Desde hace tiempo estaba por escribir algo relacionado con este tema, aunque ya un ciber amigo se me habĂa adelantado hace unos años atrás, y me permito citar la manera cĂłmo empezĂł su artĂculo en su oportunidad:
Hace unos años leĂ un libro titulado «La Esperanza no es un MĂ©todo«, donde la moraleja que ofrecĂan los autores era, más o menos, que si querĂamos algo, debĂamos trabajar por ese algo. El esperar que las cosas pasen no es suficiente. El esperar que ocurra un milagro no es suficiente.
Un profesor nos contaba en estos dĂas acerca de un señor que todos los dĂas le rezaba a Dios pidiĂ©ndole sacarse la loterĂa. Fervientemente y diariamente el señor lo hacĂa, hasta que muriĂł. Cuando sube al cielo y se encuentra con Dios frente a frente, le recrimina que nunca le hizo caso a sus ruegos. A lo que Dios le responde: «¿Y cĂłmo te iba a ayudar a sacarte la loterĂa si nunca compraste un solo boleto?»
Y tambiĂ©n nos contaba el profesor, que si querĂamos pasar su materia, tenĂamos que estudiar. Que no bastaba rezar ni hacer penitencias. SerĂa una versiĂłn de «A Dios rogando y con el mazo dando.»
La esperanza no es un método. Eliodoro Niklaus.
Pues debo decir que también leà el libro en cuestión, escrito por Harper y Sullivan (1998), y en el mismo se exponen las ideas de liderazgo del General Colin Powell.
El tema vino a mi mente por una conversaciĂłn con una amiga, en la que me contaba que estaba de momentos evaluando su vida, ya que estaba pasando por momentos no muy agradables, y se estaba dando cuenta que no le gustaba lo que estaba pasando. A los dĂas le preguntĂ© quĂ© estaba haciendo, y me respondiĂł que se estaba llenando de trabajo y de cursos para tratar de no pensar en el asunto. Y que por supuesto, estaba esperando que las cosas se solucionaran.
Como el alcohĂłlico que se emborracha en ocasiones para olvidar sus problemas, existimos personas que nos llenamos de trabajo para olvidar nuestros problemas.
Y al igual que pasa con el alcohĂłlico cuando vuelve a la sobriedad, cuando dejamos de trabajar los problemas siguen allĂ.
Y no es cuestiĂłn de esperar que ocurra un milagro. O tener la esperanza que las cosas se van a solucionar solas. Y si no se solucionan, pues es que Dios no quiso que se solucionara…
Pues como he citado en oportunidades anteriores, no hay que preocuparse. Hay que ocuparse.
Los problemas no se arreglan solos, y muchas veces no debemos contar con los demás para que nos los resuelvan. Los problemas se solucionan ocupándose.
- Tengo la esperanza que la economĂa mundial mejore.
- Tengo la esperanza que el calentamiento global pueda ser solucionado.
- Tengo la esperanza que inventen la cura para el cáncer.
- Tengo la esperanza que disminuyan los niveles de contaminaciĂłn en el mundo.
Y mientras tanto, ¿qué hago yo para ayudar? Reitero: No te preocupes. Ocúpate.
Luis Castellanos
De todo un poco