5 hallazgos de la Psicología Positiva para una vida más feliz


Traducido por Luis R Castellanos, de Psychology Today


Nuestra búsqueda de la felicidad suele ser errónea.

Esta es la conclusión a la que llegó Judith Mangelsdorf, profesora pionera de psicología positiva en Alemania, mientras ayudaba a personas de toda Europa a llevar una vida mejor. Aunque nos esforzamos por buscarla en nosotros mismos, la felicidad, dice Mangelsdorf, a menudo se encuentra en nuestra conexión con los demás. Haciendo eco de las palabras de su mentor Martin Seligman, el fundador de la psicología positiva, Mangelsdorf afirma que la forma más eficaz de mejorar nuestro estado de ánimo cuando nos sentimos deprimidos es ayudar a otra persona. Incluso el paso más pequeño para fomentar la conexión puede convertirse en una inversión significativa en nuestro bienestar.

Existe la idea errónea de que la psicología positiva pasa por alto el sufrimiento humano y se centra únicamente en los aspectos positivos de la vida. En realidad, como explica Mangelsdorf, el alcance de la investigación de la psicología positiva es mucho más equilibrado de lo que a menudo se supone.

“La palabra ‘positivo’ en psicología positiva se refiere a lo que se necesita para fomentar un desarrollo positivo en las circunstancias de una persona, independientemente de su punto de partida, ya sea como individuo, como organización o como país”.

A continuación, Mangelsdorf nos cuenta algunos de sus hallazgos de investigación favoritos relacionados con la psicología positiva para llevar una vida más feliz.


El crecimiento postraumático, como sugiere el término, se basa en la experiencia de un trauma. Sin embargo, ¿el sufrimiento es siempre necesario para el crecimiento? Nuestra investigación muestra que las experiencias altamente positivas pueden conducir al mismo crecimiento que los eventos altamente negativos, siempre que les encontremos un significado. De hecho, existe un fenómeno de crecimiento postraumático. Sin embargo, a menudo pasamos por alto los eventos positivos como oportunidades para el desarrollo personal, tanto a nivel individual como social.

Implicaciones:

Reflexiona sobre las experiencias más positivas de tu vida. ¿Qué lecciones has aprendido de ellas? ¿Cómo puedes utilizar estos conocimientos para mejorar tu bienestar y el de los demás? Este mensaje es empoderador, ya que destaca que la vida, en su totalidad, tiene el potencial de fomentar nuestro crecimiento. Tanto nuestros desafíos como nuestros triunfos pueden contribuir a nuestro desarrollo como seres humanos.


A menudo vemos la resiliencia como un conjunto de componentes necesarios y universales (por ejemplo, rasgos, habilidades o circunstancias) que las personas deben poseer o aplicar para recuperarse de los reveses. Si bien ciertos factores (por ejemplo, las buenas relaciones) son indudablemente beneficiosos, no hay respuestas definitivas sobre qué hace que las personas sean resilientes. Un estudio reciente de Bonano (2024) sugiere que la resiliencia es un concepto altamente individualista. De hecho, los investigadores no comprenden gran parte de lo que constituye la resiliencia. En cambio, la resiliencia puede verse como una constelación de factores únicos que pueden variar para cada persona.

Implicaciones:

Piensa en una ocasión en la que atravesaste una experiencia desafiante. Aunque las cosas fueron difíciles, sentiste que podías manejar la situación. Tenías un sentido de autoeficacia y pudiste mantener tu bienestar psicológico.

¿Qué te ayudó?

Hacer esta pregunta a 10 personas diferentes podría revelar 10 respuestas diferentes. Es fundamental que cada uno de nosotros explore lo que nos ayuda personalmente a generar confianza en nuestra capacidad para recuperarnos nosotros mismos y recuperarnos de los reveses.


Para el psicólogo e investigador en resiliencia Michael Ungar, la resiliencia no es una tarea que pueda hacer uno mismo, sino un proceso dinámico que involucra al mundo exterior. Como tal, la resiliencia no depende completamente de ser “fuerte”, sino más bien de tener “recursos”. Esto significa que, para hacer frente a situaciones difíciles, las personas resilientes son capaces de navegar hacia los recursos que necesitan. Pensemos en la historia de Cenicienta. Si bien solemos atribuir el triunfo de Cenicienta sobre sus desafortunadas circunstancias a sus características personales, como su determinación y amabilidad, Ungar nos recuerda otro factor clave de su resiliencia: el hada madrina.

