Manuel Gómez Sabogal


Lo dicho, sigo siendo el objeto de burlas de Isabella. Aprovecha cualquier fallita para sacar a relucir sus frases.

Cuando hemos ido al centro, le gusta que guardemos el carro en un parqueadero que le queda cerca a lo que ella quiere. Por supuesto, es pequeño y, además, estrecho.

Esta mañana, al llegar al parqueadero, solo había cupo para un carro. Aunque le dije que buscáramos otro más amplio y donde hubiese más espacio, ella me dijo que no. Que ahí cabía. Debía cuadrarlo.

Pues bien, el señor encargado empezó a ayudarme. Poco a poco, pasaba el tiempo y nada que podía hacerlo. Paciencia al dar reversa, volver al lado, buscar el mejor perfil para cuadrar el vehículo.

Isabella, tranquila, despreocupada y esperanzada en que yo cuadrara el vehículo. Afortunadamente, no sudé, ni me estresé.

La paciencia pudo más y después de un buen tiempo, logré que el vehículo quedara bien y sin problema.

Al salir del carro, el señor del parqueadero me dijo: “aprende porque aprende” y como si ella siguiera esas palabras, dijo: «abuelo, todavía puedes aprender, aunque estés viejito”.

Hacía rato no sentía a la Isabella de niña. A mi nieta que siempre fue la encargada de hacerme ver así ante los demás. Hoy, reconocí a esa Isabella.

Ya está grande, terminó bachillerato y se prepara para la universidad. Quiso venir a pasar sus vacaciones acá, antes de entrar al college.

Lo que siempre me ha dicho en estos días es “abuelo, te amo”, “abuelo, te quiero mucho”, “no te olvides que debemos ir a Salento y a El Roble”. Es su único deseo. Por lo demás, es feliz cuando salimos o cuando sale con el tío Manuel Alejandro.

En estos días, estuvo con la abuela y lo que hizo fue traer ropa nueva. Ya me dijo que en estos días debemos ir los dos, porque “necesita” más ropa y esa es la palabra clave: “necesito”.

Sus abuelos paternos la consienten también. El fin de semana pasado estuvo con ellos en la finca y este otro fin de semana se la llevarán de nuevo.

Las visitas a los tíos están aplazadas, pero les llegará el momento.

Lo importante es que Isabella no ha dejado de ser Isabella a pesar de estar más grande y aunque siempre me diga “estás muy cucho, abuelito”.

Igual, es un gran amor de nieta. 

“La risa de una nieta es la mejor medicina”.

Por De todo un Poco

Experto en eLearning, Tecnologia y Seguridad Bloguero y profesor universitario. ___ eLearning, Technology and Security Expert. Blogger and professor.

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