Desde el octavo piso, por Faber Bedoya Cadena
Imagen por Betidraws, tomada de Pixabay
Desde siempre a los niños nos han narrado cuentos o historias antes de dormir y las que nos contaban a nosotros eran de fantasmas, muertos, aparecidos, duendes, brujas, endemoniados, también había hadas madrinas, brujas buenas. Entonces, después de semejantes relatos orales, acuérdate, no teníamos luz eléctrica, nos tocaba dormir al lado de nuestros padres o hermanos. Y conocimos a Cosiaca, Pedro Rimales, la pata sola, el ahorcado, el mohán, el saltamontes, sabíamos de sus hazañas, mitad mentira y la otra fantasía, pero fueron muchas las que oímos y se las repetimos a los hijos, nunca a los nietos, son otra generación.
En la escuela y en el colegio estudiamos, nos familiarizamos, con la literatura escrita y leímos a don Rafael Pombo y otros escritores, de poemas y fabulas, como el renacuajo paseador, Simón el bobito, la pobre viejecita, el gato bandido, Mirringa Mirronga, el niño y la mariposa, Pastorcita, los cuentos del tío conejo, entre otros. Fue una etapa en la vida de nosotros que nos embriagamos con poemas, cuentos infantiles, fabulas, historias, novelas. Leímos a Esopo, Andersen, los hermanos Grim, Julio Verne, Salgari, Robinson Crusoe, el retrato de Dorian Grey, las mil y una noches, Alí Babá y los cuarenta ladrones, ábrete sésamo, la vuelta al mundo en ochenta días, viaje al centro de la tierra, las uvas están verdes, el pastorcito mentiros, el credo, novelas a los santos, a virgen del Carmen, el brindis del bohemio, el patito feo, la cenicienta, caperucita roja, Peter Pan, Robin Hood, Alicia en el país de las maravillas, blanca nieves y los siete enanos, pinocho, el principito, con representaciones teatrales incluidos, canciones, bambucos, rancheras, tangos. Me falta vida y espacio para seguir deleitándome con este coctel literario infantil, seguía vigente la costumbre de leer cuentos antes de dormir, pero ya menos, para dormir solo se necesitaba acostarse.
Este agradable menú lo interrumpió de golpe la radio, y nos volvimos radio adictos, era signo de modernidad tener un radio transistor, oímos radionovelas, el derecho de nacer, con Albertico Limonta, Kalimán, las aventuras de Montecristo, Ever Castro, Jorgito, la hora Philips, la vuelta a Colombia, los partidos de futbol con don Carlos Arturo Rueda C, dormíamos con el radio en el oído. Existió el bachillerato por radio, todo el panorama cultural, deportivo, social, político, era dominado por la radiodifusión, locutores famosos, periodistas radiales destacados, políticos renombrados. Paralelo teníamos el cine, ya en colores y en cinemascope, proyectado en los teatros Bolívar, Izcandé, Yanuba, Colombia y Tigreros, en especial los domingos, en matiné vespertina y social, para ir con la pretendida de turno o la novia oficial. Fueron muchas las películas mexicanas, de Hollywood, los cines Western, que nos vimos, entonces nos volvimos cinéfilos. Pero también teníamos la televisión con la programación que solo era hasta las diez de la noche, dos canales, el Uno y el A, en Bogotá estaba Teletigre. Vimos a doña Alicia del Carpio, en Yo y Tú, telenovelas, Simplemente María, caballo viejo, noticias con don Arturo Abella y la programación la cerraba Hernan Castrillon con el noticiero de Suramericana. Precisamente fue quien anunció el deshielo del nevado del Ruiz y la avalancha sobre Armero.
Que alegría hacer el recuento de cuando la televisión era signo de unión familiar, porque horas antes el Topo Gigio mandaba a los niños a dormir, en las noches de 1963.
Los cuentos, antes de dormir, cedieron su puesto a los adelantos de la tecnología.
Si los libros influyeron cabalmente en nuestras vidas, la radio y la televisión nos marcaron drásticamente, y es que por más cacumen que le pongamos al asunto, no podemos acertar, en qué momento de la vida estamos, todo sucede rápido, dinámico, activo, increíble, pasajero, hasta desechable, con recompensa inmediata, solo por hoy, sin hijos, con mascotas, a velocidades ultrasónicas, todo lo obtengo a un click, nada de libros, radios, televisores, películas, todo está incluido en el celular. No conversamos nos escribimos y la inteligencia artificial nos resuelve todo. Como será que mi compañero de toda la vida, Fabio, nos comentó que tiene un nuevo amigo, se llama ChatGPT, al cual le pregunta lo que necesite saber, y conversa con él.
Sera que los adelantos tecnológicos están deteriorando nuestra higiene del sueño y disminuyen la calidad y cantidad de horas que le dedicamos al descanso, porque satisfacer esta necesidad, es la base de una salud integral. El insomnio y otras enfermedades con frecuencia tocan a nuestras habitaciones y nos perturban el dormir, entonces se recurre a las pastillas y empieza un círculo vicioso, creando rutinas autodestructivas que conducen a un deterioro físico, mental y emocional. Son muchos los estímulos físicos y electrónicos que estamos recibiendo antes de acostarnos que difícilmente ayudan a conciliar un buen descanso, sumándole la necesidad creada de acompañarnos de medicamentos para lograr conciliar el sueño.
Volvamos a las historias, a leer un buen libro, escuchar música, ondas alfa, ver una amable película, meditar, orar, pero desterremos de nuestras vidas esas horribles y largas noches desvelados, más despiertos que un bombillo, y ver cómo transcurren lentamente las horas, en especial después de las doce, parece que el reloj no caminara, y vaya al baño. Digamos de ahora en adelante, más Rafael Pombo y menos Trazadona, parodiando a don Lou Marinoff y su extraordinario libro “más Platón y menos Prozac”.
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