Vincent Siciliano, director general del “New Resource Bank” con sede en California, fue contratado para cambiar las cosas y restaurar la misiĂłn fundacional del banco: «Servir a empresas basadas en valores positivos y a organizaciones sin ánimo de lucro que están construyendo un mundo más sostenible». Aunque en unos pocos años Vince hizo que el banco recuperara el rumbo, no todo iba tan bien como parecĂa a primera vista.
DespuĂ©s de esta exitosa transiciĂłn, el equipo de directivos decidiĂł tomarle el pulso a la organizaciĂłn y descubriĂł bajos niveles de compromiso y rechazo con los altos directivos. Siciliano se sorprendiĂł, pero asumiĂł que los problemas venĂan de los grandes cambios que la organizaciĂłn habĂa sufrido, por lo que optĂł por no tomar medidas ya que pensaba que el tiempo todo lo cura.
Un año despuĂ©s, el banco enviĂł otra encuesta a los empleados. Esta vez, los resultados fueron más especĂficos: habĂa un problema con la motivaciĂłn de los trabajadores y la mayorĂa de las personas, incluidos los miembros del equipo de directivos, identificaban a Siciliano como la causa principal.
Siciliano estaba destrozado y tenĂa una actitud que se movĂa entre la ira, la indignaciĂłn, una actitud defensiva y la culpa. Se preguntaba: «¿CĂłmo han podido decir estas cosas sobre mĂ? ÂżNo comprenden lo lejos que hemos llegado bajo mi liderazgo?»
PodrĂa haberse mantenido en esta mentalidad negativa, revolcándose en la autocompasiĂłn y buscando excusas. En cambio, despuĂ©s de haber sido un gran triunfador a lo largo de toda su carrera, decidiĂł enfrentarse a una verdad incĂłmoda: no era el gran lĂder que creĂa ser. Estaba liderando segĂşn las normas establecidas y pisoteando las preocupaciones de otros que no estaban listos para moverse tan rápido o no entendĂan las razones de los cambios que habĂa implementado.
En una entrevista que hicimos a Siciliano, dijo: «Mi ego estaba desbocado. Estaba liderando con la cabeza y no con el corazĂłn». Se dio cuenta de que, a pesar de todas las habilidades que habĂa desarrollado a travĂ©s de sus años de formaciĂłn en gestiĂłn y desarrollo profesional, nunca le habĂan pedido que se mirara al espejo y se preguntase quiĂ©n era, quĂ© valoraba y quĂ© significaba realmente ser un lĂder. Desde entonces, el trabajo en equipo del banco y las puntuaciones de opiniĂłn de los empleados han aumentado drásticamente y ahora hay un equipo de alto rendimiento que está enfocado tanto en las relaciones como en los resultados.
La experiencia de Siciliano no es Ăşnica. Conocerse a uno mismo no es parte del plan de estudios estándar en la mayorĂa de los programas de formaciĂłn en gestiĂłn. La mayorĂa de los tĂtulos de MBA se centran en la estrategia y en las hojas de cálculo, campos en los que Siciliano sobresaliĂł. Este enfoque le cegĂł de lo que estaba ocurriendo en su organizaciĂłn.
Aproximadamente el 40% de los directores generales tienen un MBA. Muchos estudios a gran escala han descubierto que el liderazgo basado Ăşnicamente en la lĂłgica enseñada en los MBA no siempre es suficiente para generar resultados financieros y culturales a largo plazo y que a menudo resulta perjudicial para la productividad de una organizaciĂłn. En un estudio, los investigadores compararon el desempeño organizacional de 440 aclamados directores generales que habĂan aparecido en las portadas de revistas como BusinessWeek, Fortune y Forbes. Los investigadores dividieron a los directores generales en dos grupos (los que tenĂan un MBA y los que no) y monitorearon su desempeño hasta siete años despuĂ©s. Sorprendentemente, el rendimiento de aquellos con un MBA fue significativamente peor. Otro estudio, publicado en el Journal of Business Ethics, analizĂł los resultados de más de 5.000 directores generales y llegĂł a una conclusiĂłn similar.
Para ser claros, no estamos diciendo que los MBA no sean útiles para dirigir una organización. Pero si la lógica lineal que se enseña en los MBA se convierte en el único foco, a costa de otras habilidades, como conocer las capacidades de uno mismo, la comprensión hacia los demás y la cultura empresarial, el enfoque de liderazgo está desequilibrado.
