Por Alberto Ray – AlbertoRay.com
Aquellos contemporáneos conmigo y muchos otros más jĂłvenes, no sĂłlo recordamos, sino que fuimos de alguna manera marcados por “The Matrix”. Me refiero a la serie de pelĂculas producidas a partir de 1999 en las que la realidad es una simulaciĂłn creada por la inteligencia superior de máquinas y que les sirve para dominar a la humanidad. En la trama, los seres humanos estamos atrapados en una ilusiĂłn creada por estas máquinas – La Matrix – y esa ilusiĂłn se considera como «la verdad» por la mayorĂa de las personas que la experimentan.
La Matrix es una versión libre de la tesis de Jean Baudrillard (1929 -2007), filósofo, intelectual y teórico francés del posmodernismo y que se resume en la cita inicial de su libro Simulacro y Simulación, publicado en 1981: «El simulacro nunca es lo que oculta la verdad, es la verdad la que oculta el hecho de que ella no existe. El simulacro es lo verdadero».
La frase sugiere que la realidad que percibimos puede ser una construcciĂłn artificial, un simulacro, y que lo que consideramos como «verdad» puede ser una ilusiĂłn que oculta una realidad más profunda, desconocida o inclusive inexistente. Esta nociĂłn está en lĂnea con el tema central de «Matrix», donde la «verdad» es algo que debe ser descubierto y desafiado para alcanzar una comprensiĂłn plena de la realidad.
AsĂ que, aunque la frase en sĂ no proviene directamente de las pelĂculas de «Matrix», captura la esencia de la filosofĂa subyacente en la serie, que explora la idea de la simulaciĂłn, la percepciĂłn de la realidad y la bĂşsqueda de la verdadera comprensiĂłn de lo que es real.
Para Baudrillard, la realidad va inclusive más allá que las pelĂculas, pues la humanidad ha desechado el concepto de realidad y ha hecho del simulacro su verdad. En este sentido, la verdad se hace subjetiva ya que se construye a partir de aquello que se simula, y como toda simulaciĂłn puede ser manipulada, alterada o producida a travĂ©s de la interpretaciĂłn de cada quien, lo que terminamos observando como realidad es la versiĂłn narrada de los intereses de terceros.
Lo complejo y perturbador del simulacro es que se transforma en la expresiĂłn de la dominaciĂłn ejercida por quienes imponen sus propios relatos. Esta visiĂłn del poder no es nueva, hace ya 100 años Antonio Gramsci se referĂa a que toda estructura de poder creaba su superestructura basada en la ideologĂa y que esta se transmitĂa y perpetuaba a travĂ©s de las instituciones, la cultura, el arte, la familia y las leyes, entre otros elementos blandos de la sociedad. Sin embargo, hoy, esa ideologĂa ha mutado a formas más lĂquidas, convirtiĂ©ndose en narrativas del poder que ya no requieren de tanta estructura, pues las redes sociales y los medios web son suficientes para hacerlas autosustentables, o dicho en palabras de Jason P. Lowery en su libro Softwar, se constituyen en “Poder Abstracto”, en contraposiciĂłn al poder fĂsico.
En la sociedad posmoderna, la fuerza fĂsica ha sido reemplazada por la percepciĂłn, el simulacro y la influencia como principales medios para ejercer el poder. Aquellos con capacidad de contar una historia convincente y ganar seguidores voluntarios pueden ser tan influyentes y disuasivos como lo es la fuerza bruta.
En la evoluciĂłn civilizatoria ha ocurrido un cambio fundamental en la forma en que se ejerce el poder. En el pasado, la fuerza fĂsica era la principal herramienta para imponer la voluntad de unos sobre otros. Sin embargo, el quiebre actual se basa en el desmontaje de la realidad, que, al sustituirla con su simulaciĂłn y el consiguiente fin de la verdad, se modifica la percepciĂłn en torno al poder, el cual puede igualmente simularse, y si se cuenta con los medios adecuados para propagar la simulaciĂłn, en simultáneo se construye poder. Esta percepciĂłn, que podemos denominar «poder abstracto,» se manifiesta a travĂ©s de la capacidad narrativa de quienes lo ejercen y su aplicaciĂłn ha ganado terreno como una estrategia sutil pero altamente efectiva para imponer liderazgos y sostener gobiernos cada vez menos democráticos al frente de los Estados.
