Para qué los libros

Así de simple. Yo pensaba que era únicamente una canción, pero es una realidad. Y muy cierta. Lástima que hoy toque el tema, pero así es. Para qué los libros, si no interesan ni a algunos docentes.

Hace unos dos años, en un colegio del sur de Armenia inauguraron una sala de lectura y biblioteca para estudiantes y docentes de la institución.

Ese día fui temprano, pues allí estaría mi amigo, el escritor Sergio Álvarez, autor de “La lectora” y “35 muertos” como invitado especial a dicha inauguración. Además, una buena oportunidad para saludarlo y conversar un rato con él.

Al empezar la reunión donde había docentes de español y estudiantes de los grados 10º y 11º, pude darme cuenta que poco o nada sabían sobre el escritor. Y por ello, metí la cucharada, pues las preguntas tanto de algunos docentes como de los estudiantes eran casi parecidas. No habían investigado sobre el autor o sus obras.

¿Usted qué ha escrito? Fue una primera pregunta de las que hicieron y me puso a pensar. Me di cuenta que desconocían totalmente lo relacionado con el escritor.

Tomé la palabra, hablé sobre Sergio Álvarez y además hice como si estuviera charlando, al calor de un café. La conversación tomó otro rumbo y la energía llegó a la sala de lectura.

Debido a la emoción al ver que un colegio del sur tenía una sala de lectura y docentes interesados en proporcionar un espacio a sus estudiantes, regalé dos cajas de mis libros, mis preciados libros.

Hoy, me arrepiento enormemente, pues días después volví al colegio a visitar la sala de lectura y la respuesta lacónica, triste y melancólica fue que necesitaban ese espacio para otras cosas “más importantes” y por consiguiente, la habían clausurado, al igual que la biblioteca.

Los libros se fueron a una bodega, guardados en cajas, sin nomenclatura o acomodados por autores o títulos. No. Fueron empacados como las sardinas o los tamales. Así los encerraron. Nunca más se supo de ellos.

En estos días, volví al colegio. Ni biblioteca, ni libros, ni rastros de nada. Es decir, niños y jóvenes no tienen un sitio donde leer o disfrutar. Allí se les olvidó la importancia de los libros.

Queda una sensación agridulce y es porque no sé en cuántos colegios ocurre lo mismo. No sé si los docentes de español se identifican con el idioma, con la enseñanza, con la educación.

Es increíble que en dicho colegio, después de dos años, no haya habido un doliente, alguien que preguntara se informara, procurara que hubiese una biblioteca o la sala de lectura en la institución. Es como si les hubiesen quitado el alma sin darse cuenta.

¿Qué pasa con algunos docentes de español? ¡Para qué los libros!

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No sobra felicitar a la docente y escritora Katty León Zuluaga por sus esfuerzos para que la lectura y la escritura sean importantes en la institución educativa Ciudadela del sur.

Es incansable en su labor y los resultados se ven casi a diario.

Manuel Gómez Sabogal
Sobre Luis R Castellanos 226 Artículos
Experto en e-Learning, Seguridad y Tecnología. Bloguero, Docente, y orgulloso padre de dos hijos

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