Ya empezó a funcionar la planta recicladora de recuerdos


Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya Cadena


Desde que tengo memoria he oído hablar de reciclaje, claro con otros términos, pero con acciones que hoy se identifican con esta actividad, convertida en una obligación ciudadana por exigencia ambiental. Soy el primer nieto en una familia donde predominaban los hombres, entonces era heredero de la ropa de mis tíos y primos, fui el pionero del reúso de prendas de vestir en la familia. Los enseres y muebles, duraban toda la vida, o los heredaban los que se iban casando, de la comida no quedaba nada, pues los sobrados se convertían en aguamasa para los animales domésticos, los perros, los gatos, las gallinas, vacas, caballos y marranos. Que banquetes se daban, nada de concentrados, eran muy distraídos.

Ocasionalmente por las calles del barrio La Pola, pasaban personas, pordioseros, que pedían sobrados de comida, otros que recogían cartones o periódicos en las calles de las ciudades, o que buscaban en los botaderos a cielo abierto o basureros públicos, algunos materiales de valor. Estábamos en los años 70. Esta actividad laboral cogió forma y presencia en la sociedad, tuvieron nombre y apellido, se organizaron como Asociación Nacional de Recicladores, esto sucedió en 1986, no hace mucho. Desde el punto de vista legal, la Corte Constitucional emitió la Sentencia T-724 de 2003 y autos posteriores, que ordenaron la inclusión de los recicladores de oficio en el sistema de aseo urbano, reconociéndolos como prestadores de un servicio ambiental esencial.

Entonces, desde ya hace varios años, incorporamos a nuestro diario vivir esta actividad, de recolectar, clasificar y transformar materiales usados, como papel, cartón, vidrio, plástico y metales, en nuevos productos o materia prima. Forma parte esencial de la economía circular y conforma el tríptico salvador del medio ambiente, reducir, reutilizar y reciclar.

Y es verdad, en nuestro grupo de adultos mayores, somos muy conscientes del significado ambiental, laboral y social de reciclar, y este fue el tema de la anterior reunión con la intervención de un compañero estudioso de este asunto. La verdad es que hemos desaprendido muchas cosas y reaprendido otras, muy satisfactorias para nuestra mente, siempre viva y activa. Y aceptamos, es más cumplimos sin reparos, la Resolución 2184 de 2019 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que unificó el código de colores para la separación de residuos en la fuente, es decir, en la casa o en el condominio:

Blanco: Residuos aprovechables plástico, vidrio, metales, papel, cartón.

Verde: Residuos orgánicos aprovechables restos de comida, residuos de corte de césped.

Negro: Residuos no aprovechables papel higiénico, servilletas, papeles metalizados, cartones contaminados con comida.

Roja: para los residuos tóxicos, de laboratorios, hospitalarios, guantes, empaques de insecticidas, pesticidas. Para recoger estos residuos existen compañías especializadas.

Todavía nos faltan cinco centavitos para cumplir con todas las disposiciones existentes y profundizar más en este apasionante tema, pero en general en nuestro condominio y en muchos centros comerciales, se cumplen. Marleny está, desde hace rato, levantando la mano para intervenir, si espere un tantico ya termino, entonces para concluir esta es una reglamentación que beneficia a todos, bueno, que quieres decir, compañera. Es que yo quiero inaugurar la bolsa negra para depositar en ella unos recuerdos que ninguno de ustedes sabe y toda la vida me han torturado, se puede, bueno, está bien, empiece.

Cuando terminé bachillerato era una joven, monita, alegre, atractiva, esbelta, ingresé a la universidad y conocí a quien sería mi esposo después. Rápido nos casamos, era docente en un preescolar, y él trabajaba en una empresa de muebles. Pronto quedé embarazada, tuvimos una hermosa niña y cuando ella tenía un año y medio de edad, la señora que nos ayudaba por días, me llamó, antes de irme para el colegio y me comentó “mire señora me muero de la pena, pero su esposo todos los días, después que usted se va para el trabajo entra a la casa, a un amigo, mucho más joven que él, se encierran en la pieza, bajan a almorzar y al mucho rato se va”. Eso lo hacen con mucha frecuencia, hay veces que son varios jóvenes, pero siempre hay uno que es permanente.

Le pedí el favor a la señora, que cuando volviera a suceder me llamara, quería verlo por mí misma. Me llamó, regresé a la casa y efectivamente era verdad lo narrado por la señora. Lo encuellé, le dije todas las vulgaridades que sabia, pero lo que más le recalcaba era la hija que teníamos, que era de un año y medio de edad. A él se le encharcaron los ojos, lloro, empacó en un maletín su ropa, y se fue. A los días me llamaron de una notaría donde había una aceptación de la solicitud de divorcio, que nunca presenté, pero el facilitó las cosas, con su firma autenticada, lo mismo que la copia del trámite radicado en la diócesis del Quindío.

Estuve muy mal, me alentaba la hija, la matriculé en el colegio donde laboraba, eso no se olvida, se sublima, me concedieron el divorcio, al cual no le dediqué un minuto de vida, todo lo hizo él, quien se desapareció de nuestras vidas, hasta el día de hoy. Muchas gracias por escucharme y permítame que envuelva en papel periódico todas mis palabras y las deposite en la bolsa negra, donde se bota lo inservible. Muchas gracias, y en la próxima ronda les cuento que siguió después en mi vida, que es peor.


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