Traducido por Luis R Castellanos de CNBC
Los hábitos moldean nuestra forma de trabajar, de gestionar el estrés y de relacionarnos con los demás. Determinan si nos acercamos a nuestras metas o si repetimos los mismos errores.
Lo mismo ocurre en nuestras relaciones románticas. Nuestra satisfacción, estabilidad y sentido de conexión están directamente relacionados con los comportamientos que adoptamos por inercia cada día.
Como psicólogo que estudia a las parejas —y como esposo— he comprobado que algunos de los rituales más poderosos en una relación resultan ser, a su vez, los más sencillos. A continuación, presento cinco hábitos que aparecen de manera constante en las relaciones más felices y resilientes.
1 Celebrar activamente las buenas noticias del otro
Los seres humanos estamos biológicamente programados para centrarnos en lo negativo. Este sesgo ayudó a nuestros antepasados a sobrevivir, al mantenerlos alerta en busca de amenazas. Sin embargo, en las relaciones modernas, a menudo conduce al pesimismo, la crítica o una insatisfacción crónica.
Con el tiempo, una mentalidad de «ver el vaso medio vacío» entrena a los miembros de la pareja para buscar problemas en lugar de momentos dignos de aprecio. Por eso es tan importante lo que los investigadores denominan «capitalización»: la forma en que los miembros de la pareja reaccionan cuando el otro comparte una buena noticia.
Los estudios demuestran que, cuando las personas responden con entusiasmo (por ejemplo, haciendo preguntas, mostrando interés o celebrando los logros), las parejas reportan una mayor satisfacción en la relación y vínculos emocionales más sólidos.
2 Mantener relaciones sociales fuera de la pareja
Sentir que tu pareja es «tu persona» es algo de gran importancia; sin embargo, nadie puede satisfacer de manera realista todas las necesidades emocionales, sociales y psicológicas de otra persona.
Las parejas felices invierten en amistades, relaciones familiares y vínculos comunitarios, tanto de forma conjunta como individual. Esto evita que la relación se vea sobrecargada por expectativas poco realistas.
Cuando los miembros de la pareja se sienten socialmente respaldados más allá de la relación, es menos probable que experimenten resentimiento, sensación de estar atrapados o agotamiento emocional. La relación se convierte entonces en un espacio de elección, y no de obligación.
3 Crear «terceros espacios» juntos
No en vano se dice que la variedad es la sal de la vida. Incluso las relaciones más sólidas pueden empezar a parecer monótonas cuando desaparece la novedad. Esto resulta especialmente cierto en el caso de las parejas que conviven y tienen trabajos exigentes; el ciclo de trabajo, hogar, descanso y repetición puede volverse tedioso con el paso del tiempo.
Por esta razón, las parejas felices buscan activamente lo que los investigadores denominan «terceros espacios»: entornos que existen fuera del hogar (el «primer espacio») y del trabajo (el «segundo espacio»). Podría ser una cafetería favorita, un gimnasio de escalada, un sendero para caminar, una noche de trivial o una clase que toman juntos.
El propósito principal de este «tercer espacio» es la exploración intencional. Cuando incorporan regularmente nuevos terceros espacios a su rutina, inyectan una sensación de novedad y aventura sin necesidad de viajar ni de realizar cambios drásticos en sus vidas.
4 Practicar la independencia a la par de la vida en común
La constancia y el apoyo son pilares fundamentales en las relaciones sanas. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunas parejas comienzan a depender excesivamente la una de la otra: para la regulación emocional, la toma de decisiones o la logística diaria. Esto puede derivar, poco a poco, en una codependencia.
Las parejas felices contrarrestan esta tendencia practicando la independencia. Mantienen aficiones individuales, pasan tiempo a solas o gestionan ciertas responsabilidades de manera individual.
Esta independencia es vital para preservar el sentido de identidad propia. Y lo que es aún más importante: propicia algo cuyo valor muchas parejas subestiman: la oportunidad de extrañarse mutuamente.
5 Mantenerse emocionalmente al día
Despertarse cada día junto a la misma persona puede generar la ilusión de una profunda familiaridad. Muchas parejas asumen que la cercanía física engendra, de forma natural, cercanía emocional; pero no siempre es así. Las personas crecen y cambian —a menudo de maneras sutiles— con mucha más frecuencia de lo que solemos percibir.
Las parejas felices conservan siempre la curiosidad. Se recuerdan a sí mismas que ambos miembros de la pareja se encuentran en constante evolución. Al dedicar tiempo a hacerse preguntas, comienzan también a percibir los nuevos sueños, anhelos y necesidades que surgen en su pareja. Esto los protege de caer en una de las trampas más habituales en las relaciones: la distancia emocional a pesar de la proximidad física.
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