Gracias al personal de la Clínica Comfamiliar

Muchas veces dejamos que pase desapercibida esta palabra. Se nos va. No la decimos cuando alguien nos hace un favor, cuando alguien nos ayuda, cuando vamos tan de prisa que no tenemos tiempo para la gente. Cuando descubrimos que vale la pena decirla, puede ser tarde.

Gracias es una palabra sencilla de siete letras. El siete es un número muy bueno y poco lo tenemos en cuenta. Gracias es una palabra que se debe decir con alegría. Una palabra que nos puede significar una respuesta más alegre, llena de vida.

Hoy, quiero decir gracias, así con letras en negrilla y subrayada. Quiero decir gracias a Dios por permitirme vivir nuevamente. Gracias a Dios por darme otra oportunidad en la vida. Gracias al doctor Diego Mejía por su labor y paciencia para conmigo. Por fin, luego de una larga lucha, puedo operarme. Gracias a las enfermeras (Mayela, Dayana, Catalina, Lorena, Janeth y otras más, cuyos nombres quisiera recordar) y al personal que estuvo pendiente en esos dos momentos en los cuales “me fui”. Cuando creyeron que ya nada había que hacer después de luchar tanto, revivía y volvía a dar lata.

Quiero decir gracias a toda la gente amable, agradable, sincera, honesta y que estuvo pendiente siempre, que llamó o escribió a mi hijo y a mis hermanos, preguntando por mi salud.

A todas esas personas, seres humanos incansables, mil gracias. Han sido muy amables.

Gracias, porque ustedes saben compartir, antes que nada, como amigos. Gracias, porque han sido sinceros en la amistad.

Gracias a todos los que estuvieron pendientes siempre. Desde cuando me desaparecí de las redes sociales el 7 de enero hasta el 28 de febrero. Dos meses sin tener noticias, sin saber dónde me encontraba, hasta cuando se empezó a filtrar la información. Cuando algunos descubrieron que me hallaba en grave situación, empezó el bombardeo de preguntas, buscando saber dónde me hallaba.

Dejan recuerdos imborrables ya que han demostrado que son capaces de realizar un trabajo arduo, poco reconocido por muchos en diferentes entidades o a nivel personal.

Felicidades y que Dios les de muchas cosas buenas, pues se lo merecen. Espero tengan muchos éxitos y recuerden que lo más importante es el respeto por las personas y el que se les dé el verdadero valor por su labor.

Gracias, nuevamente y estoy seguro se darán cuenta que dejan una gran huella de amistad en mí, porque ustedes demostraron que son grandes profesionales en su labor.

Mi gran tarea siempre consistirá en que donde haya un grupo grande de personas desempeñando un trabajo, que haya amistad para que pueda conformarse un equipo. Porque donde hay amistad, sinceridad y honestidad, siempre habrá un esfuerzo común en procura de mejores logros. Por último, los invito a que haya muchos abrazos de amistad en su quehacer diario.

¡Un gran abrazo y muchas gracias!

Manuel Gómez Sabogal
Sobre Luis R Castellanos 308 Artículos
Experto en e-Learning, Seguridad y Tecnología. Bloguero, Docente, y orgulloso padre de dos hijos

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