Implicaciones:

No subestimes el papel del apoyo externo para despertar tus fortalezas internas. Siempre que sientas que no eres resiliente, no te juzgues ni te culpes. En cambio, podría ser una cuestión de que te falten recursos. O, tal vez, tengas los recursos (por ejemplo, amigos con los que puede contar), pero no los estás utilizando (o no los estás buscando).

Cada vez que sientas que no estás afrontando bien una situación difícil, pregúntate:

  • ¿Qué necesito para manejar mejor la situación?
  • Si tengo lo que necesito, ¿cómo puedo integrarlo en mis circunstancias?
  • Si no tengo lo que necesito, ¿a quién puedo pedir ayuda?

Todos tenemos diferentes recursos. Como señala Adam Grant en su intervención del “anillo de reciprocidad”, si todos pudiéramos confiar en los recursos de los demás para alcanzar nuestras metas, la vida sería diferente. Cuando las personas unen sus recursos para servir a los demás, se crea una conexión emocional, junto con un apoyo real. Eso es resiliencia.


En su libro Compassion Focused Therapy (2014), el psicólogo Paul Gilbert identificó tres sistemas diferentes de regulación de las emociones:

  1. Sistema de protección contra amenazas (involucrado en la detección y respuesta a las amenazas, las emociones comunes de este sistema son la ira, la ansiedad y el asco)
  2. Afectos positivos de búsqueda, logro y adquisición (emociones positivas que estimulan y activan, como la alegría, la vitalidad y la emoción, vinculadas al sistema nervioso simpático)
  3. Afectos positivos de satisfacción, seguridad, tranquilidad y afiliación (un estado de bienestar tranquilo y apacible en el que uno no está bajo amenaza ni tratando de lograr algo, vinculado al sistema nervioso parasimpático).

Dependiendo de nuestra biología y experiencias, las personas tienden a adoptar diferentes estados por defecto. A veces, podemos sentirnos estancados en uno de estos estados.

Implicaciones:

Siempre que experimentemos malestar psicológico, puede ser útil hacer un control intencional de nuestra mente y nuestro cuerpo. Primero debemos entender dónde estamos, antes de poder determinar qué necesitamos para pasar a otro estado.

Aquí hay tres sugerencias de Paul Gilbert sobre cómo hacerlo.

  1. Identifica dónde te encuentras.
  2. Aprecia dónde te encuentras, sin juzgar.
  3. Navega hacia otro estado.

Si bien nos esforzamos por dejar los estados emocionales difíciles lo más rápido posible, simplemente atender nuestro sufrimiento con ternura a menudo puede ayudarnos a superarlo.


Normalmente, recurrimos a remedios psicológicos para nuestra infelicidad. Pero cuando alguien me pregunta: «¿Qué debo hacer para ser feliz?», le digo que considere su sueño, lo que come y cuánto ejercicio hace. Cambia primero tus hábitos básicos de salud. Si aún te sientes infeliz después, podemos explorar tu psicología.

Implicaciones:

Si deseas sentirte mejor, comienza por concentrarte en tu cuerpo. A menudo psicologizamos en exceso los problemas que surgen de pasar incontables horas frente a las pantallas, en lugar de participar en actividades para las que nuestros cerebros y cuerpos fueron diseñados. La investigación demuestra constantemente el vínculo entre nuestro bienestar físico y mental. De hecho, uno de los hallazgos más intrigantes en psicología es que el ejercicio puede ser tan eficaz contra la depresión como los antidepresivos. Hacer pequeños ajustes en nuestra rutina diaria para favorecer un buen sueño, una buena nutrición y el ejercicio puede marcar una diferencia significativa para nuestra mente.


Una buena vida es aquella que se vive de tal manera que, si yo muriera mañana, estaría en paz con ella.

Una buena vida es aquella que contribuye al bienestar de los demás.

Una buena vida es equilibrada, y permite espacio tanto para la alegría como para el sufrimiento. Implica reconocer lo malo y apreciar también lo bueno, abrazando la totalidad de la vida sin juzgar.




Descubre más desde De todo un poco

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.