Ese fue el caso de Siciliano. El tenĂa todos los cálculos correctos y su estrategia era clara, pero a las personas no les gustaba trabajar con Ă©l y cada vez eran más infelices. Estaba mandando en base a las teorĂas de negocio imperantes, pero no se conocĂa ni se entendĂa a sĂ mismo. Debido a su falta de autoconciencia, la gente veĂa que no era autĂ©ntico. Estas son las razones por las que no estaban dispuestos a seguirle o a apoyar su liderazgo. Afortunadamente para Vince, estuvo abierto al cambio y a travĂ©s de un viaje de mindfulness y coaching en autoconciencia, fue capaz de convertirse en el lĂder que querĂa ser.
Bill George, profesor de liderazgo en la Escuela de Negocios de Harvard y antiguo director general de Medtronic, dice que la autoconciencia es el punto de partida del liderazgo. La autoconciencia es la habilidad de ser consciente de nuestros pensamientos, emociones y valores en cada momento. A travĂ©s de la autoconciencia, podemos liderarnos a nosotros mismos con autenticidad e integridad y, del mismo modo, liderar mejor a otros y a nuestras organizaciones. Realizamos una encuesta de más de 1.000 lĂderes en más de 800 empresas de más de 100 paĂses, y encontramos que los lĂderes de los niveles más altos tienden a tener una mejor autoconciencia que los lĂderes más bajos en la jerarquĂa. Esto podrĂa deberse a que una mayor autoconciencia acelera el proceso de promociĂłn, o porque, como Siciliano, se nos incita a mejorar nuestra autoconciencia a medida que aumenta nuestra responsabilidad de liderazgo.
Afortunadamente, la autoconciencia se puede mejorar. Si llevamos a cabo unos simples pasos, podemos complementar las habilidades de liderazgo tradicionales con ella.
Una práctica diaria de consciencia
Una investigaciĂłn publicada en Nature Neuroscience ha descubierto que una práctica corta de consciencia conduce a cambios en la estructura y funciĂłn del cerebro que mejoran la autoconciencia. En nuestro trabajo con una empresa global de TecnologĂas de la InformaciĂłn de Silicon Valley, descubrimos que un entrenamiento de consciencia de 10 minutos diarios durante solo cinco semanas mejoraba la autoconciencia de los lĂderes participantes hasta en un 35%.
El entrenamiento de consciencia le permite expandir sus conocimientos sobre lo que está sucediendo en el paisaje de su mente en todo momento. Le ayuda a observar y regular sus emociones y a comprender mejor el comportamiento, las reacciones y las emociones de las personas a las que dirige y, como consecuencia, a crear mejores relaciones y liderar con un mayor impacto. (Si tiene curiosidad por probar estos ejercicios de la consciencia, puede encontrar más pautas aquĂ).
TĂłmese descansos regulares
Cuando estamos bajo presión, hacemos lo que siempre hemos hecho por una cuestión de inercia. Recurrimos al pensamiento y comportamiento habitual. No hay mucha conciencia en eso y hay poco espacio para comprenderse a uno mismo o a las personas a las que se lidera. Tomar descansos cortos regulares, de incluso solo un minuto, le saca del pensamiento y comportamiento habitual. Le proporciona espacio para que surja la conciencia y para ver las cosas de forma más clara.
Una pausa para el conocimiento es un descanso donde no hace nada. No revise las noticias, su teléfono o las redes sociales. Todo eso solo ocupa el espacio de su mente y no permite que surja la conciencia. Por el contrario, debe apartar el teléfono, alejarse del ordenador y simplemente mirar por la ventana, cerrar los ojos o caminar por el pasillo de un lado a otro.
Qué dicen los demás
Cuando estamos ocupados, nuestro cerebro usa de forma predeterminada el reconocimiento de patrones. Quiere simplicidad. Cuando otros le hablan, su cerebro automáticamente buscará lo que ha escuchado antes y eliminará lo nuevo. De esa manera, como en el caso de Siciliano, no escuchará las preocupaciones y opiniones de los demás y no estará al tanto de lo que ocurre culturalmente. Corre el riesgo de aislarse en su burbuja de liderazgo, donde su cerebro realmente solo escucha su voz interior.
Para evitar el reconocimiento del patrĂłn predeterminado del cerebro, haga un esfuerzo para escuchar con los oĂdos bien abiertos y la boca bien cerrada cuando esté con otras personas. Además, ignora la voz interior de su mente que comenta todo lo que escucha.
Sea abierto. Sea curioso. Cuestiónese sus creencias.
Harvard Business Review