Por Manuel Gómez S
Eran las 7.30 del lunes 10 de agosto (n.e. Del año 2026.) La mañana presagiaba maravillosa, pues el día estaba demasiado iluminado, gracias al sol radiante a esa hora y no había nubes en el cielo.
Sin embargo, minutos después, todo empezó. La tierra comenzó a moverse lentamente. Luego, más fuerte y no se detenía. Los cuadros caían, la vajilla se estrellaba contra el piso y todo era caos. Nos movíamos hacia afuera, queríamos salir, pero algo no nos dejaba avanzar.
El movimiento telúrico era tan fuerte que llegar al jardín costaba demasiado. Cuando al fín llegamos al espacio libre, cesó el terremoto. Casi tres minutos de terror y pánico.
No había comunicaciones y energía eléctrica tampoco. La desesperación era tremenda. No podíamos comunicarnos con la familia. Mi hijo en un quinto piso al norte de Armenia y no podíamos saber algo sobre él, su esposa y suegra.
Para completar, era día de pico y placa. Quise salir y subir al norte, pero me detuvieron. Pensaban en réplicas.
No teníamos idea de qué había pasado y sobre los daños en la región. Nada sabíamos. En la tarde, mi hijo, esposa y suegra, llegaron a la casa. Abrazos y llanto.
Mi hija nos llamó preocupada. Estaban aterrados, porque las noticias no eran buenas y al teléfono nos dijeron que los daños habían sido grandes en mucha parte de Colombia.
Ya en la noche, pudimos comprobar que el terremoto había hecho mucho daño en el Chocó, Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca. Las imágenes y vídeos mostraban demasiado dolor, tristeza, impotencia.
Al día siguiente, todo era más doloroso. Pereira había quedado casi en ruinas. Tanto que el alcalde prohibió vehículos desde ese día hasta el sábado. Así de grave era la situación.
Así mismo, comprobamos que todos los familiares estaban bien y nada habían perdido. Me comuniqué con algunos amigos y todos me dieron excelentes respuestas. Gracias a Dios, no hubo problemas.
27 municipios en El Chocó estaban requiriendo demasiadas ayudas. En el Quindío, Circasia, Montenegro, Quimbaya estaban muy mal.

El dolor es grande. Muchas vidas perdidas en los diferentes departamentos, muchos heridos, desaparecidos. Casas y edificios totalmente colapsados.
Queda la solidaridad. Palabra que empezó a funcionar el mismo día del terremoto. Sin distingos de clases, partidos políticos, raza. Solidaridad es la palabra de moda en Colombia. Ojalá perdure.
«La solidaridad es la ternura de los pueblos»
Gioconda Bell
Inicio >> Reflexiones >> Manuel Gómez S >> El dolor es grande
Descubre más desde De todo un poco
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.