Alegría después de los 60: 7 formas en que los boomers felices encuentran sentido en un mundo que ha seguido su curso sin ellos


Traducido por Luis R Castellanos de LiveWell


Inicio >> Reflexiones >> Felicidad >> Alegría después de los 60: 7 formas en que los boomers felices encuentran sentido en un mundo que ha seguido su curso sin ellos


Ya he entrado en los sesentas, y hay días en los que siento que el mundo avanza a toda velocidad, dejándome atrás. Surgen nuevas tecnologías más rápido de lo que alcanzo a asimilarlas; las referencias de la cultura pop pasan por encima de mi cabeza sin que las capte; e incluso la música que suena en los supermercados ha cambiado.

Sin embargo —y por extraño que parezca—, nunca me he sentido tan satisfecho. Puede que esto resulte sorprendente. Al fin y al cabo, nuestra generación estuvo en su día a la vanguardia de todo: desde la cultura hasta los negocios y la política.

Tuvimos nuestro momento de gloria. Pero, con el paso del tiempo, los focos cambian de dirección de forma natural. Las generaciones más jóvenes dan un paso al frente, y a nosotros nos queda un ritmo de vida más pausado y tranquilo. La clave está en hallar un sentido dentro de ese ritmo. Con los años, he observado algo: las personas de mi edad que gozan de mayor felicidad no son aquellas que se esfuerzan por seguir el ritmo de cada nueva tendencia. Han alcanzado la paz redefiniendo qué significan ahora para ellas la alegría y el propósito. He aquí lo que hacen de manera diferente.

Aprender algo nuevo aporta una chispa que mantiene la vida emocionante.

Ser útil no consiste en demostrar tu valía, sino en mantenerse activo y comprometido de formas que resulten auténticas.

Deja de tratar el envejecimiento como si fuera una competición. Encuentra consuelo en saber que, aunque tal vez ya no corra tan rápido ni aprenda con la misma agilidad de antaño, me muevo con un mayor sentido de propósito. Ese intercambio me parece que vale la pena.

Llega un momento en la vida en el que te das cuenta de que el tamaño de tu círculo social no importa ni de lejos tanto como la solidez del mismo.

La naturaleza tiene una manera silenciosa de restablecer la mente. Cuando te detienes bajo un cielo inmenso o cuidas de un huerto, tus preocupaciones se reducen a un tamaño manejable.

Cada vez que contamos la verdad sobre nuestras vidas, transmitimos un fragmento de sabiduría que podría perdurar más allá de nuestra propia existencia.

Si hay una lección que la vida no deja de enseñarme a mis sesenta años, es que todo cambia. A veces lentamente; otras, de la noche a la mañana. Las personas que amamos, los lugares que atesoramos e incluso nuestros propios cuerpos… todo ello evoluciona. Las personas más felices que conozco no se resisten a esa verdad; hacen las paces con ella.




Descubre más desde De todo un poco

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.