mente. Y sigue un discurso con una terminología de la cual no entendí nada, solo recuerdo que el valor de la matricula había aumentado, pero es en línea, o por Pse.
Lo que me saca de quicio, es cuando emito un concepto o estiro la nuca para enseñar algo, alguno de esos chinos consentidos, saca el celular de última tecnología y sentencia, eso es verdad, pero ya hay datos más actualizados, mi querido y respetado Faber Antonio. Y faltan datos de otros abuelos.
Ya ni siquiera me dicen don Faber o profesor.