Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya C
Hacía 20 años estaba pensionado por el seguro social, ahora Colpensiones, su señora hacía siete, había obtenido la pensión, las dos pensiones, una por la Previsora y otra por FOPEP, los hijos casados, tres nietos, y bien ubicados, una en Brasil y el otro en España. Planificaron y compartieron muy bien la vida financiera y económica de la pareja, se respetaron los espacios vitales y profesionales de cada uno, y sobre todo fueron muy amigos. Cuando estuvieron activos, siempre en educación, conformaron un equipo digno de mencionar, ahorraron para comprar un carro, después el apartamento, educaron sus hijos en universidades privadas y se los entregaron a la vida marital, hechos personas responsables, con muchos valores, y mejores costumbres.
Hoy se celebra el día del pensionado en la institución, y el encuentro con el ayer es emocionante. Nos miramos, mejor, nos reflejamos en el otro, ya sabemos de memoria lo que es la angustia existencial, caminamos algún tiempo con la depresión, sorteamos enfermedades, sobrepasamos limites, nos alcanzó la noche en lugares muy extraños, acariciamos la fortuna en muchas formas, el éxito no fue esquivo a nuestra existencia, y todo eso se inventaría en nuestro rostro. Definitivamente los ojos son reflejo del alma, es verdad el espíritu no envejece, porque hay algunos a los cuales los años no le pasan, por su estado de salud, ánimo, semblante, calidad de vida. Bueno, hay excepciones que con sentimiento tenemos que relatarlos.
Siempre hay en todo grupo el esotérico, que habla del karma que arrastran muchos y que a través de las “constelaciones familiares” se advierten, pero la verdad es que, a estas alturas del partido, será que se pueden modificar patrones de comportamiento adquiridos, e incrustados en el diario vivir de los presentes, por tantos años. Y se abre la discusión.
Y hay quienes aseguran y creen que el hombre no cambia, que todo lo que se trae en su ADN, y aportado por sus padres es inmodificable, que se va puliendo, moldeando, adaptando a las circunstancias y roles que le toca desempeñar, pero al final aparece y se revela la verdadera personalidad del individuo, por eso el ser humano es único e irrepetible. Y hay otros que sostienen que el ser humano es producto del aprendizaje diario, del medio que le rodea, se trae algo, pero es más fuerte el ambiente que lo acompaña. La discusión amena fue interrumpida por el conjunto de cuerdas del maestro Candamil y eso si eleva el espíritu a las regiones del infinito y saca la mente de los rigores científicos, psicológico, genéticos y filosóficos.
Porque definitivamente es más importante, en estos últimos compases de la vida, escuchar el bambuco “el camino de la vida”, que saber si esta artrosis que me está agobiando, la heredé de mi padre tomatrago, o de mi madre que era una santa, o lo adquirí por no haber practicado ningún deporte en la vida y haber llevado una vida muelle y sedentaria, sin caminar o caminar muy poco. Esa melodía de lo heredado hoy empieza a tener mucha sintonía, y es razón que explica múltiples dolencias y ya está llegando a millones de seguidores o fans, como se dice hoy. A un compañero le nació un hijo con labio leporino y en su familia paterna, llegó hasta los bisabuelos, no existía referencia de la presencia de esta mal formación. Después de muchas averiguaciones y juicios ligeros, se comprobó que la señora, en embarazo, frecuentó campos donde se realizaban fumigaciones aéreas con D.D.T.
Pero en estas instancias lo que nos preguntamos no es lo que heredamos nosotros, sino lo que le dejamos a los hijos y a los nietos. Es que la realidad es que nosotros somos los abuelos, los mayores, los que dejamos huella, los referentes, el ejemplo. Porque es mucho lo que hemos evolucionado nosotros. Es tan drástico cuando escuchamos “yo me acuerdo cuando usted…” y siguen unas frases que mejor sería que se abriera la tierra y nos tragara, o mejor es cuando, solo tienen palabras de agradecimiento por el hecho de habernos encontrado en la vida y ser compañeros de trabajo. Son sobre sueldos del alma, como dice mi compañera de toda la vida.
El ejercicio docente, el cual vivimos durante cuarenta años, se presta para que nos recuerden más como personas que como profesores, de alguna materia específica, nos llaman por el nombre o el apellido, o sencillamente dicen “adiós profesor”, nos distinguen, como dicen los campesinos. Algo hicimos en nuestro ejercicio activo, huella si dejamos, y sólo por la gracia de Dios, hoy desde estas páginas estamos diciéndole al mundo, que a mis amigos y familia les entrego mi gran sentido del humor, el recuerdo de los libros leídos, el amor responsable, la constancia, la empatía, la asertividad. Y tantos pasos andados que se nos cansaron las rodillas y ya están diciendo basta, son muchísimas millas recorridas.
No podemos sentirnos nostálgicos, por más problemas que se encuentren a la vuelta de la esquina, siempre hay un mañana. Y con el solo hecho de oir cuando Emilio, Andreíta, o Benjamín, nos dice abuelito, nos vuelve la vida y repito “esto también pasará”.