No podemos negar que el poder abstracto existe, sin embargo, es muy diferente al poder fĂsico o real. Al ser abstracto, el poder se hace lĂquido e intangible, pero con efectos muy reales. De hecho, el poder abstracto puede generar disfunciones tales, que puede llevarnos a la guerra.
SegĂşn Lowery, el poder abstracto tiene estas caracterĂsticas principales:
- No es autoevidente o auto legitimador, véase, no puede reconocerse usando solamente la intuición. No es verificable independientemente.
- Es sistemáticamente endĂłgeno al sistema de creencias de una poblaciĂłn, de hecho, necesita la simpatĂa de su poblaciĂłn.
- No se puede restringir fĂsicamente, ya que depende de la imaginaciĂłn colectiva.
- Se puede modificar o deshacer, ya que al ser parte de una simulaciĂłn no tiene consecuencias en el mundo fĂsico.
- Hay lĂmites a la cantidad de poder que puedes ejercer con Ă©l.
- En esencia, no es atribuible a nadie, porque es primero que todo hecho de ideas, lo que hace muy difĂcil valorarlo como una amenaza, y mucho menos organizarse frente a Ă©l.
- No usa energĂa fĂsica.
El poderĂo fĂsico a su vez se puede usar para legitimar o deslegitimar al abstracto. En caso de legitimar, se comporta como refuerzo para hacer confundir lo imaginario con lo real. Este trastocamiento del poder ocurre, por ejemplo, con la represiĂłn selectiva en los gobiernos autocráticos. Al propagarse la narrativa de la tortura se disuade a la poblaciĂłn de no rebelarse en contra del sistema. La expresiĂłn más sofisticada de poder abstracto en estos regĂmenes es la autocensura. El ciudadano llega el extremo de limitarse en la expresiĂłn de sus palabras (y hasta de sus pensamientos) a cambio de no ser considerado enemigo, y por tanto convertirse en vĂctima de persecuciĂłn.
Pero el poder abstracto ejercido a travĂ©s de las narrativas de las autocracias tiene igualmente, un contrabalance que es tan viejo como la humanidad. Se trata de la histĂłrica confrontaciĂłn del bien contra el mal, y en su versiĂłn más humana y actualizada, en la lucha por la libertad. Es asĂ como nacen los hĂ©roes y sus Ă©picas para liberar a los pueblos. Los relatos arquetĂpicos del hĂ©roe en formaciĂłn que relatan las mĂşltiples batallas en las que este va venciendo obstáculos, que, a su vez, se van transformando en la acumulaciĂłn de pequeñas victorias y grandes aprendizajes, se convierten tambiĂ©n en su propia experiencia de crecimiento interior, hasta llegar a la lucha final en la que el opresor cae derrotado, venciĂ©ndose asĂ al mal y logrando la libertad. La historia del hĂ©roe adaptada al lĂder y convertida en narrativa de la victoria es la expresiĂłn más convincente del proceso de construcciĂłn de poder abstracto.
