Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya
Estamos en la antesala de otro mundial de futbol a celebrarse en Canada, Estados Unidos y Mexico, y precisamente fue en el estadio Azteca de ese país, que se celebró el encuentro de futbol, considerado por diversos medios especializados y personas vinculadas al mundo deportivo, como uno de los partidos más emocionantes del siglo XX. El miércoles 17 de junio de 1970, Italia ganó por un resultado de 4-3, a la selección de Alemania, en la prórroga, después de que el segundo tiempo terminara con el marcador igualado 1-1, en la semifinal del campeonato Mexico 70. Se inició el tiempo extra, y a falta de cambios pues, ambos equipos habían realizado ya sus dos respectivas sustituciones, Franz Beckenbauer, dejó una imagen impactante para la historia de las Copas del Mundo, jugando con el brazo dislocado, totalmente pegado al cuerpo con vendas, demostrando su compromiso con la selección alemana. Una verdadera hazaña.
En la tertulia de esta tarde en el grupo, empezamos a recordar los hechos notables que hemos realizado ahora de pensionados, porque la vida nos tenía guardadas, en algún rincón del alma, fuerzas recónditas, fortalezas espirituales, deseos irrealizados, anhelos insatisfechos, goles anulados, y grandes retos que nos atrevimos a enfrentar con libertad. Para poner en su sitio lo que significa ser referente, el mayor de la manada, báculo, ejemplo, y “mire lo que es capaz de hacer mi abuelito”. Y está muy bien, “no aparenta los años que tiene y ya cumplió los ochenta”.
Doña Marina nos contó que cuando cumplió los 80, los hijos le regalaron un viaje en parapente, si, en esos aparatos que vuelan. Claro acompañada de un piloto, experimentado y con las certificaciones del caso. Ella tenía su trayectoria y experiencia, porque de todas las “tirolinas” de la región se lanzó, inclusive de la extensa del parque Chicamocha, lo hizo, ante el asombro de propios y extraños. Esta vez salió de Buenavista, y hermanos, cuñados, amigos, el asombrado esposo también octogenario, la acompañaron en la partida. Y voló por el cielo quindiano, con el “boga encantador”, que quien sabe cuántas cosas bellas le dijo, en los 40 minutos que duró el vuelo, pero todas se las llevó el viento, que fue su permanente compañero. Y aterrizó en la finca la Picota, entre Rio verde y Barragan, ilesa, feliz, se le olvidaron todos los dolores y vivió su sueño anhelado. Dice que le falta montar en camión, tracto mula, para ser exacta, doña Marina se bebió la vida también en los aires.
Contó Dario que él, recién pensionado, pescaba hasta dos veces por semana, en quebradas, en ríos, en lagos. Se iba de mañana para un rio y almorzaba con lo pescado. Tenía un grupo con los Merchan, Coucy, Arana, Duvan, el “Mago” de la Epa, y otros que el mismo no recuerda, los otros días a jugar billar, así pasaron varios años. Y Dario fue muy juicioso, porque tiene álbumes con fotos de esas épocas, rotuladas, fechadas, marcadas y determinados los personajes. Una tarde nos dedicamos, como en familia, a ver y vivir todos esos agradables recuerdos, porque Darío se bebió la vida, también en las aguas quindianas. Magnolia en cambio, se compró una buena provisión de libros para leer, una vez se pensionara, pero que va, si se leyó dos fue mucho, le gusto mas la natación, ir todo el día a la piscina de la U., al gimnasio, a la pista de atletismo, hasta que se levantó un novio a William, se juntaron y colgaron los tenis y mejor se dedicaron a vivir sabroso, a viajar. En estos momentos solo les falta Africa, conoce muchos países, y con el compañero cuando regresan de viaje, nos reunimos, para narrarnos, con fotos, videos y anécdotas lo vivido, en sus viajes.
Tenemos un compañero invidente, que nunca pierde el humor, nos relacionamos con él y siempre nos pregunta “con quien hablo”, nos agradece que le charlemos y hubo una época, por sugerencia de Roberto, que nos ofrecimos varios para acompañarlo por la tarde al centro comercial. En la actualidad tiene una enfermera y cuidadora profesional además de su dedicada esposa y un hijo que le visita con frecuencia. A James su vida díscola le cobró por ventanilla, factura, y lo alejó de la realidad, lo visitamos en un ancianato, muy elegante, pero totalmente ajeno a los avatares de este mundo, su abnegado hijo tiene que decirle que somos compañeros de trabajo. Gabriel y su esposa Sofía se dedicaron a ir a los conciertos de músicos famosos, a los de Shakira, Juanes, Maluma, Carlos Vives, Carol G, J. Balbin y la mayoría de los internacionales famosos. Conserva las boletas y una buena colección de fotos que comparte con nosotros en las tertulias literarias y musicales.
Marleny nos recordó cómo fue diagnosticada y enviada para la casa sin futuro, con una enfermedad terminal, derrotada, derribada, su vasija de barro rota en pedazos, la obra del Creador en ella, según los médicos había terminado. Todos los presentes vivimos su enfermedad con nuestras plegarias, novenas, cadenas de oración, romerías, peregrinaciones. No nos faltó nada, su fe es muy grande, eso hace siete años, y mírela ahí siempre “dicharachera” y alegre, es la organizadora de los costureros.
Aprendimos, definitivamente, que la misericordia divina es más grande que cualquiera de nuestros problemas, y cada uno de los presentes, es un testimonio vivo de su presencia en nosotros, la mayoría completamos los centavos que nos faltaban para el peso, y nunca antes adquirió tanta vigencia el “solo por hoy”.
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