Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya C
Nos reencontramos y hablábamos por Facebook durante y después de la pandemia, y físicamente, en este puente, tuvimos un caluroso encuentro personal. Recordamos que fuimos compañeros en la informal escuela de padres que organizamos, cuando el hijo de nuestro compañero Luis Enrique, le pidió el favor de que le cuidara al nieto, por un añito no más, que él se había ganado una beca para estudiar en España, y pasaron los años, el hijo siempre estaba estudiando, la estadía se prolongó y bajo la tutela del abuelo, el niño se graduó como profesional en nuestra universidad. “no hay nada más permanente que una solución temporal,”, decíamos en ese entonces. Y nosotros acompañamos a Luis Enrique en su nueva labor de ser padre, siendo un respetable sesentón. Y por teléfono me pidió pedido un favor, muy especial y esperaba que le tuviera una respuesta favorable cuando nos viéramos.
Mi papá, empezó su historia, es mayor, pero totalmente lúcido, tiene 79 años, está bien de salud en términos generales, no es diabético, con hipertensión controlada, no tiene cardiopatías, bien del hígado, tiene insuficiencia renal, bajo control, camina con regularidad, participa de muchos eventos sociales, culturales, pertenece a tertulias, talleres literarios y numerosos grupos de WhatsApp, que lo mantiene ocupado todo el día. Es experto crucigramista y todavía le gusta tomarse sus traguitos. Vive en el apartamento de siempre, en el cual crecimos nosotros, con mi mamá y los dos hijos, una señora va dos veces por semana a asistirlo, le hace de comer, y le arregla el sitio, nunca hay desorden, le organiza la ropa, se cuentan historias y el rigor metódico en su actuar, ha cedido mucho, con esta compañía, porque la señora habla y habla hasta por los codos, inclusive le da órdenes y el obedece. También lo visita una sobrina que siempre lo ha acompañado, pero ella tiene su casa, esposo y una hija. Tiene un buen grupo de compañeros con los cuales se reúne diariamente en una cafetería cercana a su residencia o en el mall de comidas del centro comercial, donde también almuerza, los días que no va la señora. Es famoso por su elegancia y pulcritud en el vestir.
Es autónomo, independiente, indómito, rebelde con causa, agnóstico, no cree en nada ni nadie, apolítico, se jacta de haber votado pocas veces en la vida, desde que enviudó no se le conoce compañía, buen amigo, solitario, solidario a morir, colaborador, mecenas, filántropo, está inscrito en todas las campañas y acciones de caridad, pero sin matricularse o comprometerse con congregación alguna. Y faltan datos de otras parroquias, así es mi papá, usted lo conoce muy bien, si claro, pero no hemos sido muy amigos, soy más amigo de la sobrina Nazly, su prima.
Como le parece, ilustre profesor, que desde hace unos días para acá mi papá ha perdido el interés por la vida, pelea con la señora que lo asiste, con su sobrina, quienes son las personas más importantes para él, no responde las llamadas nuestras, no quiere salir, con las vecinas que jugaba parqués no se volvió a reunir, se ha visto enfermo varias veces, de llamar médico a la casa, y una vez se cayó en el apartamento, le dio un desmayo y lo tuvieron varios días en la clínica, pero se recuperó. Le instalamos sin que se diera cuenta, cámaras de seguridad conectadas con la portería, y a su vez con los celulares de mi hermano y el mío. Por nuestros trabajos, ninguno de los dos puede venir con frecuencia, pero ante la situación de mi papá, yo me vine y aprovecho para reunirme con usted y ponerle la misión de cuidarlo, por unos días, que espero, acepte, usted como maestro sabrá qué hacer. Nosotros le reconocemos honorarios que ya tenemos definidos, esperamos también esté de acuerdo.
Y acepté encantado y para mi sorpresa el papá también aceptó, les presenté un programa el cual consistía en la ubicación en un centro de atención básica para adultos mayores, o un hogar geriátrico, un centro vida o inscribirse en un grupo de adulto mayor. O seguir en el apartamento, pero con la presencia de un cuidador especializado o un acompañante permanente. El debería decidir cual camino seguir, a mí me parece muy buen programa, empecemos conociendo, en su compañía profesor, todos los centros básicos de atención para adulto mayor, esos hogares y los grupos, yo he estado en alguno, y entre todos tomamos una decisión, aunque yo tengo una propuesta para ustedes, pero la digo solo al final.
En el Quindío hay 22 asociaciones de pensionados reunidos en la Federación con cerca de dos mil seis cientos afiliados, 150 grupos de adulto mayor, funcionado y reconocidos por la Secretaría de desarrollo social, 19 Centros básicos de atención al adulto mayor, numerosos hogares geriátricos, registrados en Internet, unos diez Centros vida, en actividad. Primero, ubicamos los centros básicos de atención al adulto mayor y los visitamos uno por uno, la intención era ubicarlo en alguno de ellos. En el día visitamos hasta tres y por la noche hacíamos la evaluación y para abreviar de los visitados, solo se quedó con el Anita Gutiérrez de Echeverry, pero hay cupo solo en unos seis meses, y eso que él tiene buenas relaciones con este centro. Visitamos después los hogares geriátricos del Quindío y que lujos por Dios, eso si descresta, hoteles cinco, cuatro, tres, y sin estrellas. Unos servicios espectaculares, y a unos precios sublimes, carísimos. Y tienen mucha demanda, hay que reservar el cupo, “nosotros le avisamos”. Aquí cualquiera que se escogiera era extraordinario, había unos mejores que otros.
Vea profesor, esta noche en una video llamada con mis hijos, les planteo lo que quiero hacer en estos últimos días, para que no perdamos más tiempo. Y así fue, “siempre he querido ver plasmada mi vida, en letras de molde, entonces le propongo profesor, que nos sentemos, yo le cuento durante tres semanas todos los pormenores de esta existencia que se extingue, no importa si necesitamos más, y usted en otras tres semanas, no importa si necesita más, las organiza y me entrega un libro, el presupuesto, para publicar cincuenta libros y regalarlos entre familiares y amigos, le voy a pagar el salario mínimo por los meses que se demore, máximo tres, no tiene más plazo, hacemos un contrato y me dice, rapidito si acepta.”
Acepté, ya empezaron a correr los tres meses y estoy fascinado oyendo las historias de don Alfonso.
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