Por Andrés Macías Samboni
Cada 23 de abril celebramos el idioma español como si se tratara de una fiesta limpia, luminosa, casi ceremonial. Se recitan poemas, se exaltan autores y se honra la palabra como vehículo de identidad. Pero hay una verdad incómoda que se filtra entre las sílabas: en Colombia, la lengua no solo canta; también denuncia. Y en ese eco persiste la vigencia de Gabriel García Márquez, quien entendió que narrar era, en el fondo, un acto de resistencia.
“No basta un siglo para sentir la soledad y la orfandad que denunció García Márquez en su obra literaria; Macondo desangra aún los vestigios de la violencia”. Esta tesis no es una metáfora exagerada: es una constatación dolorosamente vigente. Macondo, ese territorio mítico de Cien años de soledad, no desapareció con el último Buendía. Se fragmentó en geografías reales: en el Cauca sitiado, en el Catatumbo olvidado, en las periferias urbanas donde la vida vale menos que el silencio.
La violencia —esa vieja narradora de nuestra historia— no ha cedido el protagonismo. En 2026, por ejemplo, Andrés Ortíz publicó un artículo en el diario EL PAÍS en el que afirma: más de la mitad de los homicidios en Bogotá están asociados al sicariato, una forma de muerte tercerizada que evidencia la sofisticación del crimen y la fragilidad institucional. No se trata solo de cifras: es la banalización de la muerte, la misma que García Márquez convirtió en paisaje cotidiano en sus relatos. Hoy, como entonces, matar se ha vuelto un oficio, y morir, una estadística.
Pero la violencia no actúa sola. Se alimenta de un entramado más profundo: la desigualdad estructural. Aunque las cifras recientes, según el DNP (Departamento Nacional de Planeación) muestran una reducción de la pobreza —31,8% en 2024 y 9,9% en pobreza multidimensional en 2025—, estos avances son frágiles y desiguales. Más de 16 millones de colombianos siguen viviendo en condiciones de pobreza, con regiones donde dos de cada tres personas sobreviven en precariedad, de acuerdo con el informe del Banco Mundial. Es decir: el país progresa en los informes, pero se estanca en los territorios.
Ahí, en esa fractura, habita la verdadera soledad. No la del individuo aislado, sino la de comunidades enteras abandonadas por el Estado, sometidas a grupos armados y privadas de derechos básicos, esto último también indicado por el Banco Mundial. De modo que, esa es la orfandad que García Márquez anticipó: una orfandad política, social y moral. Un país donde la infancia crece entre fusiles y la adultez entre carencias.
Y si la pobreza persiste, la inequidad la profundiza. Mónica Uribe Gómez y Andrés Julán Londoño, ambos de la Universidad Nacional de Colombia, lo confirman en un artículo publicado en Forum (Revista del Departamento de Ciencia Política): Colombia sigue siendo uno de los países más desiguales de América Latina. Asimismo, Juan Miguel Hernández lo afirma en un artículo publicado en el periódico EL PAIS: La concentración de la riqueza, la evasión fiscal de los más poderosos y un sistema tributario regresivo consolidan un escenario donde el progreso no se distribuye, sino que se acumula. En ese contexto, el idioma —ese que hoy celebramos— se convierte en un campo de disputa: ¿quién tiene voz?, ¿quién puede narrar su historia?, ¿quién es escuchado?
Porque el lenguaje no es neutro. Nombrar la violencia es enfrentarla. Nombrar la pobreza es visibilizarla. Nombrar la corrupción es incomodar al poder. Y en ese ejercicio, el legado de García Márquez cobra una dimensión urgente: escribir no es solo crear mundos posibles, sino revelar los insoportables.
Hoy, en el día del idioma español, la mejor forma de honrar la lengua no es solo declamarla, sino usarla con dignidad crítica. Que cada palabra sea memoria, que cada frase sea denuncia, que cada texto sea una forma de resistencia contra el olvido.
Porque Macondo no es pasado: es presente. Y mientras la violencia, la miseria y la desigualdad sigan escribiendo la historia de Colombia, el idioma seguirá siendo —como en la obra de García Márquez— un testigo incómodo, pero imprescindible.
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