Traducido por Luis R Castellanos de Psychology Today
Imagen por Nick Fewings de Unsplash
La primera lección que enseño a la mayoría de mis pacientes es cómo enfocar las cosas de manera positiva, centrándose en lo que sí desean en lugar de en lo que no quieren.
Cuando las personas buscan cosas buenas, suelen encontrarlas, y esto refuerza la creencia optimista de que la vida es buena. Por el contrario, cuando piensan en lo que no quieren, tienden a fijarse en los aspectos negativos de su vida, lo que puede llevarlas a desarrollar una perspectiva vital contraproducente.
Enseño varias herramientas que ayudan a mantener una actitud positiva, tal como describo en mi libro «La guía de vida para adolescentes» (The Life Guide for Teens):
Las palabras en diversas formas
Para lograr que las palabras positivas que elijas realmente «calen hondo», utilízalas de diversas maneras. Escribirlas, decirlas en voz alta, cantarlas o incorporarlas en creaciones artísticas genera más actividad cerebral que el simple hecho de leerlas.
Por ejemplo, una excelente idea es escribir «USA PALABRAS POSITIVAS» en una tarjeta, decorarla con imágenes positivas y pegarla en el espejo o en la mesita de noche. Cuanto más veas, leas y pronuncies esas palabras, más atención les prestará tu subconsciente, lo que te ayudará a llevar a cabo tus propósitos.
Céntrate en tu esfuerzo
Una de las lecciones que todos aprendemos es que no siempre podemos controlar lo que sucede, pero por lo general sí podemos controlar lo que pensamos y hacemos. Por eso, frases como «Yo soy», «Yo haré», «Yo puedo» y «Yo hice» son poderosas herramientas para incorporar a tu vocabulario cotidiano.
Centrarte en tus acciones es una forma de afirmar que tienes el poder de hacer que las cosas sucedan. Así que, sea lo que sea que estés haciendo, asúmelo y dilo en voz alta. Esto hará que tanto la parte consciente como la subconsciente de tu mente se involucren para ayudarte.
Cuidado con la palabra «NO»
Al igual que alguien que escucha a escondidas desde el otro lado de la habitación, tu cerebro tiende a centrarse en las palabras clave de tus frases. Sé sabio y cuidadoso al elegirlas.
Por ejemplo, considera la frase: «No haré trampas en el examen».
¿Qué palabra te llama más la atención?
Apuesto a que es «trampas». Es la acción. Es el problema. Y pensar en ello no ayuda; de hecho, podría incluso aumentar la tentación de hacer trampas.
En su lugar, podrías decir simplemente: «Seré honesto y daré lo mejor de mí en el examen». Esto hace que el cerebro piense en cómo tener éxito actuando con honestidad.
La palabra «no» es complicada de procesar para el subconsciente. Rara vez es la palabra principal de una oración: no es el sujeto principal ni la acción importante. Por ello, formula afirmaciones que expresen lo que vas a hacer o lo que realmente deseas, en lugar de centrarte en aquello que no quieres.
Recurre a una voz que te ayude
Cuando te cueste encontrar las palabras adecuadas para afrontar un problema, no pasa nada por utilizar las palabras de otra persona para ayudarte. Piensa en alguien cuya voz respetes y en quien confíes: tal vez un profesor, un entrenador, un abuelo o un hermano mayor.
¿Qué diría esa persona? Quizás te sorprendas al ver cuánto has hecho tuyos su estilo y sus conocimientos. O piensa en algún personaje famoso que pudiera asesorarte: por ejemplo, Brandi Chastain, The Rock o Taylor Swift.
Si en ese momento no se te ocurre ninguna persona real, piensa en un personaje de ficción. ¿Qué palabras usaría Gandalf para aconsejarte? ¿O Barbie? ¿O el tío Iroh? ¿O Yoda?
Sé específico
Una vez que empieces a utilizar palabras positivas, tu mente consciente y tu subconsciente se esforzarán por poner en práctica tus intenciones. Puedes ayudar a ambas partes de tu mente a ponerse en marcha dándoles más detalles sobre cómo lograr lo que deseas.
Por ejemplo, en lugar de decir «Quiero que me vaya bien en el examen de mañana», podrías decir: «Quiero que me vaya bien en el examen manteniéndome tranquilo, seguro de mí mismo y concentrado. Quiero ser capaz de recordar fácilmente lo que he aprendido». ¿Ves la diferencia? La segunda frase te plantea un objetivo y una forma de alcanzarlo.
Bloquea las palabras negativas
Tu cerebro procesa lo que oyes para decidir qué hacer a continuación. Como parte de este proceso, las partes consciente y subconsciente de tu mente eligen qué mensajes quieren recordar tras escucharlos en el mundo exterior. Cuando oyes palabras positivas, estas pueden ayudarte a sentirte más feliz o más fuerte. Cuando oyes palabras negativas, pueden hacer que te sientas triste o débil.
Puedes bloquear el efecto de las palabras negativas contrarrestándolas en tu mente con palabras positivas. Por ejemplo, si alguien te dice que eres tonto, puedes decirte a ti mismo que eres inteligente. Si no terminas de creer que eres inteligente, puedes decirte que quieres ser más inteligente y que tienes el poder de lograrlo; esto también bloquea el efecto de las palabras negativas.
Recuerda: solo tú eres responsable de cómo te sientes. Nadie puede hacerte sentir mal sin tu permiso. Ayuda a los demás
Cuando comprendes el gran poder que tienen las palabras para influir en la mente, puedes utilizarlas para ayudar a las personas que te importan a ser también más inteligentes, fuertes y felices.
Emplea palabras positivas y alentadoras con tus familiares, amigos y compañeros de equipo. También resulta beneficioso usar palabras positivas con figuras de autoridad, como maestros y jefes, ya que es más probable que los demás sean amables contigo si tú eres amable con ellos primero.
Para reflexionar
Cultivar una actitud optimista —creyendo que sucederán cosas buenas en nuestra vida— puede ayudarnos a vivir más tiempo y con mejor salud.
Las investigaciones han demostrado que, en comparación con otras personas, los individuos optimistas experimentan un aumento de hasta un 15 % en su esperanza de vida (Lee et al., 2019). Asimismo, el optimismo se asocia con una reducción del 15 % en la probabilidad de desarrollar demencia (Stenlund et al., 2026).
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