Cuentos cortos – Antonio de Mello
Los hindĂşes han creado una encantadora imagen para describir la relaciĂłn entre Dios y su CreaciĂłn. Dios danza su CreaciĂłn. Él es su bailarĂn; su CreaciĂłn es la danza. La danza es diferente del bailarĂn; y, sin embargo, no tiene existencia posible con independencia de Él. No es algo que se pueda encerrar en una caja y llevárselo a casa. En el momento en que el bailarĂn se detiene, la danza deja de existir.
En su bĂşsqueda de Dios, el hombre piensa demasiado, reflexiona demasiado, habla demasiado. Incluso cuando contempla esta danza que llamamos CreaciĂłn, está todo el tiempo pensando, hablando consigo mismo o con los demás, reflexionando, analizando, filosofando. Palabras, palabras, palabras… Ruido, ruido, ruido… Guarda silencio y mira la danza. Sencillamente, mira: una estrella, una flor, una hoja marchita, un pájaro, una piedra…
«Cualquier fragmento de la danza sirve. Mira. Escucha. Huele. Toca. Saborea. Y seguramente no tardarás en verle a Ă©l, al BailarĂn en persona».