138 mil funcionarios pĂşblicos son elegidos a dedo en Colombia


Por Sandra Guerrero


De acuerdo con el Departamento Administrativo de la FunciĂłn PĂşblica, el paĂ­s cuenta actualmente con 512 mil funcionarios pĂşblicos (sin contar docentes, ni integrantes de las FF.MM y de PolicĂ­a) de los cuales cerca del 27% son funcionarios LN de entidades de orden nacional, territorial y descentralizadas, es decir en Colombia 138.240 empleados son nombrados a dedo, para ejercer cargos en los grados asistencial, profesional y profesional especializado.

138 mil nombramientos representados muchos de ellos por lagartos de corbata y chupamedias, parásitos del sistema que están en cargos de Libre Nombramiento y RemociĂłn, LNR, basta con integrar la maquinaria polĂ­tica que está en el poder, ser amigo, familiar o el querido/da del polĂ­tico de turno para ser nombrado y gozar de las bondades de la estabilidad laboral y econĂłmica que genera un nombramiento. Pago de vacaciones, cesantĂ­as, mesada 14, intereses a las cesantĂ­as, aportes de parafiscales entre otros beneficios… algo que los más de 3 millones de contratistas que tiene el paĂ­s no tienen.

Rara vez un profesional es nombrado en una entidad como LN, por su conocimiento, capacidad de gestión, antigüedad, profesionalismo, ética, compromiso institucional, capacidad de innovación o valores  humanos.

Sueldo generoso, ineptitud garantizada, caprichos desbandados, ínfulas de Dios, trato desobligante para con sus subordinados y comunidad (si es que tiene en sus deberes servicio al cliente) y ausencia de empatía, suelen ser el común denominador en estos pequeños diosecillos. Lejos de estos especímenes están conceptos como; vocación de servicio, ética laboral, eficiencia, efectividad o empatía.

El artículo 23 de la ley 909 del 2004 expresa que “tienen la naturaleza de libre nombramiento y remoción aquellos empleos que obedezcan a alguno de los otros criterios señalados en el artículo 5 de esta ley. Para la provisión de dichos empleos, debe realizarse un nombramiento ordinario”.

Haciendo tributo a su nombramiento, muchos LN son ordinarios y chafarotes, amparados en la complicidad manifiesta de sus directivos y el silencio complaciente de sus colegas  ante un caso de  injusticia, los LN, no todos valga la aclaraciĂłn, pero si muchos de ellos  obran a sus anchas sin mayor temor de ser sancionados por alguna de las IAS (ContralorĂ­a, ProcuradurĂ­a, FiscalĂ­a, DefensorĂ­a y PersonerĂ­a), con gran desparpajo son dĂ©spotas, sin mayor reparo, respeto o empatĂ­a, dilatan procesos, entorpecen contrataciones, desgastan al contratista al punto del hartazgo y logran que Ă©ste desista de un nuevo contrato, estos tipo de LN  son diosecillos del olimpo de la impunidad y el desdĂ©n.

Muchos de estos LN, son secretarios de despacho, directores de departamento, jefes de área o asesores de alto nivel que tienen bajo su cargo la supervisiĂłn de los contratista de sus dependencias, sin embargo estos “Jefes tipo paquetes chĂ­llenlo” jamás revisan  informes,  mucho menos elaboran actas de supervisor o  documentos  tipo certifica, para  eso hay otros contratistas que hacen estas funciones, librándose de toda ocupaciĂłn y asĂ­ estos poder decir que tienen agendas copadas por reuniones insulsas que solo les permite agrandar sus tentáculos de poder y expandir sus Ă­nfulas.

De esta manera el contratista queda supeditado a que otro contratista revise su informe, y que el supervisor le dé la gana de firmar “cuando tenga tiempo o evacue temas importantes”, si esto no pasa, el contratista queda a la deriva sin timón ni timonel, abandonado a su suerte. Al funcionario de planta poco que le importa que al contratista no le paguen, o que deje vencer los tiempos para una adición presupuestal del contrato, menos le importa si entre el contrato que expira y el nuevo transcurra un mes o hasta más y que el contratista vaya a trabajar, asumiendo gastos como transporte y alimentación al desarrollar actividades en un trabajo del cual no tiene contrato.

Pero, ÂżquĂ© herramientas hay para amparar al contratista?, en teorĂ­a las IAS, podrĂ­an intervenir en el caso, para ello el contratista debe hacer largos y desgastantes trámites como ir a cada entidad, esperar que su caso sea escuchado y en la medida de lo posible atendido, para este momento el contratista  sabe que ya no habrá posibilidad alguna de continuar en la entidad en la que solĂ­a trabajar, ya que el sistema ampara al opresor o  victimario, y la vĂ­ctima es vista  como un “contratista inconforme”, en muchos casos los jefes de las IAS son amiguĂ­simos o familiares de integrantes de las juntas directivas o cargos de alto nivel de la entidad denunciada, significado con ello impunidad absoluta o simplemente inoperancia.

No conozco el primer caso aquí en Armenia o el Quindío, donde un jefe de despacho o secretario haya sido sancionado por la procuraduría, a lo sumo uno que otro destituido, por casos de corrupción o inhabilidad, ninguno por abuso de poder, maltrato al subalterno o proceder errático en el procedimiento.

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