Por Manuel Gómez Sabogal


Escribo esta nota, recordando a María Luisa García Cardona, fonoaudióloga maravillosa y gran persona. Es un homenaje a alguien que era risas, alegría, simpatía y, antes que nada, gran mujer.

La conocí un mes después de mi operación. Decidí ir a la celebración eucarística ese domingo, para agradecer a Dios por todo lo que había sucedido después de mes y medio en la clínica. Fue genial, llegar a la parroquia y sentir los abrazos de muchos de los asistentes a la misa. Incluso, el sacerdote Agostino Abate, preguntó desde el altar que si era cierto que yo estaba allí. Como estaba en la parte de atrás de la capilla, levanté la mano y hubo aplausos.

Comenzó la misa y había pedido que, se me permitiera hacer la primera lectura y me dijeron que no había problema. Al llegar el momento, salí, aunque titubeando, pues tenía cierta prevención debido a mi voz. En la clínica y por tres ocasiones, me intubaron de emergencia, haciendo que la cuerda vocal izquierda quedara paralizada desde entonces.

Al leer, lo hice lentamente para que se entendiera. Logré que los asistentes pudieran captar el mensaje de la lectura y me sentí muy bien.

En el momento de “La paz sea con todos”, muchos se acercaron a mí y me abrazaron nuevamente. Yo estaba muy agradecido con Dios, mi familia y todos mis amigos.

Finalizó la misa y una señora se acercó y me dijo:

– ¿A usted qué le pasó en la voz?

– Me intubaron y estoy así, pero el doctor dijo que recuperaría mi voz.

– Soy fonoaudióloga y le puedo ayudar. Mi nombre es María Luisa.

Me dio sus datos y quedamos en que luego conversaríamos al respecto.

No pasó una semana y la llamé. Me dio cita y fui a su apartamento. Un agradable saludo, un café caliente y nos sentamos. Me explicó en qué consistiría la terapia. Inicialmente, serían diez citas.

Juicioso, cada día asistía a la terapia de voz. Poco a poco, empezamos a conversar más y más, pues como vivía sola, me decía que necesitaba con quién charlar. Así que mis terapias se convirtieron en visiterapias o teravisitas.

En una de esas teravisitas, hablamos de un amigo que había fallecido mientras yo estaba en la clínica: José Fernando Ramírez Cortés, gestor cultural, gran persona y su vecino.

Después de las primeras diez, siguieron otras diez. A veces, con intervalos, púes debía atender a otros pacientes impacientes.

Alegre, agradable, sencilla y descomplicada. Hablaba, me contaba anécdotas, historias, su vida, momentos y hablaba sobre sus grandes amores: Alejandro, su hijo y Manuela y Emmanuel, sus nietos.

Recordaba cuando Alejandro se fue a estudiar Administración de empresas y como toda madre, lo despidió deseándole el mejor de los éxitos. Le dedicó una canción para que supiera que era libre para volar, pero que ella estaba siempre ahí: “Como un pájaro libre” de Mercedes Sosa, canción que Alejandro lleva en el corazón.

Además de las terapias de voz, María Luisa tenía otra pasión y era bordar. Sus bordados eran especiales. Su trabajo era fantástico y me mostró qué hacía cuando bordaba.

A mi hija y a mi nieta les bordó sus nombres en delantales, los cuales enviaría a Canadá, donde residían. Fue increíble como quedaron. Me impactó su trabajo.

Un día, estando en una de las teravisitas, llegó Manuela a almorzar. Conversamos un momento y le pregunté que si quería mucho a la abuela. No dudó en su respuesta. Era su adoración. Seguimos conversando y luego, me despedí.

Meses después, María Luisa, un poco triste, me dijo que Manuela viajaría a vivir a USA. Que le iba a hacer mucha falta. Le dije que mi nieta Isabella estaba más lejos, en Canadá y que eso era muy difícil, pero que tranquila que la podría ver, charlar con ella, enviarle mensajes.

Cuando yo no podía asistir a las teravisitas, le enviaba un mensaje y ella me escribía sobre qué debía hacer. Y muy juicioso, en casa hacía mi terapia.

Me enviaba canciones y mensajes alentadores. Y cuando decretaron el encierro, mis teravisitas se fueron al suelo. Y nos escribíamos o me enviaba audios constantemente. Porque desde ese momento, no volví a verla. El miedo a salir me podía.

Afortunadamente, guardo sus mensajes y audios. Comparto algunos de sus mensajes:

  • Dentro de poco llegan las fiestas de octubre dígame a quien vamos a traer y donde vamos hacer la caseta te doy la potestad de escoger el nombre.
  • Como le va ahí le envío otra joyita de todo mi gusto la música cubana. Qué me le opina como baila ese tipo de bacano cuando me lo mandaron interrumpí todo y me puse a bailar con él.
  • Quiero un tintico, aunque no, mejor un guaro
  • Que tengas un lindo día después ver estos vídeos y escuchar esa canción cantada por esos intérpretes.
  • Adelantó el toque de queda eso está muy bien disfrute este aislamiento abrazos bendiciones
  • Hola mi caro amigo ya estoy de regreso de mis vacaciones pase descansando en compañía de mi hijo te enviare una entrevista un señor Juan Diego me pareció interesante
  • amigo no me haga sufrir con ese aislamiento tan riguroso
  • todo esto por una tacita de café y por la alegría de vivir
  • Buen día mi caro amigo que disfrutes este día lleno de amor y mucha paz
  • Hola Manuel de Jesús (hasta apodo me puso),  que alegría tan grande  me da ver y escuchar todos los mensajes, leer todos tus escritos y más con la compañía de un buen café que noticia tan excelente la  que me dices de esta nueva oportunidad con respecto a tu voz así como   ignoras  el cel lo fines de semana y  festivos a mí me pasa todo los días  me seguirás contando de este proceso el viernes cumplí años y llegó mi hijo de sorpresa y puedes imaginar cómo la pasamos todavía estoy enguayabada abrazos que tengas un lindo día te quiero mucho y deseo lo mejor para ti.
  • Gracias mil lo quiero mucho. Desaparecida bueno el que busca encuentra.
  • Yo sigo pensando que la vida sin café y por supuesto sin buenos amigos no es vida graciasssss amigo.

Y seguiría escribiendo maravillosos mensajes, mensajes que no puedo olvidar, porque los escribía con alegría y mucho cariño. De eso estoy seguro. Era tan especial.

La música nos unió siempre. Y el mejor recuerdo será cuando escuche “Pueblito viejo”. Porque también, amaba la música cubana, los boleros, las baladas y la música andina colombiana. Y también, bailaba hasta sola.

Es decir, vivía con alegría.

Su último mensaje lo recibí el 26 de marzo de 2021 y decía:

  • Amiguito de mi corazón lo pienso mucho y más ahora pues tengo covid; recibe mis abrazos.

Aunque le escribí, casi que inmediatamente, ya no contestó. La respuesta, me la dio su hijo Alejandro, al día siguiente, quien me dijo que había sido llevada de urgencia a la UCI.

Este 23 de abril, falleció. Sin un adiós, pero con un gran recuerdo de su amistad, su despedida del 26 de marzo y sus teravisitas o visiterapias llenas de alegría y muchas risas.

Por tantas alegrías, sonrisas, cuentos, recuerdos, historias, vivencias y terapias, María Luisa es la alegría de vivir…

Por De todo un Poco

Experto en eLearning, Tecnologia y Seguridad Bloguero y profesor universitario. ___ eLearning, Technology and Security Expert. Blogger and professor.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com