Falleció, producto del cáncer, Eddie Van Halen, el guitarrista y cofundador de la mítica banda de rock Van Halen.
Un detalle que pocos conocen es que también fue el creador de la llamada “Cláusula Van Halen” aplicada a cierto tipo de contratos en los negocios utilizada hasta el día de hoy.
La banda fue una de las primeras en montar grandes producciones con escenarios enormes y con requerimientos técnicos alucinantes debido a la cantidad de luces y potencia de sonido que se necesitaban.
Al tener una agenda muy recargada y su llegada a la ciudad donde se daría el show era con el tiempo muy justo, la ciudad que los acogía era la encargada de iniciar gran parte del montaje necesario para el escenario para que después ellos lleguen con una caravana de 9 tráileres para terminar de montar el resto de equipos de luces y sonido.
Y para asegurarse que se cumplirían la larga lista de requisitos sobre amperaje, tamaño de puertas para acceder con los equipos, cantidad de tomacorrientes para los instrumentos y demás, en mitad de la nada incluían el artículo 126 que decía, textualmente, lo siguiente:
“No habrá ningún M&M marrón en la zona del backstage, bajo pena de cancelación del concierto y el pago total a Van Halen”
Y, para reforzar el pedido, dentro de la lista de alimentos requeridos se pedía que hubiera una bolsa de M&M y se exigía EN MAYÚSCULAS Y SUBRAYADO que no debería haber ninguno de color marrón.
Hasta que se dio el momento: En la ciudad de Pueblo, en el estado de Colorado, David Lee Roth (cantante de la banda) llegó al backstage y encontró una bolsa de M&M como habían pedido, pero con M&M marrones en el bowl. Se puso en modo Shakespeare y dijo: “pero qué es esto que tengo frente a mí” y acto seguido comenzó a destrozar el mobiliario, tiró la comida al piso, rompió una puerta y causó daños por un total de $12,000.
Ese momento reforzó el concepto que se tenía de ellos de ser una banda de rockeros engreídos, maniáticos y excéntricos.
Sin embargo, la verdad era otra.
Como lo cuenta el mismo Lee Roth en su libro autobiográfico: “todos los contratistas nos decían que siempre habían montado bien el escenario, siguiendo al detalle las indicaciones técnicas del contrato”. Como el grupo no tenía tiempo de comprobar que todo el montaje haya sido realizado de la manera correcta, lo primero que hacían era revisar el bowl de M&M.
Si encontraban M&M marrones sabían que no se habían leído el contrato con atención. Y eso significaba que podría haber fallos críticos como en la estructura (para soportar el peso de los equipos) o de las instalaciones eléctricas. En otras palabras, no se podía garantizar la seguridad del grupo, de sus trabajadores y la del público que asistía a sus conciertos.
Y, de hecho, el sistema funcionó.
En aquel concierto en Colorado el escenario acabó hundiéndose en la suelo de la pista de basketball donde lo montaron, causando daños por más de $80,000 adicionales a lo que ya había causado Lee Roth en los camerinos.
El artículo 126 parecía una excéntrica exigencia de comida de un grupo de estrellas de rock engreídas, pero era, realmente, una brillante forma de controlar la calidad del montaje en sus espectáculos. De confirmar que el contratista había leído y seguido todas las instrucciones para el montaje.
Desde ese entonces se le conoce como “la cláusula Van Halen” a una cláusula sin sentido que se incluye para confirmar que se lee la totalidad del contrato.
Y fue así como un grupo de rock logró aparecer en un master de negocios como un buen ejemplo de control de calidad en entornos caóticos de riesgo.


Desconozco el autor de este artículo

Por De todo un Poco

Experto en eLearning, Tecnologia y Seguridad Bloguero y profesor universitario. ___ eLearning, Technology and Security Expert. Blogger and professor.

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