Se nos movió el piso de pies a cabeza


Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya Cadena


En ese entonces, docentes activos, estábamos en la semana de planeación de actividades de inicio de año, salimos a la pausa para el almuerzo, y como había algunos profesores nuevos, se repartieron en diferentes casas, para que fueran entrando en familia. Con nosotros, se fue una joven normalista bogotana y después de almorzar y tomándonos un tinto en la sala del apartamento, en un tercer piso del barrio Coinca, empezó a rugir la tierra y luego a moverse de manera descomunal, a caerse los enseres, electrodomésticos, a desplazarse todo, los muebles cambiaban de sitio, las matas, los cuadros, a caer pedazos de paredes y a chorrear agua por el techo. Y vivimos una historia narrada por muchos protagonistas, no hay habitante de Armenia que no tenga, siquiera un párrafo, que contar de esa tragedia.

Precisamente terminamos de leernos el libro “Un día para olvidar” del doctor Diego Arango Mora publicado en Abril, y el autor hace una descripción sobre ese terremoto sucedido a la 1:19 p.m. y la réplica de las 5:49, del día 19 de Enero de 1.999, con anécdotas relatadas por personas vivas, que sufrimos los efectos del pavoroso sismo, perdida de seres queridos, como la familia Mejia, de la cual perecieron todos sus miembros, que estaban en reunión familiar, solo quedó Iván, quien no pudo asistir. El colapso de las viviendas o las graves afectaciones que sufrieron y el recuento de los edificios afectados, y todas las acciones que siguieron para lograr la recuperación que estamos viviendo hoy en la capital quindiana.

En mi caso, tenía 54 años de edad, disfrutando las mieles de ser adulto, tocando las puertas de la jubilación, los hijos estudiando en la universidad, unión conyugal vigente, pagando el apartamento mediante las onerosas cuotas del UPAC, buena posición laboral, igual mi esposa, y realmente muchas ganas de vivir. Y la naturaleza interrumpió la vida, se abrió un gran paréntesis en la existencia de los quindianos y empezamos a vivir una historia de resiliencia y persistencia digna de mostrar al mundo, porque fue integral, no solo física, sino mental, emocional y espiritual. 

Y tantas narraciones, enseñanzas, experiencias, todo el proceso de reconstrucción, tuvo su evaluación el pasado lunes 10 de agosto, a los 7 y 35 minutos de la mañana, la tierra quindiana se volvió a sacudir, y de manera inenarrable. Fueron largos segundos, minuto y medio, en los cuales todo se nos movió. Seguimos en el mismo apartamento del tercer piso de Coinca, con mi esposa y una señora también veterana, que nos hace de comer. Y empezó a moverse el piso, nosotros en el baño, vivimos a plenitud, en toda su dimensión, lo que fue este terremoto. El ruido de las cosas al caer fue pavoroso, nos agarramos del pelo, las oraciones fueron insuficientes para calmar el terror que causa la impotencia del no saber que hacer. Arreciaba cada vez más, el televisor se cayó y produjo un verdadero estruendo, el helecho, los anturios, las palmeras, la mata de sábila, orgullo de la patrona, todo por el suelo, eso lo vimos mucho después, por ahora cuando cesó esa horrible mañana, salimos despavoridos del tercer piso, pero Oh Dios, la señora no quería salir, seguía aferrada a su hábitat, a su querencia. Alcancé a llegar al parqueadero y ella sin bajar, se necesitó de gritos y órdenes de vecinos más tranquilos, que le exigieran evacuar.

En nuestro caso, tenemos 80 y 81 años de edad, disfrutando las mieles de ser adulto mayor, habitantes del octavo piso, pertenecientes a esa mayoría degradada o a una minoría sobredimensionada. Ya en la calle, todos los residentes de nuestro querido Coinca, apreciamos la magnitud de lo acontecido. En general somos una población adulta, un niño tuvo que rogarle a su abuelita que bajara, porque ella “en piyama no iba a salir a la calle”, hasta que no se acicaló no bajó. Nuestro conjunto había sido reestructurado después del terremoto del 99 y por constancia de ingenieros residentes, sus estructuras, columnas y vigas quedaron muy bien reforzadas, pues en la primera evaluación, ese mismo día solo, se trató de daños en la mampostería. No hay ningún lesionado, herido, solo, sin excepción, damnificados, somos 108 residentes y todos bien gracias a Dios.

Y apareció Guillermo, Voluntario de la Cruz Roja, quien se unió a la labor titánica de los celadores, para organizar a las personas, calmar los aterrados ánimos, y con la administradora hacer un inventario de las personas, que no hubiera nadie atrapado en los bloques, para después de ese juicioso barrido, constatar que todos estábamos afuera, vivitos y coleando, solos con el fantasma de las réplicas. rondando

Y pasó una noche, con toque de queda incluido, en otra residencia, claro hay algunos que no siguen instrucciones, menos obedecen, o no tendrán para donde irse y siguieron ahí. Al otro día sacamos ropa y artículos de primera necesidad para una estadía más larga en la casa de mi hermana, y dependiendo de la evaluación que harán el sábado los ingenieros de la alcaldía, sabemos que camino tomar.

Y llegó el sábado, ayer, 15 de agosto del 2026, y la visita de los ingenieros y con la presencia de la administradora y un representante nuestro, determinaron que el apartamento no es habitable, por ahora. Se hará más adelante una visita minuciosa, con la compañía aseguradora, si estaba asegurado, para decidir si es pérdida total o susceptible de reparación. Pero el apartamento 302 del bloque 2 del conjunto residencial Coinca, debe permanecer desocupado, sea por lo uno o por lo otro, mi querida señora doña Olga.

Nos aprestamos para un obligado, agradable, trasteo, y a estas alturas de la vida, nos tocó estrenar muebles, enseres, barrio, y cambiar de vida.


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