Desde el octavo piso, por don Faber Bedoya Cadena
Gloria es la mayor de la segunda tanda de hijos que tuvieron don Gerardo y doña Mercedes. En total fueron ocho hijos, cuatro mayores, un receso de tres años y vinieron otros cuatro. Él era funcionario de los ferrocarriles nacionales en el Pacífico colombiano y decían que tenía una señora en cuanto municipio iba a prestar sus servicios, con varios hijos extramatrimoniales. Como parte de pago de las cesantías le entregaron un lote cercano a la estación y allí auto construyeron un edificio de cuatro pisos, alquilaron dos pisos, vivían en el segundo y en el primero organizaron una tienda y el taller de modistería de la señora quien llegó a ser la mejor costurera del pueblo, todo esto mientras criaba los cuatro primeros hijos.
Un día sin razón conocida o al menos divulgada por los allegados, a doña Mercedes se le vio deambular por las calles del pueblo, mal trajeada, despeinada, sucia, y hablando incoherencias. Los vecinos inmediatamente se la llevaron para el hospital, llamaron al esposo, las hijas estaban estudiando, los dos mayores ya habían salido de la casa y trabajan en un ingenio cercano. La tuvieron en observación en urgencias, le administraron sedantes, y ante ninguna mejoría, se la llevaron para Sibaté, Cundinamarca. Las operarias, muy acuciosas, terminaron con todos los encargos, le cumplieron a las clientas y cerraron el taller, todo sucedió muy rápido y nadie entendió por qué se la llevaron tan lejos.
El esposo y los cuatro hijos fueron varias veces a visitarla y cuando contaban como estaba ella decían, “nosotros la vemos muy bien, que un día de estos le van a dar de alta”. Es muy juiciosa y hasta dicta clases de modistería a las otras internas.
Un día de estos, sin previo aviso y ningún alboroto, el taller de modistería de doña Mercedes amaneció abierto, ella y sus cinco ayudantes laborando, todo el vecindario se volcó a darle la bienvenida, a encomendarle nuevos trabajos y eso que solo habían pasado dos años, 8 meses y 22 días, según las cuentas de la hija Angela, que era la niña de los ojos de la patrona. La normalidad aterraba, la tienda muy prospera siguió como venía funcionando, muy bien, un señor muy juicioso, ya pensionado de los ferrocarriles nacionales, padre y esposo, ejemplar. Y a los nueve meses nació Gloria, a los once, otra niña, al año otro y a los once meses, nació el último hijo.
Todo era normal, los cuatro primeros hijos muy organizados, menos uno que no había dado pie con bola y acompañaba al papá en la tienda, pero al final era juicioso, y todos querían ayudarle, un matrimonio fracasado, afortunadamente sin hijos, vivía en un apartamento, en la tienda. Y Gloria estaba terminado bachillerato, pero permanecía todo el tiempo libre en el taller, era una hábil costurera, los otros tres estaban en secundaria y vivían con sus padres, en el amplio segundo piso.
Una tarde en el taller de modistería se escuchó un grito descomunal y la señora Mercedes cayó pesadamente al suelo. Infarto fulminante, se la llevaron para el hospital, nada que hacer, estaba muerta, un nutrido velorio, sentido cortejo fúnebre al cementerio, todos los hijos y los nietos presentes, mucha familia, toda la sociedad del pueblo y las rigurosas novenas. Antes de marcharse los hijos, don Gerardo los reunió y les expresó lo que fueron los últimos deseos de los esposos, como pareja.
Todo obedecía a una preparación minuciosa, con escrituras registradas solo faltaban las firmas de los beneficiarios. Los dos primeros pisos con la tienda y el taller se los entregamos a los cuatro segundos hijos, la tienda la sigue manejando el hijo menor de los primeros y el taller lo administra Gloria, quien será la tutora de los tres menores. Los otros dos pisos son para los primeros cuatro hijos y hoy pueden decidir quién los administra, hay otros dos jóvenes por fuera y a ellos les dejó, a cada uno una casa, que las tengo desde hace mucho y la administra la madre de cada uno. Para mi dejo una finquita que tengo en una vereda cercana, me voy para allá a vivir y Dios los bendiga. El notario del pueblo tiene todos los documentos, seguirá nuestras instrucciones al pie de la letra. Y se fue ante la mirada atónita de todos los hijos y nietos.
“Por mi parte yo le entrego todo a Gloria para que lo administre, dijo el mayor de los mayores, yo también, y yo también, que maneje todo Gloria”, ella es mayor de edad y lo puede hacer, fue el sentir de los cuatro hijos y que Gerardito siga administrando la tienda, nos vemos y que Dios los bendiga. Entonces Gloria se encontró en la sala del apartamento con su hermano mucho mayor que ella, tres hermanos menores una creciente fortuna, y la misión de criarlos y hacerlos responsables ante la vida.
Estamos invitados esta noche a una reunión en la casa de nuestra compañera Gloria, quien nunca tuvo tiempo para casarse, pero si para cumplir 70 años, mucho tiempo para estudiar y organizar a todos sus hermanos menores, sobrinos y nietos de sus hermanos mayores. Todos están vivos y quiere contarnos lo que sucedió después de esa tarde, cuando con la herencia que les dejó la mamá, le entregaron la paternidad y maternidad, a los 20 años, de sus hermanitos menores.
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