Por Manuel Gómez S
Armando Rodríguez Jaramillo escribió en su columna en el Quindiano del martes 8 de julio, un artículo titulado “Un pacto por el civismo”, del cual extracto lo siguiente:
“No sé cuándo ni cómo sucedió la indiferencia en la que estamos inmersos que hizo que hasta las fechas importantes de nuestra historia pasen inadvertidas, que numerosos monumentos y espacios patrimoniales estén en condiciones deplorables, que la señalización vial prácticamente haya desaparecido, que andenes y espacios públicos sean colonizados y parcelados, que se tenga poco aprecio por las zonas verdes y árboles urbanos, que sea común ver las basuras en el suelo, que se estacionen en zonas prohibidas, andenes y paraderos de buses, que con frecuencia los taxis y buses paren en cualquier parte, que no se respeten las normas de tránsito, que hayan vecindarios con casas y locales enrejadas ante la inseguridad que acecha, que sea común pintar mamarrachos en muros, fachadas y ventanales, que muchos andenes sean orinales públicos, que los dueños de mascotas no recojan sus desechos, que haya personas viviendo en la calle por doquier y que se consuma licor y estupefacientes en parques y vías públicas.”


Nunca nos dimos cuenta. Como tampoco supimos qué se celebró el día 1 de julio o a qué nos referimos con el 14 de octubre. La gente solo habla de fiestas. Las fiestas de Armenia, mientras Armenia se desmorona y cae en pedacitos.
Muros pintados con mamarrachos, estacionamientos en sitios prohibidos, andenes como orinales, todo eso y más hace parte de lo que estamos viendo y viviendo a diario en una pequeña gran ciudad descuidada en todo sentido.
La indiferencia nos acosa cada día. Llegan nuevos inquilinos a residir en Armenia, pero a nadie le importa. Todos decimos: “Llegaron de Bogotá, Medellín, Cali”. Nos invadieron y así simplemente sucedió.
Los precios de todo suben y suben a diario. Si alguien va a arrendar una casa o apartamento, le piden como si fuera a comprar. Todo se volvió ilógico e inalcanzable en Armenia. La indigencia se tomó el centro de la ciudad y eso no hay quien lo detenga. Como pólvora decembrina se regó la mendicidad combinada con la drogadicción.
Un sitio como el puente de la 26, sirve ya de invasión y estará allí per saecula saeculorum, porque no hay con quién. A nadie le importa, ni hay posibilidad alguna de que esas personas sean reubicadas.


“Como cada acto cívico es un voto por el tipo de sociedad que queremos construir, propongo la adopción de un «pacto por el civismo» de Armenia que nos lleve a recuperar la identidad, el sentido de pertenencia y la cultura ciudadana. Sería encontrarnos en un propósito superior partiendo del hecho que tanto el civismo como el incivismo son contagiosos, y que nosotros decidimos qué queremos propagar.”
Me encanta la propuesta de Armando Rodríguez Jaramillo.
Recuerdo que, a raíz de su escrito, le comenté: Armando, no hay caso. Armenia no tiene arreglo. Ni educación, ni civismo. Érase una vez un pueblo donde había educación y civismo. Y tienes razón, porque no sabemos cuándo ni cómo nos volvimos así. Maleducados y sin civismo. Recorres las calles y estrechas vías del pueblo y ¿qué encuentras? ¡Horror! por donde vayas. Suciedad, basura en las esquinas, indigencia, tráfico desastroso y todo lo que describes en el tercer párrafo.
Me encanta tu propuesta de «pacto por el civismo». ¿Cuántos la acogemos? Recuperar la identidad, el sentido de pertenencia y la cultura ciudadana, palabras que quedarán ahí por mucho tiempo. Es decir, aquí, lastimosamente, ninguna de las tres funciona.
Me contestó: “Me gustaría que cambiaras el pesimismo por cualquier otra cosa, eres un ciudadano muy valioso para esta sociedad. Los retos son enormes y no tengo respuestas para tus afirmaciones. Simplemente creo que tenemos que insistir en un futuro mejor que el presente que tenemos, sobre todo cuando miramos para adelante y vemos hijos y nietos.”
Ya quisiera yo, pero no hay con quién, a no ser que te lances a la alcaldía.
Le pregunté que si conocía a alguien o a algunos que estuvieran dispuestos a cambiar a Armenia…
Creo que Armando sigue buscando…