Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya
Nosotros, los nacidos después de la segunda guerra mundial, hemos recorrido, al día de hoy, muchas millas y trasegado tantos caminos, que su recuento se pierde en el olvido y en el tremendo “y eso para qué”. Hay veces que tenemos que hacer ingentes esfuerzos para no pasar desapercibidos, inclusive con los mismos contemporáneos, que han organizado grupos, como guetos, se reúnen entre ellos y nos tienen solo como referentes de algún testimonio, o para comprobar algo que no se recuerda.
Y lo simpático empieza, cuando nos ceden el puesto en el transporte, el turno en las filas, nos dan la mano para bajar del bus, o nos dicen “y usted sale solo a la calle”. O cuando disminuye la memoria, se olvidan los nombres, hechos, fechas, direcciones, rostros o anécdotas, o qué era lo que tenía qué hacer, o para dónde iba. Y hay una enorme controversia sobre la edad en la cual se empieza a ser mayor en Colombia, parece que todos están de acuerdo, en que una persona después de los 75 años, es viejo, anciano, o estimado miembro de la tercera edad, en estado avanzado, “te diría que los 80, es la edad de la vejez declarada”.
En el Quindío, para no irnos muy lejos, en el último lustro, de cada 100 personas 72 son mayores de 65 años. O sea, estamos en manos de este grupo etario, en su gran mayoría venidos de otras partes, pensionados. Por lo general muy sanos, con enfermedades preexistente controladas, o en recuperación por el excelente clima y la notoria calma y tranquilidad, con las que se vive en esta región. En el norte, vecinos nuestros, hay un edificio que es habitado por elegantes emigrantes documentados de Bogotá, ya nacionalizados en Armenia, y con el “hablao cuyabro”. Y en el sur en la variante el Campestre, el Caimo, en muchos condominios, sus residentes son de otros departamentos, en especial de Cundinamarca y Boyacá. Y faltan datos de otros sectores de la ciudad.
Afortunadamente en la actualidad hay muchísima información y un portafolio amplio de servicios y atención gerontológica a nuestra disposición. El domingo pasado en un periódico nacional leímos un artículo titulado, “Envejecer con coraje y dignidad es un acto de rebeldía”y en nuestra tertulia lo comentamos y le hicimos muchos aportes. Se mencionaron tres pilares principales que nos ayudan en nuestra misión de super héroes ochenteros, y que ayudan a una “vejez satisfactoria”
El primer elemento es llegar en buen estado físico y continuar haciendo la actividad física, y el ejercicio, adecuados a la edad. Eso activa el sistema respiratorio, circulatorio, mejora el aparato inmunológico, eleva la autoestima. Y tiene que ver con nuestra base biológica, genética. anatómica, genotipo, fenotipo, estructura, funcionamiento, vitalidad y apariencia externa, lo cual influye, condiciona y moldea el comportamiento, la autopercepción, la interacción de la persona con su entorno, el estado de ánimo, la resiliencia y la motivación para actuar.
Así como mantener aquellas destrezas motrices, habilidades especiales, el taller, los tejidos, la pintura, la bicicleta, sin colgar los guayos, la raqueta, que no sea sólo caminar, mi querido Fabio.
Hicimos un largo silencio en el cual recorrimos todo nuestro ser vital, a lo ancho, de arriba abajo, curiosamente medimos menos de lo que dice la cédula, comparamos cirugías, visualizamos operaciones, conversamos de las enfermedades, contamos dolencias. Hay algunos muy sanos, Ramon está muy bien, a Gabriel se le ve mejor, pero como si fuera un trofeo, gritó a todo pulmón, “y tengo marcapasos”. Sigamos mejor, compañero Roberto.
Otro elemento clave: es socializar. Una de las grandes amenazas para la vejez es la depresión y la soledad es un excelente caldo de cultivo para esta anomalía. O sea, uno tiene que hacer un esfuerzo para incluirse en grupos, para tener una vida para importarles a otros, que otros se preocupen porque un día no apareciste. En Armenia hay muchos grupos de adultos mayores, clubes, asociaciones, parroquias, grupos de gimnasia, deportivos, cine club, meditación, yoga, gimnasia, de cocina, de cultura, aeróbicos. Tenemos hasta una universidad para mayores. Un compañero anotó que recientemente estuvo en un seminario taller de relaciones humanas, e insistieron en tres aspectos modernos de la sociabilidad, la confianza entre los compañeros, establecer y respetar los límites personales y en la forma de resolver los conflictos individuales y grupales. Dejamos abierta para la próxima semejante discusión.
Y el tercer elemento clave es tener un propósito. Los viejos necesitamos tener cosas que hacer, por y para nosotros. Nos hemos convertidos en empleados de tantos jefes, y nos vemos por la calle haciendo “mandados”, que siempre los imaginamos para otros. Algún chistoso dijo que, la semana de un pensionado se reduce a seis sábados y un domingo, o más triste, “desayuno y me quedo sin nada que hacer”. Vamos en un tren por la carrillera de la vida, cuando éramos niños la próxima estación, era la juventud, de jóvenes, la próxima, adultos, de adultos, mayores, de mayores, viejos, y ahora cuál es nuestra próxima estación. No, esa que usted está pensando todavía, no, tenemos por gratitud con el creador, la obligación de bajarnos del tren siendo felices, que nos presentemos con una sonrisa de oreja a oreja porque cumplimos a cabalidad, aceptamos y multiplicamos las promesas, fuimos fieles en la fe que nos inculcaron nuestros mayores.
Y el testimonio más grande de la misericordia divina es que estamos vivos, tenemos todo el tiempo del mundo para prodigar amor en el servicio, con la alegre compañía tuya que eres bondad, amistad y optimismo, el viaje continúa y no se ha presentado el Supervisor General, a preguntarnos por el tiquete para bajarnos.
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