El poder abstracto en la actualidad tiene muchas otras manifestaciones, además de la polĂtica. Se utiliza en el mundo del marketing, donde las empresas no solo compiten en funciĂłn de la calidad de sus productos, sino tambiĂ©n en su capacidad para influir en la percepciĂłn del consumidor. Las estrategias de publicidad se basan en la creaciĂłn de una imagen de la marca y la generaciĂłn de confianza en los consumidores, lo que a su vez impulsa las ventas. Por ejemplo, marcas como Apple han utilizado la percepciĂłn de innovaciĂłn y diseño elegante para ejercer un poderoso atractivo sobre los consumidores. La funciĂłn del marketing es atribuirle poder a la marca, creándole una narrativa Ăşnica e indispensable, ya que sin ella no serĂa posible entrar en una nueva dimensiĂłn de la realidad. Recuerdo un comercial de equipos de sonido en los años de mi niñez en el que aparecĂa un famosĂsimo presentador diciendo: “Si usted no se ha extasiado con un componente Pioneer, sĂłlo ha escuchado la mitad del sonido”
Por su parte, la era digital y las redes sociales se han convertido en amplificadores del poder abstracto y su envolvente influencia. Hoy, plataformas como Twitter (ahora X), Facebook, TikTok e Instagram permiten a individuos y grupos comunicarse directamente con grandes audiencias y moldear la opiniĂłn pĂşblica. Los influencers y lĂderes de opiniĂłn en lĂnea tienen un impacto significativo en temas que van desde la polĂtica hasta la cultura pop. Las redes se han transformado en un terreno adicional para la propagaciĂłn de narrativas y la lucha por el poder. No es casualidad que Elon Musk haya invertido una parte significativa de su fortuna en adquirir Twitter, cuando esta plataforma no representaba un negocio rentable en tĂ©rminos econĂłmicos, pero sĂ en el plano abstracto del poder.
Volviendo a la tesis de Lowery en Softwar, que en realidad se trata de las ventajas de seguridad del Bitcoin y su poder Ăşnico en el mundo ciber, este plantea que estamos entrando a una etapa en la cual todo poder terminará siendo abstracto, por lo que las guerras ya no se pelearán en el plano fĂsico (o cinĂ©tico, como se les denomina) sino que todo ocurrirá en el dominio ciber, y en ese territorio, el blockchain es un poder igualador que representa el máximo estadio de seguridad que un sistema puede tener, de allĂ que se va a convertir en una especie de bomba atĂłmica del mundo real, la cual se utiliza primero que todo, para disuadir a otros que te ataquen, ya que representarĂa la aniquilaciĂłn mutua.
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En una de las escenas más recordadas de Matrix, Neo, su protagonista es confrontado por Morfeo, un rebelde en el mundo de la simulaciĂłn, quien le presenta el dilema de la trama, al mostrarle dos pĂldoras, una azul y otra roja. La pĂldora roja representa un futuro incierto: le liberarĂa del control esclavizante del mundo onĂrico generado por las máquinas y le permitirĂa escapar al mundo real, pero vivir la «verdad de la realidad» es más duro y difĂcil. Por otro lado, la pĂldora azul representa una hermosa prisiĂłn: le llevarĂa de vuelta a la ignorancia, viviendo en una comodidad confinada, sin necesidad ni miedo, dentro de la realidad simulada de Matrix. Como lo describe el propio Morfeo: «Tomas la pĂldora azul… la historia termina, te despiertas en tu cama y crees lo que quieras creer. Tomas la pĂldora roja… te quedas en el PaĂs de las Maravillas, y te enseño lo profunda que es la madriguera del conejo». Neo elige la pĂldora roja y se une a la rebeliĂłn.
Pareciera que, en esta sociedad posmoderna, ya casi nadie se atreve a tomar la pĂldora roja y asumir la realidad. El poder abstracto, a travĂ©s de su seductora y adictiva simulaciĂłn se ha convertido en el instrumento fundamental para aquellos que buscan ejercer la dominaciĂłn. La capacidad de contar una historia convincente y ganar adeptos puede ser tan influyente como la fuerza bruta. En Ăşltima instancia, debemos estar conscientes de cĂłmo se utiliza el poder abstracto y cĂłmo las narrativas conforman una herramienta para moldear nuestra percepciĂłn del mundo. SĂłlo a travĂ©s de un nivel superior de consciencia podremos vivir y yo dirĂa que soportar la realidad, de lo contrario, nos terminaremos convirtiendo en borregos domesticados viviendo al Matrix.