La vida no es un partido de fútbol, es el campeonato completo


Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya C


Cuando estamos en los octavos de final del campeonato existencial, empezamos a repasar las jugadas maestras, los quites fantásticos, los desbordes, las gambetas, los tiros desde el punto penal convertidos, los errados, los goles de antología, los de chiripa, los autogoles, pero no tantos como los que se hizo Javier Mejia, “tierra” quien convirtió tres autogoles en un mismo partido, citado por Jota Dominguez. Las faltas descalificadoras que me cometieron y las que cometí, que merecieron muchas tarjetas rojas de mis padres y familia. Recuerdo esos últimos minutos “de Dios”, que me salvaron de perecer en partidos definitivos, y tuve la oportunidad de recuperar los puntos necesarios para clasificar entre los ocho, y no perder la categoría. La disipación, los desvíos del camino, los devaneos que proporciona el éxito, fueron mis compañeros en noches sin termino, pero siempre el encuentro con la mano salvadora de doña Ayda, mi madre, me volvió al camino, pedido en sus incontables rosarios al señor de la Misericordia, todos los lunes.

Hoy ya podemos revisar la tabla definitiva de la clasificación, más tranquilos y observamos tantos partidos que tuvieron alargue, periodos suplementarios, pitazos finales que se prolongaron hasta llegar al minuto 81 de la existencia humana. Fuimos titulares en infinidad de encuentros oficiales, amistosos, de ida y vuelta, de locales y visitantes. Recreamos derrotas, reencarnamos triunfos, reciclamos empates y aplazamientos. Concedimos entrevistas radiales, a la prensa escrita, en televisión y cuando llegaron las redes sociales, nos encontraron en el banco de suplentes, al cual nos relegó la cruel realidad del transcurso de los años. No me salvó ni siquiera que era el dueño del aviso, “usted ya no está para estos trotes, doctor”, sentenció el imberbe entrenador.

Nada de metáforas, así es la vida, un partido de futbol, no, un campeonato completo. Como el colombiano, que se inició el 15 de agosto de 1948, con un torneo largo, siendo Santa Fe, equipo de Bogotá, su primer campeón. Y ha evolucionado hasta el formato actual de dos campeones por año, desde 2002, en los torneos de apertura y finalización. Destacándose el dominio histórico de Nacional, antes Atlético Municipal, 18 títulos, Millonarios, 16 y America de Cali, 14.  Y como no recordar la época del dorado, entre 1949 y 1953, cuando gracias a una huelga en Argentina, Colombia contrató una pléyade de figuras mundiales, siendo Millonarios el equipo más destacado de la época, a nivel nacional e intercontinental.

En plena época del Dorado, un equipo de argentina se conformó con jugadores de la ciudad de Rosario, para venir de gira por Colombia, con el nombre de “Rosario Wander”, el cual fue comprado por empresarios de la región del Quindío, a los argentinos, por 50 mil pesos de la época, y se convirtió en el Deportes Quindío. Estamos hablando de 1951, y se participó en el campeonato nacional, y luego de 2 quintos puestos 1951 y 1952, 2 subcampeonatos 53 y 54 y un tercer lugar en 1955, ​ en el sexto año de vida futbolística el equipo de la “ciudad milagro” logró su primer y hasta ahora única corona al proclamarse campeón del Campeonato Colombiano de 1956. Y con una nómina de lujo, Julio Cesar Asciolo, el portero, Manuel Dante País, José Francisco Lombardo, Nelson «El Viejito» Vargas, Ricardo Diaz, “el pibe Díaz”.  Álvaro Lahidalga; Alejandro Carrillo, Jaime “el manco” Gutiérrez, Francisco Solano Patiño, Alejandrino Génes y Roberto “Benitin” Urruti.

Es el momento de decirlo, esos señores fueron mucho más que jugadores de futbol, fueron ciudadanos ejemplares, personas trascendentes, mencionemos dos, a Manuel Dante País, quien terminó sus días como profesor en el Rufino J. Cuervo, pensionado, y antes había ejercido en el San Solano, siendo todo un maestro de la vida, sincero, sencillo, siendo argentino, solidario. Con la educación física nos contagió a todos de valores, el sentido de la amistad, de la entrega, y me faltan adjetivos para significar todo lo que don Manuel, influyó en mi vida como educador.

Y mención especial merece el inigualable Urruti, pequeño de estatura, pero grande su alma, pensionado como entrenador de todos los equipos de fútbol de la Uniquindio, como del Deportes Quindío. Era una verdadera caja de música, nunca se le vio triste, o amargado, y pasó por muchas en la vida, nosotros vivimos con él, las verdes y las maduras, primero en el barrio la Clarita, donde se radicó, y ya después en el centro. En Armenia todos fuimos amigos, admiradores y solidarios con la vida del “Benitín Urruti”. Y Francisco Lombardo fue un exitoso empresario, y de los primeros socios de don Emilio Valencia, en el famoso café Continental. Otra vez me falta espacio y vida para comentar todas las hazañas de los jugadores que pasaron por el Quindío, pero permítame mencionar a uno que siempre viene a mi memoria, el famoso Carlos Medrano, el “antipenal”.  Te das cuenta estimado Diego, que aquí nos podíamos quedar este resto del partido de la vida, comentando de esos fabulosos momentos que vivimos con el glorioso “Deportes Quindío”.  Ojalá en algún entretiempo de los partidos amistosos que jugamos en el mall del centro comercial, tengamos tiempo para seguir recordando, estimado Ruben Dario.

Hoy estamos, desde hace mucho tiempo en la segunda división del futbol colombiano, pero conservando, recibiendo los dividendos y privilegios de la primera división porque eso está escrito en alguna parte de los reglamentos del futbol colombiano. Así es la vida, tantos ascensos y descensos, jugadores famosos otros no tanto, entrenadores que pasaron enseñando o decepcionado, por nuestras vidas y mucho aprendimos y seguimos haciéndolo.

Definitivamente, lo mejor es seguir disfrutando de este alargue del partido, hasta cuando el Gran Arbitro pite la final, y ya “no va más, final, final”.   



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